En México, cerca de 100 ferias del libro

Son punto de encuentro con el lector y plataforma de proyección para los autores y sus obras, destacan editores.
“Las ferias se han convertido en centros para conversar y vender, pero en particular formar un canon y dar a conocer autores”: Pérez Gay.
“Las ferias se han convertido en centros para conversar y vender, pero en particular formar un canon y dar a conocer autores”: Pérez Gay. (Jesús Quintanar)

México

El número de ferias del libro registrado en nuestro país es cercano a los 100, desde las internacionales hasta las delegacionales o de barrio, muchas de las cuales tienen más interés de promover un catálogo, pues en realidad la mayoría de las veces sólo alcanzan a recuperarse los gastos, no se obtienen ganancias.

Entre las más tradicionales se encuentran la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la del Palacio de Minería, la de Monterrey, la de Oaxaca, del Zócalo de la Ciudad de México o la de León, que ha tenido un crecimiento muy importante; pero a su lado están, por ejemplo, la de la delegación Benito Juárez, el Festival de la Lectura del Paseo de la Reforma, la de Chapingo o la del Libro Antiguo y Educación.

Sin embargo, cuenta la directora comercial de Urano Ediciones, Abigail Garrido, la utilidad que dejan las ferias puede llegar a ser muy buena porque es dinero en efectivo, sin descuento, casi una utilidad pura, porque el pago no es días de crédito, el dinero entra directo; pero a una feria se le imputan todos los gastos que se generan y es dinero que se pone en juego si no funciona.

“Hay ferias a las que se les pone dinero de más (es decir, se invierte más de lo que se gana) pero en las que hay que estar por razones de exhibición, de contacto con el público, de relaciones, de proyección. Por ejemplo, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara se invierte muchísimo dinero, y ciertamente no siempre se recupera, pero la ganancia es indirecta, porque la plataforma de exhibición que te da la FIL ninguna feria te la da”.

Rafael Pérez Gay, director de Ediciones Cal y Arena, se muestra convencido de que las ferias del libro se han convertido, en especial en los últimos años, en el lugar de reunión de editores, escritores y lectores, lo que produce la visibilidad y, en algunos casos, las ventas de los libros.

“Me da la impresión de que en un país donde se lee poco, donde el mercado del libro es tan endeble, las ferias se han convertido en centros para conversar, discutir y vender, pero en particular formar un canon y dar a conocer autores. Si vas a todas las ferias y las atiendes bien, se vuelve un foco de ventas, no en balde todas las editoriales se gastan presupuesto para estar presentes.”

 Utilidad pura

Samuel Cortés, responsable de ferias del grupo Santillana, en la participación en una feria hay responsabilidades que no siempre son tomadas en cuenta: no se trata sólo de tener libros, sino primero se hace un inventario, se preparan los equipos de cómputo, se capacita a los empleados, se ponen precios y todo eso cuesta dinero.

“También es cierto que reactiva a la industria, porque hay libros que se encuentran en la bodega y que llegan al lector: sin importar si es en Yucatán o en Baja California, muchas veces es la única manera de que llegan las publicaciones.”

Uno de los aspectos resaltados por Abigail Garrido es que la utilidad que dejan las ferias es importante tan sólo porque es dinero en efectivo, sin descuento, “una utilidad pura, porque el pago no es días de crédito, el dinero entra así; pero a una feria se le imputan todos los gastos que se generan y es dinero que se pone en juego, si la feria no funciona”.

Desde la perspectiva de Guillermo Quijas, director de Editorial Almadía y él mismo librero, lo más importante es que no sólo son un punto en el que se pueden fomentar el libro y la lectura, sino también un eje “de encuentro para muchas otras cosas: para que la familia se reúnan o para que escritores, editores y gestores puedan desarrollar proyectos a futuro”.

“Se trata más de un tema de promoción y presencia. Por ejemplo, en la FIL Guadalajara, si bien recuperamos los costos, es muy cara. No siempre las presentaciones están llenas, hay tantas actividades que muchas de ellas están con 10 personas, pero el hecho de estar ahí con los autores y el sello contribuyen a un currículo y aprendes cuál es la mejor forma de visitar Guadalajara, porque muchas cosas empiezan ahí y se concretan a lo largo del año.”

Otros espacios en los que sí se gana

Hay ferias en las que se gana dinero: las de saldo, como la del Auditorio Nacional, en la que quizá se gane menos dinero, pero el costo es menor, porque se lleva material de segundo mercado que ya está depreciado y la ganancia es más pura.

“Las ferias académicas tienen también su belleza: por ejemplo, la que organiza el Instituto Politécnico Nacional, es buena porque los maestros y administrativos pagan con vales que el Poli les obsequia para la compra de libros, y ya después el instituto nos paga a nosotros”, explica Abigail Garrido, directora Comercial de Urano.

Uno de los aspectos a los que menos atención se presta es a las pérdidas que tienen, pues llega a ser tal la cantidad de visitantes, que invariablemente desaparecen libros, lo que al final se refleja en los resultados que se pueden obtener con la presencia en dichos encuentros editoriales.