Metáforas tontas

Si tienes talento debes demostrarlo, soportar bofetadas, insultos y humillaciones, como si estuvieras en una cárcel, es lo único que te llevará al éxito.
Fotograma de la cinta.
Fotograma de la cinta. (Especial)

México

Andrzej Wajda realizó en 1980 la película Conductor. En ella se narran las vicisitudes de John Lasocky, interpretado por John Gielgud, un director de orquesta que, ante todo, es un artista intenso de la música sinfónica. Entre sus responsabilidades está la de enseñar el arte de la dirección orquestal a su pupilo Adam Pietryk, muy bien trabajado por Andrzej Seweryn. El conflicto radica en que el pupilo es un patán, pues grita, insulta, golpea y hasta hace el ridículo intentando romper su batuta. Con esto, Wajda logra con mucha sutileza y emoción, transmitir que la creación, en cualquier ámbito del arte, se logra cuando los sentidos, la actitud y el conocimiento están en armonía y en paz con el artista, es decir, no se golpea, no se agrede, no se maltrata.

Al principio pensamos que el conflicto principal de Whiplash va a ser el de la creación y ejecución musical de un género específico, el jazz, pero nunca lo aborda, parece que lo único importante es ensayar con mucho coraje hasta que sangren las manos y, cuando eso suceda, es porque ya se es un gran ejecutante. Con las subtramas sucede lo mismo: un mero esbozo. Andrew, el personaje principal, no puede amar porque quiere ser músico y es muy joven, pero además no quiere ser como su padre, un personaje desdibujado que solamente funciona como un pretexto para que el joven lo rechace, pero no genera conflicto en la historia. Para rematar, con torpeza mayúscula, el personaje se accidenta, le cae un camión encima ¡y sale ileso! Eso demuestra al público que tiene muchas ganas de triunfar. ¡Qué metáforas tan tontas!

Por eso la película se regodea una y otra vez en una premisa blandengue: si tienes talento debes demostrarlo, soportar bofetadas, insultos y humillaciones, como si estuvieras en una cárcel, es lo único que te llevará al éxito.

Hoy en día, el uso de la tecnología en la cinematografía ha alcanzado niveles impresionantes –es evidente que uno debe conocerla y aprender a usarla–. La realización de Whiplash es apantallante; las actuaciones, la rebuscada mímica del maestro y la fotografía son correctas, pero no debemos perder de vista que el guión, el esqueleto que sostiene a una película, no es tecnología.

El resultado de Whiplash acerca a su autor a ser el pupilo de John Lasocky, pues muestra todas sus ganas de perder, no sabe que lo importante, como en la película de Wajda, es que el proceso creativo dará mejores resultados cuando se está imbuido por el conocimiento, la armonía y el placer.

 

“Whiplash” (Estados Unidos, 2014). Dirigida por Damien Chazele. Con: Miles Teller y J. K. Simmons