Mentiras que matan /Y III

El film es elocuente, conmueve porque transmite una verdad insoslayable que debemos aprender, las mentiras, todas, son capaces de generar tragedia.
Guionista y director  no temen al diálogo.
Guionista y director no temen al diálogo. (Especial)

México

¿Por qué proteger a un negro?, pregunta Scout a su padre. Él contesta que se trata de defender la verdad, para andar por la calle con la cabeza en alto, es la mejor razón de existir, de lo contario, es tan absurdo como matar a un ruiseñor, pues esos pájaros no hacen daño a nadie, lo único que hacen es cantar.

La secuencia del juicio está estructurada en situaciones que van in crescendo y cada una tiene su planteamiento, desarrollo y clímax; con ello los autores obtienen momentos muy emocionantes: el primero cuando Atticus demuestra que los golpes que recibió Mayella provienen de un hombre zurdo y Tom, aunque es joven y fuerte, de niño tuvo un accidente que le inmovilizó el brazo izquierdo; sin embargo, el padre de la víctima, sí es zurdo —la verdad empieza a desvelarse como una perogrullada, se trata de una maquinación de padre e hija—; después viene el testimonio de Tom que balbucea aterrado, suda, le cuesta trabajo hablar —Mulligan deja correr la cámara, corta a Mayella y al señor Ewell en momentos clave para contrapuntear su cinismo con el desencajamiento que revela Tom—, nos hace sentir el miedo que provoca la mentira basada en la intolerancia y el odio racial; el momento cumbre de la secuencia es el veredicto, un clímax sobrecogedor.

En Matar a un ruiseñor, ni guionista ni director temen al diálogo porque está integrado a la estructura cinematográfica con un estilo que no traicionan nunca; el juicio es otro gran ejemplo, los autores no cometen la torpeza de cortar a flash backs para que apoyen lo que cada testigo dice, porque es mejor ver al personaje, ver cómo lo dice, cómo lo siente —no vemos actores de teatro ni modelos, es cine en su mejor ejecución, acción-reacción pura—. A lo único que debe temérsele, es a guiones que requieren más trabajo, de otro tratamiento, y ya están en producción.

Cuando el público, fuera de pantalla, se da cuenta que Atticus ha descubierto la mentira, vemos que se ha ganado el odio de Ewell y tratará de vengarse atacando la parte más débil del abogado.

En el último clímax de la película, aprendemos que las apariencias son hijas de la mentira porque tienden a engañar, el monstruo que personajes y espectadores creímos era Bú, no es más que un retrasado mental con buenos sentimientos que termina por convertirse en héroe. 

El film es elocuente, conmueve porque transmite una verdad insoslayable que debemos aprender, las mentiras, todas, son capaces de generar tragedias. Matar a un ruiseñor, no es difícil de conseguir.

 

“Matar a un ruiseñor” (Estados Unidos, 1962). Dirigida por Robert Mulligan. Con: Gregory Peck y Mary Badham