Melodrama en chino

Cuando el melodrama pega es porque el autor sabe manejar el género, los arquetipos no hacen mella y los conflictos están en apogeo.
Historia contada con oficio.
Historia contada con oficio. (Especial)

México

La película está dividida en tres partes: la primera se sitúa a finales del siglo XX y funciona como un parteaguas en el que se abandona el totalitarismo para engrosar las filas de la economía occidentalizada. Aquí, con frescura y agilidad se narran los amores de Tao, una joven que no sabe por quién decidirse: si por Liangzi, el minero, o Zhang, el rico empresario dueño de una gasolinera. La indecisión de la joven conduce a que los hombres discutan hasta llegar a los puños.

Tao se decide por Zhang, y Liangzi, destrozado, decide abandonar el pueblo; ya estamos involucrados en una historia típicamente melodramática con reminiscencias de telenovela —no todas son malas—, metáfora de un pasado anquilosado que trata de moverse al futuro. La situación se hace interesante porque el autor no se regodea en el azote y hace que la historia avance.

La segunda parte se ubica en 2014, cuando Tao y Zhang se han divorciado y tienen un hijo al que llaman Dollar, que está bajo la custodia del padre; al poco tiempo Tao se entera de que Zhang ha decidido emigrar a Australia, lo que implica que dejará de ver a su hijo. Dollar crece y se desarrolla dentro de una estructura social, económica y familiar diferente, es decir, lejos de la tradición china.

Cuando el melodrama pega es porque el autor sabe manejar el género, los arquetipos no hacen mella y los conflictos están en apogeo: Liangzi adquiere una enfermedad pulmonar y su esposa se ve en la necesidad de pedirle ayuda a Tao.

La tercera parte se ubica en el futuro, en 2025, en Australia; en sentido axiológico y metafórico, los valores absolutos se salieron de China, partieron para darle paso a la novedad, ¡a la libertad! Después de vivir en la tradición, la vida merece una vuelta de tuerca; entonces Dollar sostiene relaciones sentimentales con una señora que podría ser su madre, olvida el chino para hablar inglés y está orgulloso de su nombre, mientras Zhang enloquece bebiendo y entregándose a un pasatiempo enfermizo que vaticina una tragedia que no necesitamos ver. Otra muestra del uso que hace el autor de los lineamientos del género: deja que la historia fluya para luego darle un giro por medio de la elipsis.

Así Las montañas deben partir está contada con oficio, su cualidad melodramática está sustentada durante toda la película y le queda bien porque se cobija en la estructura del guion, en la espléndida actuación y en el impecable trabajo de cámara y fotografía.

No se la pierda, se exhibe en la sala 8 de la Cineteca Nacional.

 

“Las montañas deben partir” (China, Francia y Japón, 2015), dirigida por Jia Zhang-Ke, con Zhao Tao y Zhang Yi.