Maximiliano y Carlota, más allá de la historia oficial

El fallido Emperador de México no vino a nuestro país engañado, sino que llegó impulsado por una ambición muy personal, afirma la investigadora independiente
Maximiliano Huerta
Uno de sus errores más grandes, “no haber estudiado a Juárez”. (Foto: Especial)

México

Como muchos habitantes de la Ciudad de México, Martha Zamora creció con las visitas escolares anuales al Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec. Uno de los puntos culminantes era admirar el esplendor de la que fuera morada de Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Mónaco, los fallidos emperadores de México.

Muchas leyendas giran en torno a estos personajes, pero, como se desprende de la lectura de Maximiliano y Carlota. Memoria presente, obra que Zamora concluyó tras 16 años de investigación, hay mucho más allá de la historia oficial. Para la autora, el común de los lectores “se queda con lo que aprendimos en la primaria o la secundaria, una historia muy esquemática. La idea que tenemos de Maximiliano es que vino propiamente a invadirnos, que estuvo apoyado con un ejército extranjero y que era un romántico y un soñador que vino engañado”.

Pero no hay tal, dice la investigadora independiente: “Hay un elemento de ambición muy personal en Maximiliano y un concepto, quizá romántico, de que una vez que estuviera aquí el pueblo se iba a rendir ante su encanto personal y su sabiduría política y económica liberal. Entonces, pensaba, podría prescindir del ejército extranjero”.

Zamora sostiene que México había madurado políticamente y contaba con un líder de gran estatura: “Como escribo en el libro, quizás uno de los errores más grandes de Maximiliano fue no haber estudiado a Juárez a profundidad, no lo comprendió jamás. ¡Le ofrecía empleo de ministro de Justicia! Eso te indica una de las partes de su ignorancia brutal”.

Si el libro iba a estar dedicado casi exclusivamente a Maximiliano, aunque por supuesto iba a abordar a Carlota, durante la investigación la autora descubrió a una persona diferente a la imagen que tenemos de ella a partir del cuadro de Franz Xaver Winterhalter, donde se le presenta como una mujer bella. “Nunca fue guapa ni elegante; los personajes de la época dicen que era de esas mujeres a las que la ropa no le caía bien”. En cuanto a su carácter, Zamora afirma que “era muy fuerte y una mujer muy odiada por sus damas de compañía, por los ministros de Maximiliano, porque la consideraban metiche. Pero si algo hay que admirarle es su inteligencia y su disciplina”.

Algunas de las cualidades de Maximiliano de las que no se habla es que tenía gran interés por las cuestiones científicas, lo que nosotros no valoramos. “Por ejemplo, su interés en los insectos iba más allá del de un diletante. Eso no nos servía de mucho a los mexicanos —y menos en esos momentos en que el país se deshacía en pedazos—, pero él pretendía hacer un museo en Miramar. Sabía de la inmigración de las mariposas monarcas, del desove de las tortugas en las bahías de Oaxaca, de la migración de las ballenas en el Mar de Cortés”.

El libro le permitió acercarse también a otros personajes, como Tomás Mejía, que fue fusilado junto con Maximiliano y que, asegura, merece ser estudiado más a fondo: “De hecho iba a morir pronto de todos modos porque estaba muy enfermo, pero no debía morir como un traidor, porque no lo fue. Era un patriota, un hombre íntegro y honesto que jamás se enriqueció. Hay otros personajes que merecen mayor atención. Es importante estudiar este periodo sin apasionamiento, porque fue definitorio para el país”.

Martha Zamora reflexiona sobre el hecho de que, a la caída del Segundo Imperio, “mucha gente se hundió en la desgracia. Al subir Juárez y luego Lerdo, no hay posición para ningún conservador y menos imperialista. Se les cerró totalmente el mundo. Un ejemplo claro y doloroso es el de José Manuel Hidalgo, quien murió en la miseria más absoluta.”

Maximiliano y Carlota. Memoria presente incluye diversos anexos con documentos importantes para entender el periodo, como es el Estatuto Provisional del Imperio Mexicano y el Proyecto de Constitución del Imperio Mexicano. También se agregan una cronología, breves biografías de los personajes principales y algunas fotografías de diversos archivos nacionales y extranjeros.

UNA EMPERATRIZ EN LA VESANIA

Martha Zamora tuvo acceso a una copia fotostática de Une empératrice dans la nuit, trabajo académico de la investigadora Laurence van Ypersele sobre la correspondencia de Carlota. Obtuvo el permiso para traducirlo y publicarlo en México como La emperatriz de la noche. Es un estudio conmovedor y estrujante sobre el proceso de la locura de Carlota a través de sus misivas pues, como escribe Denise Jodelet en el prefacio, “el poder seguir palabra a palabra la construcción de un delirio solitario y el derrumbe de un pensamiento que se deteriora en el silencio es una experiencia que llama con más fuerza, porque ese recorrido refleja el espesor de una vida cargada de historia, derrotada por la historia”.

En su locura, Carlota piensa que Maximiliano no ha muerto y por ello le escribe en 1869: “Una vez que te he recuperado milagrosamente, la Providencia te llevará estas líneas para asegurarte de mi apego tierno y constante”. También la muerte de su padre y su abuela, al caer el imperio, le hacen poner en duda su propia existencia. En estas cartas, escribe Zamora en el prólogo, “podemos vislumbrar algo de lo que pasó con la emperatriz Carlota durante su confinamiento en dos de los tres castillos belgas en los que transcurrió la mayor parte de su vida”. Sin duda una vida larga, pues murió en 1927, a los 86 años, seis décadas después que su marido.