Raquel Tibol y la fridomanía

Guía visual.
Raquel Tibol, nacida en Argentina, llegó a México invitada por Diego Rivera.
Raquel Tibol, nacida en Argentina, llegó a México invitada por Diego Rivera. (Especial)

Ciudad de México

Raquel Tibol, la gran y polémica crítica de arte que marcó el siglo XX mexicano, murió el 22 de febrero a los 91 años. Argentina de nacimiento, llegó a México en 1953, invitada por Diego Rivera para organizar un congreso nacional de cultura que nunca se hizo a causa del macarthismo. Aquí se citan fragmentos de una conversación que Tibol sostuvo con esta cronista (19 de julio de 2004). Descanse en paz.

 

Frida Kahlo dijo detestar el esnobismo de André Breton y los surrealistas. Me pregunto qué diría ahora de la “fridomanía”.

Frida muere en 1954 y casi podríamos datar cuándo comienza este fenómeno. Hacia 1974 las chicanas empiezan a hacer aretes con su imagen; mientras, los serígrafos chicanos hacen fotografías, pinturas y variaciones serigráficas inspirados por Warhol. En Estados Unidos el asunto corre, están las mujeres con su feminismo, las lesbianas con la bisexualidad de Frida, aunque por los años setenta ese tema casi no existía. Inclusive yo me negué a tratarlo, pese a que mi salida de Coyoacán se debió a una incitación de Frida, no respondida por mí. Luego, la “fridomanía” de las chicanas salta a las feministas. Hayden Herrera, semiligada al movimiento, hace su tesis de doctorado Frida. Una biografía de Frida Kahlo. El libro se convierte en un best seller internacional por muchos elementos de tremendismo amatorio, de una vida insólita diferente a la de George Sand, a la de otras figuras que no eran polivalentes como Frida. Después de la Guerra Fría, en los años setenta y ochenta, hay grandes heridas sociales y todos esos elementos de sufrimiento, de laceración —relatados de manera muy sobresaliente por Herrera— han sido un factor decisivo en la “fridomanía”. El primer libro que circuló en Europa en 1980 lo escribí en 1977, Frida Kahlo, crónicas, testimonios y aproximaciones, editado por la Verlac Neue Kritike de Frankfurt. El de Herrera aparece en 1983 y también se presenta la exposición Frida–Tina Modotti, primero en Londres y después en Berlín. Creo que mi libro fue un elemento de provocación —a la editora de la Verlac Neue Kritike le encargaron los dos catálogos, del inglés y del alemán—. De la TV alemana vinieron a entrevistarme en 1981 para la exposición en Berlín, y fue cuando di a conocer la verdadera edad de Frida. Hasta Diego decía: “¿Cuándo nació Frida? Pues en el 10”.

 

¿Fue una coquetería de Frida quitarse la edad?

No sé bien a bien. Hacen el cuento de que quiso nacer en 1910 por el año de la Revolución. Ni Frida era tan buena, ni amaba tanto la Revolución mexicana. En sus escritos  toma distancia respecto de ciertos asuntos públicos. En la carta a Alemán describe ciertas situaciones sociales de México, de modo que yo pensé que se quitaba la edad frente a Alejandro Gómez Arias, su primer novio. Como ella siempre le dice “Quiero que me lleves en la bolsa”, entonces quizás era hacerse como más aniñada, lo cual más que coquetería era una picardía amatoria, como si él fuera un picaflor que le estuviera metiendo el piquito.

 

¿Qué tanto ha traicionado a Frida esta “fridomanía”?

Más que nada, la ha traicionado la película con Salma Hayek (2002). Es ofensivamente mala y agrede la memoria de la época. Es imperdonable el tango entre Tina Modotti y Frida, con Tina vestida de gran lujito cuando ya sabía que iba a ser expulsada de México. Vivía al día y sabía lo que iba a enfrentar como antifascista militante expulsada de Holanda, de Alemania... La primera película es de la cineasta Marcela Fernández Violante, un documentalito de siete minutos (1971). Es lo mejor que se ha hecho de Frida, ya no digamos el filme de Paul Leduc (1983).

 

¿Por qué Madonna se interesa en representar a Frida?

Es una mujer con ambiciones intelectuales, conciencia política y largos éxitos. Scorsese es el único que podría dirigir una película sobre Frida sin traicionar su imagen. ¿Recuerda usted Historias de Nueva York, cuando la modelo–amante está en el tapanco y el pintor vuelca toda su excitación sexual en la acción de pintar? Eso lo hace solo quien sabe cuánto sustrato hay de erotismo, de incitación sexual, en la pintura. Scorsese no filmaría besitos con Gómez Arias, no esas tonterías muy tontas.