Monsiváis pasa revista al género epistolar

Con una prosa bien nutrida de análisis crítico, el cronista evoca fragmentos de las misivas.
Editado por Miguel Ángel Porrúa y el Conaculta.
Editado por Miguel Ángel Porrúa y el Conaculta. (Especial)

México

La epístola dentro de una sociedad fundamentada en comunicaciones mecanizadas puede fungir de guía para mostrarnos las encrucijadas de una épica mexicana ignorada. Con una prosa bien nutrida de análisis crítico, Carlos Monsiváis evoca breves fragmentos y notas de otros tiempos que siguen sin enfatizarse con la importancia merecida: rebeliones indígenas, confrontaciones religiosas y movimientos políticos. 

El género epistolar  (M.A.Porrúa/Conaculta, 2014) es el recuento de un paulatino acontecer entrañable. Como cronista y ensayista, Carlos Monsiváis enmarca horizontes sociales. En esta antología, el autor frecuenta los lugares decisivos del pensamiento de aquellos que utilizaron la misiva como elemento ritual, conformados con la belleza del lenguaje. La radical individualidad que encierra la correspondencia, lanzada en temerarios desafíos, llevó al tránsito de una era a otra, donde muchas disyuntivas personales se traducen en prácticas inquietantes en torno al individualismo.

Como habitantes de un país en el que particularmente se anatematizan doctrinas sin tratar de penetrar en sus sentidos literales, recuperar la epístola —que, si bien necesita de elementos metafóricos, está erguida sobre una base lingüísticamente sólida— significaría reaprender de la mano del idioma público otro dialecto. En su Siglo de Oro llegó a ser por antonomasia un género de multitudes, arrebatado por la falsa superioridad de“industrias” que no pretenden promover ningún diálogo formativo; sin embargo, aún hay personas que no se someten a ella. Queda gente que encuentra —como Monsiváis encontró— insoportable cualquier tipo de servidumbre y que no pierden la fe prolongada durante años en que la correspondencia es una tarea fundamental.

La razón discursiva acompaña más próximamente a la vista que al tacto; por la preponderancia sentimental en ella, fue la epístola el recaudo del acervo psíquico de generaciones que practicaron la  elegancia verbal. El género epistolar es un recinto de atmósferas y léxicos que deberíamos recuperar, erguirlo  nuevamente en lingüísticas de antaño, por donde transitaron tantos y tanto.