Saúl Rosales comparte su desencanto

En el marco del Festival de la Palabra, Enriqueta Ochoa, este jueves leyó poemas de reciente autoría en la Galería del Teatro Isauro Martínez.
Saúl Rosales lee algunos de sus más recientes poemas en la galería del Teatro Isauro Martínez.
Saúl Rosales lee algunos de sus más recientes poemas en la galería del Teatro Isauro Martínez. (Miguel Gonzálesz)

Torreón, Coahuila

Uno de los escritores más queridos en La Laguna es Saúl Rosales Carrillo. En el marco del Festival de la Palabra Enriqueta Ochoa, este jueves leyó poemas de reciente autoría en la Galería del Teatro Isauro Martínez.

Quizás esté de mas hablar de sus quehaceres. Ha sido docente de generaciones de estudiantes, poeta, narrador, periodista. También es un lagunero de corazón que forma parte de la Real Academia de La Lengua.

"Uno de mis grandes desencantos en la vida, es no ser un gran escritor".

"No creo mucho en lo que hago. La mayoría de las cosas que hago en la vida las hago con desencanto. Creo que es absurdo vivir y uno de los sentidos que encontré fue la lectura y eso me ayuda a fugarme de la incomodidad que tenía", comentó.

A la par, señaló antes de comenzar la lectura, una consecuencia de leer mucho es escribir. Ahí se dijo que pobres lectores, pobres editores, y ni modo. Consigo traía poemas que sacó del disco duro de su computadora, escritos en cada ocasión que ese desencanto de la vida le deja espacio y tiempo.

"Son cuartillas y versos de lo que hago. De lo que para mi es la poesía, es una expresión de mi condición humana. Y uno de mis grandes desencantos en la vida, es no ser un gran escritor", dijo mientras sus palabras eran acompañadas por el ruido del pito del camotero que iba pasando por la Galeana.

Leyó "Yo a la Verdolaga", "Hamletiana de Agosto", "La otra Libertad". "Sofocación Insaciable", de la cual dijo que tenía un nombre muy sangrón, y que tal vez lo cambie o tal vez así termine por dejarlo

Estos textos hablan de lo cotidiano, y también de sus viajes frecuentes a Guadalajara, que son una especie de pregrinación que realiza frecuentemente a la tierra de Agustín Yáñez, a donde en una vuelta, se metió por que estaba abierto y pensó que habían puesto una cafetería o bar, pero era una boda.

Sobre Yáñez, destacó que hay muchas palabras de sonido rural y de principios del siglo XX que ya están casi perdidas, pero que llegó a escuchar en las voces de algunos de sus alumnos de comunidades rurales.

"Aparecen de repente en lo cotidiano y para mi son tintineos de plata por la presencia sonora de mi madre en mi cabeza", por que ella usaba ese tipo de palabras. El maestro también leyó entre otros textos y en medio de un cordial diálogo con los presentes, "Preguntas del Embozado" y "Hospedaje para la Tristeza".

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LMG