REPORTAJE | POR CECILIA ROJAS

Deshilado lagunero, herencia mora e ibérica en Rodeo

Catalina Villa mantiene esta tradición y arte

Con ojo experto, determina donde va a comenzar a sacar un hilo, y otro, y otro, para de esta manera comenzar a elaborar una primorosa servilleta con el arte antiguo del deshilado.

Catalina Villa con los hilos hace magia.
Catalina Villa con los hilos hace magia. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

La señora Catalina Villa toma con sus manos un cuadro de tela. Con ojo experto, determina donde va a comenzar a sacar un hilo, y otro, y otro, para de esta manera comenzar a elaborar una primorosa servilleta con el arte antiguo del deshilado.

Esta fue una labor de "mujeres". Llegó a México con la conquista española. Pero previamente, España había sido conquistada por los moros y los motivos de este arte textil, rememoran bastante las geometrías que los árabes desplegaron una vastedad de artes.

En México la tradición pervive en Aguascalientes, donde son famosos estos trabajos. Pero en el norte es poco común. Catalina es originaria de Santa Isabel, municipio de Rodeo, Durango.

"Esto es muy caro, muy valioso. Más bien no tiene valor. No puede uno decir esto cuesta tanto. La gente que conoce lo valúa muy bien".

"Es como sacar oro de entre la tierra. Estos son tesoros que valen mucho. Algunos de los artículos que traigo si la gente los quiere comprar, los vendo, pero a la gente como que se les hace caro", platica.

Vivaz y alegre, Catalina aprendió a hacer estas piezas cuando tenía ocho años. Fue su mamá Otilia Pérez Rocha, quien la introdujo en esto que no sólo es un arte, sino una pasión para doña Cata.

Comenta que su mamá era una artesana que elaboraba en deshilado, vestidos de novia, ropones de bautizo y en otros materiales, coronas de azar para los novios. El amor de Catalina por el deshilado, lo fomentó también un profesor de primaria que la impulsó a seguir con esto.

Otro sueño es que tal vez un día, cuando ella ya no esté viva, alguien en algún lugar diga que su trabajo de deshilado, se lo enseñó a hacer doña Catalina Villa.

"Hay un cuadro de mis piezas en el Museo de las Culturas Populares. Para mí es muy importante rescatar esa raíz de nuestros antepasados porque es un tesoro muy grande. Me gustaría dar talleres a la juventud, para que despierten en lo bueno", dice.

Hacer estas labores es casi adictivo. Los perfeccionistas querrán siempre que su trabajo quede bien. Y esto puede estar mejor que andar ahí metidos en el Facebook, o vaya usted a saber en que cosa, así que uno de los sueños de doña Cata, es que el gobierno la apoye para dar un taller y que la tradición no se pierda.

"Esto es muy caro, muy valioso. Más bien no tiene valor. No puede uno decir esto cuesta tanto. La gente que conoce lo valúa muy bien", dice.

Considera Catalina que se va olvidando este tipo de tradición que a ella la llena de orgullo.

"Es como sacar oro de entre la tierra. Estos son tesoros que valen mucho. Algunos de los artículos que traigo si la gente los quiere comprar, los vendo, pero a la gente como que se les hace caro".

Hace manteles, caminos de comedor, blusas, albas de sacerdote, cotas de seminaristas, cuadros enmarcados, entre otras bellezas en textil, que se consideran artesanías pero que desde sus manos puede considerarse a otro nivel, el del arte.

Para el deshilado usa dos tipos de tela, el lino Panamá y el tergal catalano. Las puntadas del deshilado tienen unos nombres muy bonitos: el más padre es el "hazme si puedes y si no que me hagan las mujeres", el más intrincado, junto con el "endiablado".

Hay diseños de flores como los "pensamientos", "natalys", "amapolas". También "españolas", "los jesuses", "aguja volteada" y otras más de muy difícil confección, pero que desde las manos de Catalina, florecen en una tradición de cientos de años.

En Rodeo, se le puede encontrar en la florería que está a un lado de la central de los camiones Corsarios. Cada una de las piezas que ella elabora, es una gala de la magnífica mezcla de costumbres, razas y tradiciones que la historia de la humanidad nos ha legado.



dcr