Miguel Tamayo, escenógrafo

Miguel Tamayo inició su carrera teatral con Enrique Alonso "Cachirulo" en 1945 y también fue diseñador de Emilio "El Indio" Fernández para algunas de sus películas
Miguel Tamayo.
Miguel Tamayo. (Especial)

México

Don Miguel Tamayo murió en Culiacán, Sinaloa, el pasado 17 de febrero a la edad de 90 años. Hizo de su vida un papalote y lo voló donde quiso. Fue escenógrafo de tres generaciones de teatristas al tiempo que testigo de cómo su estado se convertía en territorio narco, sobre todo a partir del gobierno del tristemente célebre gobernador Antonio Toledo Corro, a quien apodaban El Tigre. Fue colaborador y amigo de Oscar Liera, a quien acompañó en sus batallas, como cuando la hija de Toledo asistió a ver La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, al teatro del IMSS de Culiacán, y salió convencida de que esa obra se había escrito “especialmente” para atacar a su papá. Resistieron los embates de la censura cuando cortaron el suministro de energía eléctrica del teatro y se mofaban de cómo el gobernador había convertido a su cría en “culta por decreto” al nombrarla encargada de la cultura en el estado.

Esto, que hoy suena chusco, ocurrió a mediados de los años ochenta del siglo XX y no era chistoso para nada, porque era el principio de la matazón generada por el narco, sí, pero también por los agentes del gobierno estatal. No le decían a Toledo Corro El Tigre por la belleza del animal sino por lo sanguinario.

Miguel Tamayo inició su carrera teatral con Enrique Alonso Cachirulo en 1945 y también fue diseñador de Emilio El Indio Fernández para algunas de sus películas. Regresó a su Culiacán querido en los sesenta y se incorporó a la Universidad Autónoma de Sinaloa como maestro de dibujo y posteriormente como escenógrafo y productor en obras dirigidas por Socorro Astol, Inés Arredondo, Carmen Beatriz Peraza, Marta Luna, Rodolfo Arriaga y el propio Liera. Y de la mano de este último fue fundador del Taller de Teatro Universitario (Tatuas) que desde entonces se significó como una de las agrupaciones más sólidas del teatro nacional. En particular, el énfasis que Tatuas puso en la conformación de un teatro que hablara de su región se volvió carne de escenario a partir de obras como El jinete de la divina providencia, Los caminos solos, Camino Rojo a Sabaiba y El oro de la Revolución Mexicana. Y con la premisa de “pinta tu aldea y pintarás el mundo” es que se internacionalizó esta agrupación.

Miguel fue también un destacado museógrafo, defensor del patrimonio artístico y parte imprescindible de la vida cultural sinaloense. Con su muerte suman dos las bajas recientes del Tatuas: el 10 de diciembre pasado, Rosa María Peraza, poeta, actriz y promotora cultural, también hacía mutis. Descanse en paz Miguel Tamayo.