'Mindfulness', camino a la felicidad plena

La técnica de meditación, ajena a religiones, se usa para obtener mejores resultados en el trabajo, reactivar el deseo sexual o combatir la ansiedad.
El periodista y el instructor.
El periodista y el instructor. (Sergio Enríquez/El Mundo)

Mindfulness es una de las experiencias de meditación que, en un mundo tan agitado como en el que vivimos, ha penetrado en el mercado del bienestar —en los aspectos físico, mental y espiritual— y que por ello se usa para casi todo: desde rendir más en el trabajo, reactivar el deseo sexual, darle un portazo a la ansiedad, hasta ser más feliz. Así lo relata Juan Fornieles, reportero de EL MUNDO, quien se sometió a un estudio científico para, mediante mediciones tanto de su pulso como de su actividad cerebral, dar testimonio del proceso.

En su reportaje, publicado en el diario español, Fornieles explica que el término mindfulness nació en Boston y se traduce como "atención plena". Se trata de un método para acabar con el estrés a través de la meditación sin tintes religiosos, a pesar de beber de la sabiduría y práctica budista. Así lo diseñó su fundador, el profesor de Medicina Jon Kabat-Zinn, y así se imparte en todo el mundo.

Ante la incógnita de si esta técnica cumple su cometido y realmente funciona, el periodista se sometió a un protocolo, en el cual puso bajo la lupa de la ciencia el funcionamiento de la meditación. Así fueron observadas las funciones del cerebro y cómo se van desactivando conforme se profundiza en dicho ejercicio.

Relata el periodista: "Primero aprendí la ciencia de la atención plena en un centro acreditado. De la mano de Nirakara Mindfulness Institute, volví a verme dentro de un aula de la Universidad Complutense (Madrid)... En Somosaguas disfruté de un programa de ochos semanas impulsado por Agustín Moñivas —pionero en introducir la meditación en la universidad—. A través de un trabajo en grupo y de muchos deberes en casa, crecí como meditador aprendiendo a concentrarme en la respiración y la mente, apartando los juicios de valor e impertinencias que nos amargan la vida (...) Muchos de mis compañeros se vieron en armonía con sus hijos adolescentes y sus jefes, dulcificaron su relación con los suegros y terminaron por aceptar un presente mucho más feliz de lo que dice nuestra mente".

Nirakara, además de ser una escuela, es un centro de investigación asociado al Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Computacional de la Politécnica de Madrid, que dirige Fernando Maestu, institución que le abrió la puerta para realizar dicha práctica. De esa manera Fornieles logró saber qué sucede en su cerebro cuando se sumerge en la meditación.

Este ejercicio de investigación lo dirigió Nazareth Castellanos, doctora en Medicina y licenciada en Física. Antes de formar parte del equipo investigador de Nirakara, ella estuvo en el prestigioso Instituto Max Planck, de Alemania, y en la Universidad de Utah, EU.

APACIGUAMIENTO

"Para romper el hielo cierro los ojos y dispongo las manos como si fuera un yogui. Comienzo a inhalar y exhalar, recuperando una técnica muy sencilla: capturando la mente agitada. Cuento del uno al siete lentamente, luego del 1 al 14, del 1 al 21 (...) Siempre en múltiplos de siete y manteniendo una respiración profunda (...) Funciona, aunque me cuesta entrar en materia. Los pensamientos van y vienen, pero me amigo con ellos y los dejo ir", cuenta el reportero.

Continúa el periodista: "El objetivo inicial era medir mis campos magnéticos cerebrales a través de un sofisticadísimo magnetoencefalógrafo, y estudiar mi pulso y mis movimientos por pequeños que fueran.

"El experimento estaría dividido en cuatro fases: primera, analizar mi cuerpo y mi mente en modo descanso, o fase basal. Segunda, estudiarme mientras medito por mi cuenta y riesgo. Tercera, introducir en el experimento al profesor de mindfulness Gustavo G. Diex para que me guiara durante una práctica. Cuarta y última: Gustavo seguiría mi respiración y meditaríamos cada uno por nuestra cuenta, aparentemente unidos solo por las inhalaciones".

Los instantes de meditación y concentración trajeron el apaciguamiento de la mente y los sentidos, lo cual se reflejó en el magnetoencefalógrafo: los registros de los científicos evidenciaron que la actividad mental se fue reduciendo hasta casi apagarse, mientras que las pulsaciones por minuto lograron estabilizarse.

"En el tramo final Gustavo y yo meditamos al unísono, sin instrucciones ni contacto visual. El único esfuerzo es que él se adaptó a mi compás respiratorio". En una gráfica se aprecia cómo las pulsaciones de su corazón y el de su instructor se acompasan, lo cual le resulta una sorpresa misteriosa.

"De algún modo, esta sincronía de las dinámicas cardiacas muestra que nuestros cuerpos y mentes acaban dialogando sin contacto visual ni instrucciones. Sin duda, otro de los grandes beneficios del mindfulness", concluyó Fornieles.





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