Mexicanos logran la primera reconstrucción de mandíbula

El paciente es un joven de Ciudad Juárez, quien por un defecto genético nació con la quijada fusionada al cráneo, lo que causó deformidades y discriminación.
Adrián Castro, flanqueado por los especialistas Laura Pacheco y Jorge Chaurand, muestra el prototipo.
Adrián Castro, flanqueado por los especialistas Laura Pacheco y Jorge Chaurand, muestra el prototipo. (Jorge Carballo)

México

El Issste realizó un gran avance médico en el hospital 20 de Noviembre, al dar una nueva mandíbula a un joven originario de Ciudad Juárez, Chihuahua, quien por un defecto genético nació con esa parte fusionada al cráneo, lo que le causó deformidades faciales. Por eso, durante poco más de 21 años, Adrián Castro creció y sobrevivió respirando por la boca, hablando entre susurros, comiendo en pequeñas porciones y durmiendo entre ronquidos que le impedían descansar.

“No es fácil, sobre todo cuando son pequeños”, relata Cornelia, su madre. Una joven mujer rubia y ojiazul, quien jugó un papel clave en esta historia al tener que lidiar con el hartazgo de su hijo frente a la enfermedad. Cansado de años y años de visitas a especialistas (además de complejas cirugías), Adrián intentó abandonar los tratamientos médicos; entonces Cornelia se impuso: “Tú vas a ir hasta que la doctora diga, no importa si no quieres. Ella tiene la última palabra. ¡Me vale madre que te enfades!”, advirtió.

Aunque fuerte, Cornelia solo necesita un segundo para bajar la guardia y mostrar su debilidad. “La gente no sabe, solo ve que nuestros hijos son raros: Por eso tuve que enseñar a Adrián a defenderse y ser fuerte. Le dije ‘¡A ti que te valga madre que te vean! Diles ¿Quieres ver? Acércate’, pero no dejes que te intimiden porque la vida es del más fuerte”.

Las cirugías

Tras varias operaciones los médicos lograron que su mandíbula funcionara —aunque de manera limitada— para acciones básicas como hablar, respirar y comer. Pero la última operación, la más importante, sucedió hace 23 días en el hospital 20 de Noviembre. Fue planeada desde hace más de un año y nació de un congreso internacional, al que acudieron dos jóvenes y obstinados cirujanos maxilofaciales que conocían perfectamente el caso de Adrián: los especialistas Jorge Chaurand y Laura Pacheco.

“Todo inició cuando se creó un programa para manipular las estructuras, los huesos de la cara. Tras una tomografía se estudian éstos para manipularlos y corregir lo que uno desee. En este caso se nos ocurrió hacer un implante que sustituyera la mandíbula”, explicó Chaurand. Pensaron entonces en una prótesis hecha a su medida en 3D.

“Hablamos con una compañía norteamericana y ellos nos consiguieron una sesión con su grupo de ingenieros biomédicos. Revisamos el caso con nuestros médicos residentes, más un grupo de especialistas, y pedimos que la prótesis incluyera un mentón, pues nadie antes pidió esa parte del rostro”, precisa Pacheco.

El procedimiento

Pasaron 12 horas de cirugía, un equipo multidisciplinario, tres grandes incisiones en cuello y orejas, una prótesis de titanio con polietileno y más de 30 clavos, dieron a este joven una nueva vida después de años de bullying y discriminación. “Sí, pensé que moriría con el defecto que tenía, pero ahora no encuentro palabras para expresar la satisfacción que tengo ¡Ya puedo abrir y cerrar la boca normalmente, masticar! Eso es algo que la gente no valora”, dice. Ahora ama comer cuanto taco encuentra: “Agarrar la tortilla, levantar el dedo y morder, mmmmm… Simplemente soy feliz con el resultado”, cuenta este joven cuyo rostro actual es armónico, delgado y sonriente, con una expresión oral perfecta.

Chaurand está feliz de tener una nueva herramienta para sus pacientes. Y Pacheco (la especialista que se autodefine como una mujer dura, aunque sentimental) quiebra la voz ante una anécdota. “Ayer Adrián me conmovió porque me regaló una playera que dice Mujer Maravilla; la del doctor Chaurand  dice Batman. En realidad no me importa tanto hacer historia en la medicina, sino ayudar a los pacientes”.

El hijo de Cornelia no piensa dejar de practicar box, el deporte que le permitió sacar su furia frente a tantos años de bullying y sobrevivencia. “¡Me gustan los chingadazos! Boxear me dio disciplina para aprender a controlar mis emociones y enojo. A cada pregunta y comentario absurdo que recibí, acabé tirando golpes a un costal”. Y mientras ella sigue apoyando a su hijo en este proceso de adaptación, Pacheco y Chaurand trabajan ya en el caso de Heriberto, el paciente con deformidad facial provocada por un tumor, cuya prótesis ya se está trabajando. Y quien —si tiene suerte—, pronto estrenará una nueva cara.