"Ser pintor no es marginal: la pintura está viva y sana”

Magali Lara presenta su libro de artista, 'Melancolía', una interpretación del duelo y un comentario pictórico a la película de Lars von Trier.
La pintora Magali Lara frente a dos de sus obras.
La pintora Magali Lara frente a dos de sus obras. (Eugenia Coppel)

México

La posibilidad del fin del mundo fue una idea que se instaló en la mente de muchos durante el año 2012. El hecho de que en Internet se multiplicaran las ficciones apocalípticas ilustradas llamó la atención de la pintora Magali Lara (Ciudad de México, 1956), quien decidió tomar el pincel para reflexionar sobre el fenómeno.

Lo hizo en un libro de artista que surgió como un comentario pictórico a una película de Lars von Trier, Melancolía, una obra que utiliza la premisa del fin del mundo para hablar de temas como la desolación ante la muerte o la desesperanza compartida. Temas que rondaban en la cabeza de la pintora en un momento personal de duelo.

Pero este libro, publicado por Ediciones Acapulco y bautizado igual que la película del danés, se refiere también "al duelo nacional en el que estamos todos", dice Lara, quien sostiene que la violencia de los últimos años cuestiona una idea que solía tener la gente de su generación: que el futuro sería un lugar promisorio.

"¿Cuándo o qué es el fin del mundo? ¿La vejez, la enfermedad, la muerte, no creer en el amor?", se pregunta Lara en uno de los breves textos que acompañan a sus imágenes en wash, cercanas a lo abstracto pero con formas delimitadas y un acento particular en el color.

¿Qué significan los círculos y las espirales en el contexto del fin del mundo y el duelo?

Tienen que ver con ciclos, con estructuras que se conectan y se desconectan. Son formas que están a punto de desaparecer y otras que aparecen. Porque el duelo nos hace ver cosas que no habíamos visto: algunas muy negativas pero otras que tienen que ver con la revalorización. En este duelo nacional, por ejemplo, hemos revalorizado el estar tranquilos, el confiar en los vecinos, el tener un gobierno que no sea un enemigo. A nivel personal tuve una pérdida fuerte, y por edad también me toca reinventarme. En la vida hay procesos que se acaban y no podemos pretender ser los mismos.


¿Cómo se da la relación entre los textos y las imágenes en este libro?

Los dibujos aparecieron primero, como un comentario a la película de Lars von Trier. Creo que en esta idea del fin del mundo había una sensación de que todos somos parte del desconcierto y el duelo. La mística de que nos iba a ir cada vez mejor se ha ido resquebrajando y ha salido a flote una sensación de intemperie, de miedo hacia lo desconocido, de duda sobre las estructuras de poder económico que nos rigen. Los textos son escuetos y bastante claros, las imágenes son más poéticas. Las imágenes no intentan ilustrar los textos sino hacer una confrontación.

¿Estás de acuerdo en que la elección del color no necesariamente remite a la melancolía, a diferencia de los textos?

El color da muchas sensaciones, y la elección también  tiene que ver con la película. Las escenas son muy estéticas y eso da un descanso, porque si todo fuera horrible no lo ves. Otra cosa que me gustó mucho de Melancolía es que sugiere que la vida simplemente es, que no necesariamente tiene un sentido, aunque las narraciones que nos hacemos al respecto puedan ayudarnos. También el amor es, y el tiempo e incluso el miedo. Creo que el color refuerza esta idea y permite lugares de gozo y de sensualidad que no dejan fuera al dolor.

¿De qué manera es distinto trabajar en un libro de artista que en una pintura?

El formato del libro es particular porque la obra sucede ahí: es distinta la escala y la intimidad que uno logra con las imágenes. Es un libro que vas tocando, desenmarañando las figuras a tu propio paso. Y aunque los dibujos existen por sí mismos, aquí están armados como un cuaderno, con una continuidad y una estructura cinematográfica. La pintura es otra experiencia que para mi tiene que ver con un momento de representación. Es más arriesgada porque es un solo momento. El cuadro tiene un tiempo de contemplación, el libro es un formato más narrativo.


¿Cuál consideras que es el papel de la pintura en el arte contemporáneo? ¿Qué opinas de la aparente tensión entre ambas partes?

Creo que es un falso debate, aunque tiene razones históricas. Lo que no existe más es la tradición de la pintura como mi generación la aprendió. Eso no quiere decir que la gente no pinte y no lo haga con emoción, pero el sentido de la pintura cambió porque el sentido del arte cambió. En México, el arte contemporáneo llegó tardíamente a los museos porque la pintura era la reina. Pero la pintura que se exhibía en el Museo de Arte Moderno, por ejemplo, no tenía un diálogo con lo que estaba pasando. Creo que por esa disparidad, el arte contemporáneo intentó borrar a la pintura. Hoy pareciera que ser pintor es lo más marginal, pero no lo es: la pintura está viva y sana. Lo que quizás sea cierto es que muchas veces no encuentra la manera de incorporarse a un discurso.

¿Cómo se relaciona tu obra con los nuevos lenguajes en el arte?

Creo que mi relación con el arte contemporáneo es súper saludable. Hay artistas del arte contemporáneo que utilizan la pintura y hay pintores de formación, como Turnbull o los Castro Leñero, que pueden entrar perfecto en un lenguaje contemporáneo. Del otro lado están los pintores que creen que entrar en el arte contemporáneo es entrar en el mundo de la banalidad y la mentira. Pero banalidad y mentira han existido siempre, y creo que se necesitan argumentos más profundos sobre fenómenos culturales como este. Hay artistas contemporáneos que son malísimos, como ha habido muchos pintores malísimos. La técnica no justifica el trabajo.