No es para tanto

"Simple perversión oral", donde la narrativa se sostiene a partir de la tan sencilla como fatigosa espera a las puertas de cualquier consultorio médico.
Margo Glantz, "Simple perversión oral",  La Caja de Cerillos, México, 2015, 40 pp.
Margo Glantz, "Simple perversión oral", La Caja de Cerillos, México, 2015, 40 pp. (Especial)

México

Es, desde la aparición del maravilloso medio de comunicación del pajarito, una activa tuitera. Además de una de las intelectuales mexicanas que mejor ha sabido alternar sus labores académicas y literarias. También incansable viajera. Traductora. Multipremiada. Margo Glantz (1930), quien ahora pone en circulación nuevo libro, Simple perversión oral, donde la narrativa se sostiene a partir de la tan sencilla como fatigosa espera a las puertas de cualquier consultorio médico.

Quién que se preocupe alguito por su salud no acude a una consulta médica. Lo hacemos todos, y con nosotros Glantz, narradora que desde la publicación de Las genealogías, en un ya lejano 1981, ha mostrado un particular interés por desplegar en sus historias la incorporación de la propia. Una historia imbricada por los exilios, los arraigos y las presencias de los otros.

En Simple perversión oral, y luego de recordarnos a algunos escritores que tuvieron serias dificultades con su salud dental, Glantz evoca (recrea) encuentros médicos anteriores. Esos que tienen que ver con las pruebas de colesterol, triglicéridos, perfil de lípidos, creatinina, perfil hepático, etcétera. “Ya cálmese, señora García, no es para tanto”.

Siempre autobiográfica, Glantz vuelve además en Simple perversión oral a otros momentos de su obra. Específicamente a ese pequeño libro del 96, a contracorriente de su largo título, Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador, donde aparece por primera vez la entrañable señora Nora García.

Y sí, el lector descubre vasos comunicantes en la unívoca narrativa de Glantz, ya que si en Historia… “uno o una empieza a salivar como el perro de Pávlov, pero sin incitación ninguna que la produzca, una salivación casi, diría yo, gratuita”, en su nuevo libro la misma señora García nos dice: “Sigo con la boca abierta, ¿un reflejo pavloviano?”.

Sin desdeñar, por supuesto, algunas de las referencias a los dientes de unos y otros consignadas en otro de los bellos libros de Glantz, Yo también me acuerdo: “me acuerdo que es bueno usar hilo dental”; “me acuerdo que el dolor de muelas es una de las más viejas dolencias, puede producirse por una caries profundas o un absceso o una prótesis floja”; “me acuerdo que antes se usaba la esencia de clavo para mitigar el dolor de muelas”; “me acuerdo que tengo un dentista de cabecera, pero sobre todo un amigo”; “me acuerdo que, como a Cervantes, me quedan pocos dientes”.

Simple perversión oral, apuesta creativa a la coedición entre particulares y gobierno, La Caja de Cerillos y Conaculta, se acompaña de ilustraciones de Carmen Segovia y prólogo de Valeria Luiselli.