Mi carta de presentación es ser hijo de José: Mauricio Sulaimán

Mauricio Sulaimán se define como un hombre de deporte. En 1992 se convirtió en director de relaciones públicas y vicepresidente de la Federación Norteamericana de Boxeo del Consejo Mundial de Boxeo.
Mauricio Sulaimán
Mauricio Sulaimán (Notimex)

Ciudad de México

Mauricio Sualimán se define como un hombre de deporte. Su niñez la pasó cerca de vestidores y cuadriláteros pero comparte esa pasión con el futbol americano —en especial por los Vaqueros de Dallas—, y con el futbol soccer, siendo el Cruz Azul su equipo favorito.


¿Desde pequeño le gustó el box?

Desde que tengo uso de razón en mi familia ha sido fundamental. De niño quise ser boxeador. Mi papá me llevó a la Arena Coliseo y, ya mayor, trabajé con él en el Consejo Mundial.


¿Por qué no fue boxeador?

A los cinco años fui a la pelea de Mantequilla Nápoles y Armando Muñiz, un combate durísimo. Mi papá me llevó a ver a Mantequilla al vestidor. Sus ojos cerrados y las cejas al rojo vivo me impactaron de tal manera que deserté de la idea. Un boxeador requiere de valor y dedicación, no cualquiera puede serlo.


¿Qué se necesita para ser presidente del Consejo Mundial de Boxeo?

Valores y principios, porque es un deporte complicado, requiere de fuerza mental, física y espiritual. Uno llega al puesto para servir a los demás, no para servirse a sí mismo.


Perdone pero habla como político…

No sé si sueno como político, es lo que aprendí de mi papá, quien fue una persona dedicada al servicio social. Todos los días de su vida por lo menos hacía una acción de servicio a los demás.


Pareciera que su llegada a la presidencia del CMB fue cuestión hereditaria, de nepotismo…

Desde chico acompañé a mi padre en el CMB. Lo ayudé y tuve relación con miembros de la junta de gobierno, con promotores y peleadores. Cuando mi papá falleció pensé en retirarme pero luego mi familia me sugirió dar continuidad al proyecto. Los vicepresidentes y las federaciones votaron por mí en una elección donde fui el candidato único. Hay quien lo ve como un acto de nepotismo, pero la realidad es que mi única carta de presentación en la vida es ser el hijo de José Sulaimán y como tal quiero darle continuidad a lo que inició.


Su padre ocupó esa presidencia 38 años, ¿usted se ve ahí tanto tiempo?

No lo sé. Esta votación fue para dos años, que eran los que le faltaban a mi papá para terminar este ciclo. Ahora no pienso si me elegirán en un futuro.


¿Qué cambios necesita el boxeo?

Todos los cambios impulsados por mi padre surgieron de estudios médicos. Ahora vemos un boxeo diferente, necesitamos apuntalar la presencia en las redes sociales porque nos permiten tener un contacto directo con los boxeadores.



¿El boxeo huele a corrupción?

El boxeo siempre ha sido tachado como deporte sucio y corrupto. Si eso existió, ya es cosa del pasado. Jamás he visto un acto de corrupción en el CMB o en alguna pelea.


¿Ni en las de Kahwagi?

Es muy fácil criticar al boxeador. De Kawaghi prefiero no hablar porque es una persona pública y ya de entrada tiene un grupo de seguidores y otro de críticos.


¿Quién es el mejor boxeador activo?

Floyd Mayweather.


¿Y el mejor qué ha visto?

Julio César Chávez, viví su mejor época y estuve en muchas de sus peleas. Llegar a casi 100 peleas invicto y durar más de 10 años como campeón no es sencillo. Es el más grande del boxeo mexicano.


¿Además del boxeo de qué vive?

No vivo del boxeo. Desde hace 51 años tenemos una fábrica, la creó mi papá, de controles gráficos para la industria y la medicina.


¿Qué libro está leyendo?

Undisputed Truth, la autobiografía de Mike Tyson, es un libro muy esclarecedor.


Las mejores películas sobre box son:

Rocky I y RockyIII, Hurricane y Cinderrella man.



Nació en la Ciudad de México en 1969. Estudió Administración de Empresas en el Tecnológico de Monterrey.  En 1992 se convirtió en director de relaciones públicas y vicepresidente de la Federación Norteamericana de Boxeo del Consejo Mundial de Boxeo, organismo que hoy preside tras la muerte de su padre, José Sulaimán.