Mayo Teatral. La Habana /I

Mayo Teatral es un festival bienal que realiza Casa de las Américas tanto en la ciudad de La Habana como en otras provincias.
Un Hamlet boliviano.
Un Hamlet boliviano. (Especial)

México

La semana pasada debía haber llegado esta colaboración pero la conexión de internet lo hizo imposible; es una muestra de las muchas paradojas que vive la isla de Cuba. Mayo Teatral es un festival bienal que realiza Casa de las Américas tanto en la ciudad de La Habana como en otras provincias, las que en 2014 fueron Cienfuegos, Camagüey y Santiago de Cuba. En esta décima edición se sumaron al anfitrión Brasil, Bolivia, México, República Dominicana y Ecuador en esta emblemática y entrañable Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño que reunió 13 espectáculos. Y resultó doble fiesta porque la revista Conjunto celebró sus primeros 50 años de existencia, refrendando la juventud de su visión. Las difíciles condiciones de la isla, la real escasez de recursos materiales, son suplidas en Mayo Teatral por una organización impecable y una capacidad de gestión impresionante a cargo de Vivian Martínez Tabares y el equipo de Casa de las Américas. Así, a contracorriente, se tejió una curaduría de puestas en escena con el eje temático del “cruce”: geográfico, cultural y de lenguajes.

Teatro de Ciertos Habitantes representó a nuestro país, causando una euforia en el público cubano por la añeja tradición que está instalada en el imaginario de las viejas generaciones cubanas con el recurso del cine silente y la propuesta de multiculturalidad que propone El automóvil gris. A la fascinación de las generaciones mayores se sumó el desconcierto y la novedad que el espectáculo plantea a los jóvenes espectadores que no conocían la tradición del “benshi”, en donde dos actrices narran —en un champurrado lingüístico— la película de cine mudo realizada por Enrique
Rosas en 1919.

Hace al menos cuatro años se anunció la muerte de un grupo crucial para Latinoamérica (con proyección en cualquier escenario del mundo): el Teatro de los Andes. Su director-fundador, César Bríe, se separaba del colectivo y aquello representaba su desintegración. Sin embargo, en 2010 realizaron Hamlet de los Andes con el director invitado Diego Aramburo, que catapulta a los maravillosos integrantes de este grupo en una versión libre del clásico para aterrizarlo de manera brutal, a machetazos, en la realidad boliviana. Y va más allá en un juego de metateatralidad en el que los actores como tales, saliendo de sus personajes, se encaran con las preguntas de Hamlet. Aramburo logra sin dificultades que el bardo inglés se nacionalice boliviano. La dramaturgia y la puesta, sin embargo, plantean varios finales que no serían necesarios.