El radio de Marie Curie

El texto de Mauro Spinelli y Claudia Lobo El radio de Marie Curie, en un montaje luminoso de Gabriela Lozano, ha rebasado el centenar de representaciones viajando por media República Mexicana.
 La actuación de Claudia Lobo en esta obra parece bordada a mano.
La actuación de Claudia Lobo en esta obra parece bordada a mano. (Especial)

México

El texto de Mauro Spinelli y Claudia Lobo El radio de Marie Curie, en un montaje luminoso de Gabriela Lozano, ha rebasado el centenar de representaciones viajando por media República Mexicana. Actualmente se presenta en Universum, en el Centro Cultural Universitario, todos los sábados y domingos a las 13:30; la entrada incluye también el acceso al museo, que es una maravilla.

Recuerdo con especial cariño el montaje de Einstein a cargo del actor Patricio Castillo hace años, cuando existía el Teatro Casa de la Paz, como un entrañable recuento de vida, obra e ideas del buen Albert. La obra recorrió medio país y las escuelas se lo peleaban por su carácter  didáctico —entre otras cosas. Me ocurrió algo similar con El radio de Marie Curie: la dramaturgia juega con la biografía de la científica polaca cuya carrera meteórica terminaría por hacerla acreedora a dos premios Nobel y la convertiría en la primera mujer en ser catedrática de La Sorbona de París, cuando las mujeres no pintaban en los mapas universitarios y mucho menos en las ciencias.

Siempre me da miedo cuando me piden asistir a “biografías teatralizadas” de algún personaje famoso o héroe nacional. Ahora mismo me han encargado abordar a uno de estos últimos de la época de la Independencia, y te quiebras la cabeza para ponerlo en acción, aquí y ahora, y que no resulte estatua que caga mármol. Uno de los problemas dramatúrgicos más comunes con estos personajes es la tentación del relato en tiempo pasado, en un “allá y entonces” que mata dramaticidad. Además, se dan cosas por sentadas o se omiten, como la necesidad-urgencia de crear expectativas sobre el devenir. En El radio de Marie Curie los autores resbalan un tanto en ese “allá y entonces”, pero dan un giro constante que actualiza la escena, el presente, de manera espléndida. Lobo y Spinelli dotan de un sentido del humor muy particular y cáustico a su personaje de Marie Curie con pinceladas que se vuelven una delicia.

La directora Gabriela Ochoa asume las posibles dificultades del texto con un montaje que incorpora al artista plástico Arturo López Pío, quien, con un proyector de cuerpos opacos crea mundos maravillosos, alusiones, escenografía y hasta ironías visuales que aportan, subrayan o crean nuevos sentidos al material dramatúrgico. La actuación de Claudia Lobo parece bordada a mano. Hay un trabajo de artesana de la palabra y el cuerpo que fascina; contenida, con un dolor implícito, con un humor seco y brillante. La ciencia y el teatro se tocan exitosamente aquí y usted no debe perdérsela. Lleve a sus hijos que la pasaran doblemente bien.