Michael Kumpfmüller recrea el último año de Kafka

En 'La grandeza de la vida', que acaba de publicarse en español, el autor alemán presenta un Kafka inédito, con lo que pretende rectificar su imagen.  

México

Franz Kafka (1883-1924) estaba a punto de cumplir 41 años de edad cuando perdió la vida. El último podría ser catalogado como uno de los más difíciles de su existencia, pero al mismo tiempo protagonizó una historia de amor con Dora Diamant, a quien conoció en el verano de 1923, durante una estancia a orillas del Báltico.

Había llegado al lugar enfermo de tuberculosis, conocido como escritor solo por unos cuantos, y en unas cuantas semanas de estancia tomó decisiones impensadas en otro tiempo, como irse a vivir con esa mujer y compartirlo todo con ella: “En un Berlín inmerso en la hiperinflación de la República de Weimar, se atreve a disfrutar de una vida en común con Dora”.

La historia es recreada por Michael Kumpfmüller en la novela La grandeza de la vida (Tusquets Editores, 2015), publicada apenas en español, si bien su versión alemana es de 2011. En esa obra se muestra a un Kafka inédito, y “sí, supone una rectificación de su imagen”, confesó el escritor alemán al suplemento español El cultural.

“Ambos tuvieron problemas con la poderosa figura del padre, del que habían huido. En Kafka influyó además la circunstancia de que Dora residiese en Berlín, adonde él quería ir desde hacía tiempo. Vinculaba Berlín al sueño de llevar una vida de escritor independiente. Asimismo hay que tener en cuenta el origen hasídico de Dora. ¿Cómo, si no, habrían soñado los dos con vivir juntos en Palestina? Pero, antes que nada, incentiva la mutua atracción el hecho de que estaban dispuestos a convivir sin imponerse condiciones”, le comentó el autor a Fernando Aramburu en dicha entrevista.

Entre 1913 y 1917, Kafka sostuvo una relación con Felice Bauer, que dio origen a una correspondencia de más de 500 cartas y tarjetas postales, aunque la relación nunca se pudo consolidar por los deseos de llevar una vida burguesa de Felice, caso contrario al de Julie Wohryzek, con quien se comprometió en matrimonio, pero su condición social hizo que el padre de Kafka no la aceptara.

Su legado

Debido a esas dificultades de Kafka para consolidar una relación es que llaman la atención sus experiencias en su último año de vida, cuando ya no importó ni el recelo de sus padres, ni las mudanzas y ni siquiera la crisis que se vivía en Alemania: Dora y Franz ya no se separarían.

El papel de Dora Diamant adquirió relevancia cuando intentó cumplir los deseos de Kafka, quien tras su muerte pidió a su amigo y albacea, Max Brod, que destruyera todos sus manuscritos: guardó en secreto la mayoría de sus últimos escritos, entre ellos 20 cuadernos y 35 cartas, hasta que la Gestapo los confiscó en 1933.

Kafka solo publicó algunas historias cortas durante toda su vida, por lo que su obra pasó prácticamente inadvertida hasta después de su muerte, porque Brod no respetó su voluntad y supervisó la publicación de la mayor parte de los escritos que obraban en su poder.

Ese último año, feliz desde diferentes perspectivas para Franz Kafka, es el que recrea Michael Kumpfmüller en La grandeza de la vida —aparecido a unos días de que se cumpla el 91 aniversario de la partida del autor de La metamorfosis, fallecido el 3 de junio de 1924—, donde se combina la ficción con la realidad, más allá de que la correspondencia entre Kafka y Dora no se haya conservado.

Dora vivió en Alemania hasta 1936 y de ahí se fue a la Unión Soviética, donde estuvo tres años más. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial emigró a Inglaterra y allí murió a los 54 años de edad.

Michael Kumpfmüller (Múnich, 1961) tiene en su bibliografía títulos como Las huidas de Hampel, una controvertida novela sobre las dos Alemanias, a la que le siguieron Sed, inspirada en un crimen real, y Un mensaje a todos, galardonada con el Premio Alfred Döblin.

Lee aquí un fragmento del libro La grandeza de la vida