Maximiliano regresa al Castillo de Chapultepec

El drama del emperador es recreado en la puesta en escena 'Imperio'; muestra los hechos históricos que vivió y que generalmente se ocultan.
En esta versión se presenta un emperador más imponente, distinto al apocado que se ha presentado antes.
En esta versión se presenta un emperador más imponente, distinto al apocado que se ha presentado antes. (Cortesía)

México

Que Benito Juárez era un liberal se sabe de sobra, pero se ha perdido de vista que su pensamiento económico era capitalista, por lo que de alguna manera, mandatarios de Porfirio Díaz hasta Carlos Salinas de Gortari serían sus herederos ideológicos con propuestas como el libre mercado, la misma ley para todos, modernización de los indígenas, inversión extranjera, desmantelamiento de las propiedades comunales.

En contraparte, aunque Maximiliano de Habsburgo era un hombre del antiguo régimen, tenía una visión diferente; por ejemplo, existe una carta de un campesino de Anenecuilco dirigida al emperador, en la que le explica que las Leyes de Reforma les han quitado sus tierras y le pide que los defienda. "Y Maximiliano dice: claro, esa propiedad les pertenece. De ahí es de donde años más tarde surgió Emiliano Zapata, precisamente exigiendo el respeto al derecho de la tierra".

Esta es una propuesta un tanto provocadora, como él mismo la llama, de Héctor Zagal, autor de libros como Imperio (Planeta). Esta publicación, que aborda de manera novelada pero documentada el Segundo Imperio Mexicano, instituido hace 152 años, fue adaptada al teatro en 2013.

La puesta en escena abrirá su cuarta temporada mañana a las 20:00 en el Alcázar del Castillo de Chapultepec. El intérprete del monólogo es Ricardo Kleinbum, la música corre a cargo de Alonso J. Burgos y la dirección y dramaturgia es de Rodrigo González.

Como dice el director, Rodrigo González, esta no es una obra antijuarista ni maximilianista: lo que propone es ver la otra cara de la historia, el rostro humano de Maximiliano y los hechos históricos que generalmente no nos enseñan, que no aparecen en la historia oficial.

"Por ejemplo —insiste González—, que Maximiliano no llegó a imponerse sino que los mexicanos lo fueron a buscar, prácticamente a contratar y él no dijo 'ah sí, ya vámonos', sino 'a ver, denme pruebas de que los mexicanos me quieren allá'. Y aquellos que lo querían aquí fueron a los ayuntamientos —a algunos, que era lo que Maximiliano no sabía— para que los alcaldes firmaran".

La pieza propone un espejo en el que la audiencia se mire y reflexione qué es lo que la sociedad mexicana ha hecho en 152 años. "Imaginemos a México con el Ejército en la calles: frecuentemente la población civil se queja de las tropelías de los militares que tienen fuero, los gobernadores hacen lo que se les pega la gana y el poder central dice que la culpa es de los gobernadores, mientras que éstos dicen que es el poder central. El Ejecutivo y el Legislativo se van peleando; México tiene muchos pobres, muy pobres, y muchos ricos, muy ricos; hay una parte de la Ciudad de México donde no hay autoridad, hay enteras partes del país donde no hay ningún tipo de estado de Derecho y se debe mucho dinero. El lado bueno es que hay muchas reformas que pueden cambiar al país.

"Aunque se parece al México de hoy, se trata de una descripción del México de 1864. ¿Cómo es posible que México, a la vuelta de ciento y tantos años, esté discutiendo los mismos problemas? Cuando uno termina de leer la novela o de ver la obra de teatro descubre qué poco hemos cambiado y parece que hemos estando dando vuelta al mismo lugar. Por eso Imperio es una invitación a conocer la historia", dice el autor de la novela.

Al carajo

La otra revelación de la puesta es cómo se aborda al personaje: el director instruyó a Kleinbum para que no se cayera en la misma interpretación de siempre: un hombre frágil, débil o apocado. "Era un emperador, tenía una educación imperial para poder dirigir y gobernar imperios que abarcaban grandes territorios. Tendría que tener el temperamento, el temple y, sobre todo, el conocimiento de cómo se dirige un imperio. Por eso necesitábamos un emperador mucho más imponente", explica González.

Aunque Maximiliano de Habs-burgo pasó sus últimos días en el Convento de las Capuchinas, en Querétaro, el Castillo de Chapultepec es un lugar icónico de la ciudad donde el emperador vivió durante su breve estancia en el país, por lo que es el recinto indicado para esta puesta escénica.

Burgos creó oara los momentos del emperador música más cercana a Liszt o Chopin, mientras que para los momentos íntimos del personaje mete las manos al piano y toca sus cuerdas para crear sonidos y ambientes; es decir, una música más contemporánea.

Es impactante ver a un Maximiliano al hacer la síntesis del drama: "Me engañaron los mexicanos que me trajeron, me traicionaron, pero yo también me dejé engañar... Sin embargo, este país se irá al carajo y esa será mi mejor venganza".