Mijares Bracho reconoce la labor de los albañiles

Su estilo, caracterizado por el uso del ladrillo como expresión estética, fue reconocido ayer con la Medalla Bellas Artes.
El galardonado, izquierda, con Fernando González Gortázar.
El galardonado, izquierda, con Fernando González Gortázar. (Javier García)

México

Reconocido por la utilización del ladrillo como forma de expresión estética y arquitectónica, el arquitecto Carlos Mijares Bracho (México, 1930) fue galardonado ayer con la Medalla Bellas Artes en el máximo recinto cultural de México.

Con alrededor de seis décadas de trayectoria y casi medio centenar de obras arquitectónicas, Mijares Bracho, de 83 años, recibió la presea de manos de María Cristina García Cepeda, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Ante un nutrido auditorio que llenó la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, el arquitecto cuya apuesta se ha centrado en las obras de carácter religioso y artesanales, agradeció esta muestra de cariño y la extendió a quienes han hecho posible sus propuestas arquitectónicas: “creo que quienes han trabajo conmigo merecen también una parte de este premio”.

Profundamente emocionado y conmovido reconoció que siempre ha intentando hacer poesía de la arquitectura. “No sé si lo he logrado. Lo que sí puedo decir en un sentido estricto, es que las obras no las he hecho yo, las hacen otros que generalmente son olvidados, para los que no hay acceso a los libros, el prestigio, el reconocimiento académico, que son los intérpretes de la arquitectura realmente, ellos son: los albañiles, a los oficiales y todos aquellos que hacen realmente la arquitectura.

“¿Cuándo un albañil puede decir con orgullo: mira esto lo hice yo? Cuando eso sucede hay un resultado maravilloso para uno mismo como arquitecto, porque ese orgullo provoca que su trabajo y la calidad de lo que hace sea mayor.”

En la ceremonia aclaró que la arquitectura es una manifestación compleja, intrigante y maravillosa, que se hace con intérpretes, con los usuarios y con quienes la viven. “Uno a veces piensa y no deja de ser por lo menos divertido: ¿qué le pasará a la obra arquitectónica que estoy haciendo ahora cuándo se haga ruina? ¿Tendrá algún interés con el paso del tiempo?”, expresó en forma de broma, el arquitecto quien a veces se asume como profeta.

Mijares Bracho es el arquitecto de la Christ Church, de Lomas de Chapultepec; la Parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Ciudad Hidalgo, y de la Capilla del Panteón de Jungapeo, Michoacán.

 

Espíritu generoso

 

María Cristina García Cepeda expresó que Carlos Mijares Bracho. “cuenta con una de las trayectorias que más se ha distinguido dentro de la dimensión estética de la arquitectura. Es un hombre generoso, de quien admiramos el talento, la pasión y la sensibilidad artística con lo que ha creado una obra destacada, que recuerda el pasado, tiene la mira en el presente y vislumbra el porvenir”.

Destacó que varias generaciones de arquitectos de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad Iberoamericana le agradecen a Mijares Bracho su energía, su pensamiento y su enseñanza. “Rendimos homenaje ante todo, a un artista que ha construido espacios que transforman armoniosamente nuestro entorno, al autor de espacios y volúmenes concebidos como obras de arte”.

El egresado de la entonces Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM, quien se incorporó a la vida académica en 1954, fue definido por su amigo, el arquitecto Fernando González Gortázar, como un genio con una luz intensa, como un creador que está al margen de toda corriente, de todo grupo de poder o de amiguismos.

Este galardón, dijo González Gortázar, “es un acto de estricta justicia para un personaje sin el cual México y nosotros no seríamos los mismos”.