El infierno de Joly

Semáforo.
El autor de 'Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu'.
El autor de 'Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu'.

Durante décadas, el priismo y sus secuaces parecían discípulos del Maquiavelo que aparece en el Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, de Maurice Joly: “Vislumbro la posibilidad de neutralizar a la prensa con la prensa misma. Puesto que el periodismo es tan poderoso, ¿sabéis qué hará mi gobierno? Se hará periodista, será la encarnación del periodismo... Mi prensa tendrá cien brazos y dichos brazos se darán la mano con todos los matices de la opinión, cualquiera que sea, sobre la superficie entera del país. Se pertenecerá a mi partido sin saberlo. Quienes crean hablar su lengua hablarán la mía, quienes crean agitar su propio partido, agitarán el mío, quienes crean marchar bajo su propia bandera, marcharán bajo la mía”.

Se les cayó el teatro. El gobierno puede insistir en “verdades históricas” o en que los tiroteos entre los barbajanes de la CNTE y la policía fueron iniciados por “infiltrados”. El estado periodista y su maquiavelismo, se avejentó y se llenó de achaques.

En el Diálogo de Joly, mientras Montesquieu es un hombre del pasado, Maquiavelo es “del presente y, tal vez, del futuro”, como dijo Ginzburg, pero las cosas dieron vuelta: aquel Maquiavelo tenía como futuro al estado y los gobiernos salidos de la modernidad, donde la representación política (diputados, senadores, etc.) y los oficios de informar (periodistas, intelectuales) eran sujetos profesionalizados y empleados del sistema, privado o público. El vuelco histórico se dio con que cualquier vecino convierte su teléfono en fuente de información. Las redes sociales están cundidas por los prejuicios más idiotas, pero también por información real. Desventaja: la baja calidad de las fuentes, su caos interpretativo, su “amateurismo”. Ventaja: información real, aunque sea confusa; confiabilidad, aunque aparezca tocada por rabias y perplejidades. Resultado: el Maquiavelo de Joly, que parecía contemporáneo, envejeció en un instante. De golpe, toda la inversión para construir un “gobierno periodista”, que produjera y controlara la propia “oposición” se vuelve inútil. Sigue operando, pero resulta cada vez más contraproducente. Se quedaron sin salida: ni “verdad histórica” en Iguala, ni “infiltrados” en el tiroteo de Nochixtlán.

Falta todavía la otra parte de la putrefacción que Joly presenta con su Maquiavelo: “Uno de mis grandes principios es el de contraponer a los semejantes. Así como combato la prensa con la misma prensa, combatiré la tribuna con la tribuna... ¿Acaso necesitaré recurrir a los artificios de la estrategia parlamentaria? De cada veinte miembros de la Cámara, diecinueve serán míos, y votarán de acuerdo con mi consigna; mientras tanto, yo mismo moveré los hilos de una oposición ficticia y clandestinamente sobornada; después de esto, que vengan a pronunciar elocuentes discursos: entrarán por los oídos de mis diputados como entra el viento por el ojo de una cerradura”.

Eso era el PRI; ahora, los senadores que con la “Ley 3 de 3” votaron para proteger su impunidad y castigar la osadía ciudadana, muestran que el gobierno soñado por el Maquiavelo de Joly ya no es el poderoso que controla todo, sino un cártel asustado, mentiroso y vengativo.