Martin Amis hace sátira de lo grotesco de los nazis

“La ficción es libertad y es importante que se mantenga porque si no es así es una amenaza”, afirma el literato británico en Barcelona.
Causa polémica.
Causa polémica. (EFE)

Barcelona

El escritor británico Martin Amis, quien acaba de publicar La zona de interés (Anagrama), considera "oportuno utilizar la sátira para destacar con desdén lo grotesco del régimen nazi". Con este libro vuelve al nazismo después de La flecha del tiempo, en este caso dando la palabra a los verdugos y a las víctimas con tonos de humor negro.

Amis reconstruye ese mundo a partir de tres vértices: Golo, un joven oficial sobrino del jerarca nazi Martin Bormann, que llega a trabajar a un campo de exterminio; Hannah, la esposa del comandante del campo, el grotesco Paul Doll, y el sonderkommando Szmull, uno de esos judíos que colaboraban con los verdugos.

Amis no habla de comedia sino de sátira: "La comedia provoca una cierta risa, y la risa la solemos asociar con la alegría, un estado positivo y cierto punto de frivolidad, pero la risa no siempre es felicidad. Te puedes reír por desdeño, por desprecio, y ahí entramos en la sátira, que no es más que una ironía militante en la que quieres destruir lo que te produce la risa".

Recurrir a la ironía era totalmente oportuno en el caso de la Alemania nazi, señala, porque "allí hubo muchas cosas patéticas, grotescas, y es mejor reírse con una risa desdeñosa". No resulta casual, añade, que "los grandes tiranos de la historia han temido más la risa que el dolor".

Aunque se vea a Szmull como colaboracionista, para el autor los sonderkommando eran víctimas al mil por ciento, porque estaban presentes cuando los judíos llegaban a los campos, y estaban alimentados "para convencer a los recién llegados que iban a ser bien tratados, pero su función era recoger los cuerpos de las cámaras de gas o arrancar los empastes de oro de los dientes".

Para construir el personaje de Doll Amis partió de Rudolf Höss, comandante de Auschwitz que escribió sus memorias: "Aunque intenta justificarse, se acaba viendo el tipo de personaje estúpido y pomposo que era, pues habla en el mismo tono de las dificultades que tienen con los hornos crematorios que de su mujer y sus hijos. Por tanto, solo tuve que realzar lo ridículo y extraño de este personaje".

Amis piensa que al principio quizá pudo haber cierta banalidad del mal, pero "en cuanto se pusieron a matar, se convirtieron en absolutos monstruos".

En el origen de la novela, dice Amis, está el intento de responder una pregunta: "¿Puede existir el amor en una situación de locura totalitaria? Aunque al inicio no tenía respuesta, al final del libro la respuesta es no, porque el contrapunto del amor puede ser el odio o la muerte, pero en la Alemania nazi están los dos. Es demasiado pedir al amor fructificar en estos dos entornos".

La novela ha llegado a España precedida de una polémica por la negativa a publicarla por parte de sus editores habituales en Francia y Alemania.

Amis desmiente a aquellos que piensan que jamás se debería escribir ficción sobre el Holocausto, "como si hubiera a la entrada de Auschwitz una señal de prohibido entrar a escritores", algo que no tiene sentido: "La ficción es libertad y es importante que se mantenga porque si no es así es una amenaza. Todo novelista tiene que utilizar la libertad que tiene para lanzar los mensajes que desea", concluye.