Malos tiempos, Güero, muy malos

No hay de otra, don Sera, aunque los del billete cada vez nos exprimen más y más: por eso los chamacos prefieren atracar que regalar el sudor de la frente.
Donde come uno, comen dos; eso dice la gente, don Sera; pero cada vez siento más lo duro de lo tupido; eso sí, apartó pa’ una cervecita, pa’ que los malos pensamientos se aligeren.
Donde come uno, comen dos; eso dice la gente, don Sera; pero cada vez siento más lo duro de lo tupido; eso sí, apartó pa’ una cervecita, pa’ que los malos pensamientos se aligeren. (Ilustración: Arturo Fonseca)

México

¿Una cervecita, Güero?, dijo don Sera. Pues nos la echamos, contestó el Güero: abrió el refrigerador de Chichisprietas, extrajo dos Victorias; con los dientes las destapó. Va quedar chimuelo, hombre, ¿cómo anda haciendo eso? Pues pa’ eso nacimos hombres, ¿qué no?, con o sin dientes no soy ni más, ni menos: nos dijeron: hay que ser hombre de palabra, cumplidor, honesto, cabal, sincero, don Sera, y a enseñar los dientes pa’ que nadie nos pegue tarascadas, ¿qué no? Tómele que se evapora, ¿cómo le va en la chamba? Don Sera empinó el codo y bebió: ahhh, chasqueo la lengua, pasó el dorso por los bigotes entrecanos: hacia sed, que ni qué. Malos tiempos, Güero, muy malos: en la ferretería no hay ventas, no salgo a reparto; ai tengo pa’do el camión, a ver hasta cuándo el patrón nos aguanta sin hacer nada, a ver hasta cuándo se le ocurre cerrar el negocio; está carambas la situación, Güero: dichoso usted que es pensionado. Pa’ la mugre que me dan, don Sera: si no fuera por los hijos, no llego a fin de mes; en su pobre casa juntamos huesos, cartón, papel, envases de plástico de poco a poco, hasta amontonar algo que valga la pena, lo trepo al diablito y lo llevó a vender.

A veces dan ganas de llorar, no se crea: solo así baja mi ansiedad, cavilo y veo el tamaño de la situación, y le busco el modo, le bajamos a los antojos, a las ganas de algo sabroso, y eso duele, don Sera, no se crea. Cómo no le voy a creer, Güero, si luego no dan ni ganas de llegar a la casa: se nota la necesidad: deseos, placeres, quereres, se van al rincón: nada se ve bonito, no descansa uno, ni tiene paz, tranquilidad; anda uno de malas, con ganas de desquitarse con lo que sea. Pues no sé usted, don Sera, pero a mí hasta debilidad me da, pero me aguanto y busco la manera de darle p’atrás porque si no, nomás no resiste uno. No, Güero: hace bien y como bien dicen: lágrimas arrastran las tumoraciones del alma, lavan las purulencias, ablandan costras que son cosa insana, nomás crean resentimiento, son como filos que le hacen daño, creo que por eso tanto mal nos ha caído y no se ve pa’ cuando.

Donde come uno, comen dos; eso dice la gente, don Sera; pero cada vez siento más lo duro de lo tupido; eso sí, apartó pa’ una cervecita, pa’ que los malos pensamientos se aligeren, porque hasta el crimen pueden a uno llevarlo, no se crea: nomás de ver los centavos que pagan por el cartón y el plástico, y los pesos que se meten ellos con nuestro esfuerzo, claro que da muina, como de que no... Échese la otra, que de todos modos de jodidos no salimos. Juega, Güero: échese p’acá las otras, le echo un fonazo a la domadora pa’ que l’eche más agua a los frijoles y lo invito a cenar, Güero: ora por mí, mañana por usté, qué chingaos... Muchas gracias, don Sera, ya hice lo propio: aunque deje decirle que es bonito escuchar esa voluntad pa’ aliviar, ayudar, pa’ compartir el pan y la sal: ya pocos como usté, don Sera, y no le estoy dando coba, es de en verdad: ya qué esperanzas que se vea ese amor por el prójimo, ese entrar en razón pa’ ver por el vecino, pa’ compartir lo poquito que se tiene con esfuerzo, ¿se imagina que así fuera todo mundo, don Sera? Otro gallo cantaría, ¡no digo si no sería de otro modo! Huy, Güero: hasta se me figura que ya el jugo de cebada se le fue al celebro: tanto tienes, tanto vales; si falta dinero, el amor se acaba: palabras que pasan por verdades, pero vivimos al contrario: con menos la voluntad pa’ ayudar, compartir; por eso no hay que olvidar enseñanzas de los antiguos: tener clara la necesidad y clara la solución: no te quedes cruzado de manos, mueve las manitas y ayúdate, que así te ayudarás.

No hay de otra, don Sera, aunque los del billete cada vez nos exprimen más y más: por eso los chamacos prefieren atracar que regalar el sudor de la frente; lo malo es que ya ni a los del barrio respetan, o casi: l’otra alguien me bolseaba en el camión, la navaja picaba mi panza; me volví entre miedoso y encabritado, el compa me miró, me hizo un guiño y con el dedo me hizo señal de: silencio; me dio la cartera, se fue. Creo que le remordió la conciencia, se acordó que de niño comió en mi casa: otro hubiera sido, me despanzurra, ¿no cree, don Sera? Sí creo, pues: malo que roben pa’ sus menjurjes con que se drogan y no pa’ comer, según mi entender, Güero; ai andan como zombis, lambrijos, idos; mejor como dice mi domadora: “Cuídate, quiérete, no seas dejado, pues tú puedes malvivir enfermo, pero viéndote sufriré más que tú tus sufrimientos”.

Dice bien su doña, don Sera: la semana pasada me pegó una cursera que no hallaba cómo pa’rla; fui a la farmacia pero nada hubo contra la diarrea; uno de los malosos que venden piedra a los chamacos dijo: con un mango se le quita, don. ¡Ah Dios, ¿a poco sí?! Pero ya cerraron la frutería... Con un mango de martillo, don: nomas no abuse. Ganas me dieron de mentarle su madre, pero pus esos siempre traen con qué, don Sera; tragué el coraje hasta que llegó mi doña y con un tecito paró la regadera aquella, ¡que si no me deshidrato y no estaría aquí contándole! Se pasan de manchados esos piedreros, Güero, y los patrulleros pasan, estiran la manota y se van; hasta los grandulones de la primaria se meten esas cochinadas: no son responsables de la hechura sana de su cuerpo: aunque sea musculoso, panzón, enclenque, fofo, recio, ágil, perezoso, gozoso: pero no esas ruinas que vemos. Le doy la razón, don Sera: le digo a mis hijos que pueden tener todas las virtudes y defectos, ser el feo o el muñeco de la ciudad; amable o gruñón, despistado, lo que sea, pero que agradezcan la vida, conserven la salud; pero siento que me tiran de a lucas, que hasta me miran con rencor por haberlos traído a este mundo. Así mero se les siente, Güero, y como que el rencor les acorta la razón, no ayuda a ver bien el mundo ni a todos los que lo poblamos, ni se entiende lo que los demás piensan y dicen; como que cada quien ve por lo suyo y nada más; mi domadora dice que el rencor ciega: sudas, tiemblas, arde la panza, tienes resentimiento, vas contra el que se ponga enfrente, destruye.

Caracho, don Sera: también siento que todos andamos con los guantes puestos; todo se quiere resolver a gritos, con cara de lobote feroz; nadie atiende al “sereno, moreno: bájale y platicamos”. Nadie, Güero: todos gritamos, nadie escuchamos; y es que cuando la carencia ataca por todos los frentes, o te vuelves duro o te hacen rudo; mi padre, que en santa paz esté, salía de madrugada, volvía al anochecer, cenaba y a descansar. Brusco, sus cariñitos eran pellizcos, mordidas, estrujones; nosotros ni eso le dimos a los chavos, ¿qué podemos esperar a cambio? Salud, don Sera: ¿qué quise ser cuando joven? Apenas recuerdo. Sobrevivo a mis caídas, meto reversa o me atropellan, corro detrás de la garnacha, apenas junto peso sobre peso pa’ la renta, me atarrago tacos de canasta diarina y webo, soy centavero al pagar la pecerda, deudor hasta el copete... Salucita, don Sera. Salucita, Güero.

*Escritor. Cronista de "Neza".