Monsi, Gabo y JEP, tres esencias presentes

Con la lectura de sus obras, la música que inspiraron, un video-poema y varias películas en las que participaron, los escritores fueron evocados ayer.
La imagen del cronista junto a su estatua viviente.
La imagen del cronista junto a su estatua viviente. (Octavio Hoyos)

México

En la terraza del Museo del Estanquillo se reunió una parte fundamental de las letras en lengua española; no estaban de cuerpo presente, pero su obra deambuló por el recinto como una manera de recordarlos: dos de ellos fallecieron el presente año, Gabriel García Márquez y José Emilio Pacheco, mientras que de Carlos Monsiváis se conmemoraba su cuarto aniversario luctuoso.

Si dicen que la mejor manera de rendir homenaje a un escritor es con la lectura de su obra, los organizadores del acto de evocación en el recinto lo buscaron de diferentes formas, pues la palabra de los tres circuló entre las lecturas en voz alta, el taller de cuento urbano, el video-poema y la lectura interdisciplinaria, actividades que conformaron el programa Tres esencias viajeras.

El pretexto fue el cuarto aniversario luctuoso de Monsiváis, que se conmemora el próximo 19 de junio, la mejor oportunidad para reconocer sus aportaciones a la cultura mexicana, destacó en el acto Ricardo Cayuela, director general de Publicaciones del Conaculta.

“No acabaremos en muchos años de valorar su aportación a la cultura mexicana, la forma en que se rió de nuestro sistema político, el introducir el humor y la ironía en un régimen tan cerrado y monolítico, sobre todo en los sesenta y los setenta; la capacidad para mezclar
la cultura popular con la alta cultura, lexicalizar los temas de la cultura popular que en su momento fueron aportaciones de Monsiváis. Estamos ante un grande de nuestra cultura”.

Desde su perspectiva, no se ha hecho un trabajo justo de recopilación de su obra escrita, no existen los equipos de investigadores necesarios para juntar todo lo que el cronista hizo en cientos de publicaciones, tanto del país como de otras partes del mundo, lo que nos permitiría conocer “los increíbles alcances de su presencia”.

“Hay momentos en la cultura en que no se sabe por qué se conjugan muchas energías y hay un cambio de paradigma: eso sucedió en México en los sesenta, con un grupo prodigioso de creadores, siendo Pacheco y Monsiváis dos protagonistas de esa transformación.

“La literatura solo sucede si alguien abre un libro y lo lee; el creador necesita esa complicidad. Los libros solo existen cuando alguien los abre y lo hace posible, y eso es lo que quisimos hacer con los tres autores, que siempre estén vivos porque encuentran a sus lectores adecuados”, a decir de Cayuela Gally.

Mirada múltiple

Sentadas en primera fila se encontraban las primas de Carlos Monsiváis, Araceli y Beatriz Sánchez Monsiváis, quienes no perdían detalle de la lectura que hacían integrantes del programa Salas de Lectura, lo mismo provenientes de Tláhuac que de Querétaro: pequeños, jóvenes, adultos, que con un libro en la mano o solo con una hoja recordaban fragmentos de El coronel no tiene quien le escriba, de Las batallas en el desierto o de Días de guardar.

Si bien hubo una ceremonia oficial en el homenaje, el protagonismo se dejó en esos lectores y hasta en un artista urbano que recorrió diversos espacios del Museo del Estanquillo personificado como Carlos Monsiváis: una estatua viviente a la que los visitantes se acercaban para tomarse una fotografía.

En la ceremonia de inauguración, el secretario de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, Eduardo Vázquez Martín, dedicó sus palabras al Museo del Estanquillo, al que definió como un recinto ejemplar, porque se trata de un espacio hecho de una enorme modestia: “Aquí no hay un gasto oneroso, no se ven grandes vestíbulos con enormes pantallas: es la obra de una curiosidad extraordinaria”, como fue la de Monsiváis.

Fueron casi 12 horas de actividades en el recinto para recordar a los tres personajes: se hizo a través de sus libros, porque incluso la música del grupo Difusión Eléctrica estaba basada en la obra de García Márquez, Pacheco y Monsiváis, y ya no se diga el video-poema preparado por Rocío Cerón y la lectura interdisciplinaria que se hizo de la obra de los tres.

Una noche que terminó con la presentación del libro La princesa Selenita, de Rafael Barajas El Fisgón, dedicado a quien compartió la amistad de los tres escritores: Elena Poniatowska.

El cine, pasión compartida

Cuando se planteó el homenaje Tres esencias viajeras, dedicado a recordar a José Emilio Pacheco, Gabriel García Márquez y Carlos Monsiváis, se habló de la amistad que los había unido en vida, incluso de los proyectos en los que participaron de manera conjunta, pero también de una pasión que los unía: el cine.

La Cineteca Nacional se unió a las actividades con la proyección de las películas En este pueblo no hay ladrones, dirigida por Alberto Isaac, basada en un cuento de García Márquez y con una participación actoral de Monsiváis; El castillo de la pureza, de Arturo Ripstein, con guión de José Emilio Pacheco, y Presagio, de Luis Alcoriza, con guión de García Márquez.

“La película era famosa”, evocó Alejandro Pelayo, director de la Cineteca, “porque en los carteles decía: José Luis Cuevas, Carlos Monsiváis, Juan Rulfo en En este pueblo no hay ladrones, lo que la convirtió en una especie de película-nostalgia de ese grupo de los años sesenta, cuando inicia su relación con el cine debido al concurso de cine experimental. En todos ellos había una conexión muy grande”.