"El nombre de esta tierra es el infierno": Lowry

El autor inglés de 'Bajo el volcán' no solo sufrió los trastornos provocados por el mezcal, bebida a la que se entregó con singular devoción, sino también los tormentos de la burocracia nacional.

México

El escritor inglés Malcolm Lowry aseguraba que escribió su novela emblemática, Bajo el volcán, con la ayuda de "la fantasmagoría inspirada por el mezcal", y que la atmósfera y el tono del libro provienen del "lento, melancólico y trágico ritmo del mismo México". La novela Bajo el volcán (Under the volcano, 1947) es una de las cumbres de la literatura y también es la única novela valiosa que escribió Lowry, a pesar de que el resto de su vida intentó alcanzar, en otras obras, el registro de aquella novela inigualable.

Es verdad que el resto de su vida no duró mucho, la novela se publicó cuando Lowry tenía 36 años y él murió antes de los 50, como consecuencia de un frondoso historial de alcoholismo que empezó cuando era un niño en New Brighton, y que dejó sembrada su biografía de imágenes terroríficas, por ejemplo:

"Estoy desmoronándome de un modo firme, constante e incluso bello: mi memoria olvida retazos a cada momento, y me paso las mañanas andando a gatas. Voy dándole vueltas a todo en una cáscara de nuez, solo estoy sobrio o alegre con una botella de whisky". Esto lo escribió en una carta, para contarle a un amigo cómo pasaba sus días, pero también Bajo el volcán

El médico que certificó su deceso escribió: "Muerte por desventura"

está llena de episodios extremos, protagonizados por el cónsul, el personaje de la novela que se mimetiza con Lowry y que fuma cigarros Alas mientras bebe hasta conseguir niveles épicos: "Ebrio (aunque dueño de sí mismo), coherente, un tanto loco, un tanto impaciente; fue una de esas ocasiones en que el cónsul había bebido hasta la sobriedad".

Durante el último año de su vida, 1957, Lowry dejó de beber, por primera vez después de algunas estancias en clínicas de desintoxicación, y de varias décadas marcadas por sus crisis alcohólicas, pero en cuanto abandonó el whisky, Margerie, su mujer, se quedó sin la ocupación de cuidarlo y, por esa misteriosa forma que tienen las parejas de restaurar el equilibrio, llenó ese vacío aficionándose al Bloody Mary, hasta que ella misma fue a dar al hospital. Al final Lowry murió de una sobredosis de barbitúricos, con la que trataba de paliar su última crisis alcohólica. El médico que certificó su muerte escribió en el acta "Death for misadventure" (muerte por desventura).

Lowry estuvo en México en dos ocasiones, la primera entre 1936 y 1938 con Jan Gabrial, su mujer. Se instalaron en Cuernavaca, que es Quauhnahuac en Bajo el volcán, y ahí escribió la primera versión de su novela que después tendría varias reescrituras, primero en Los Ángeles y, sobre todo, en Canadá, en una cabaña que tenía cerca de Vancouver, en un pequeño pueblo de pescadores llamado Dollarton. Ocho años después regresó a México con su segunda mujer, Margerie Bonner, al país de su gran novela que estaba ya terminada y que había sido rechazada por 12 editores. Llamado por esa fuerza irresistible que ejercía México sobre su persona, fue a instalarse de nuevo en Cuernavaca, en la misma casa, por puro azar, donde vivía M. Laurelle, uno de sus personajes. Margerie y Lowry pasaron varios meses en Cuernavaca, haciendo viajes ocasionales, hasta que un día en Acapulco, en el Hotel Quinta Eugenia que estaba en la playa de Caleta, fueron interpelados por dos oficiales de Migración que les pidieron sus pasaportes y "tarjetas de turista", las que habían dejado en Cuernavaca. Como no los tenían fueron llevados a una delegación de policía desde la que enviaron un cable a México, para informar de la situación, y aprovecharon para decirle a Lowry que en su viaje anterior, en 1938, había dejado una multa, de 50 pesos, sin pagar, y que esa falta administrativa había generado un documento que le impedía entrar al país, si no llevaba el permiso del "jefe de Migración".

Lowry no tenía idea ni de la multa ni de la existencia del documento. En su estancia anterior había tenido líos con la justicia, todos relacionados con el mezcal, incluso había ido a parar a la cárcel en Oaxaca y, aunque se trataba de faltas menores, habían sido suficientes para llamar la atención de la policía. "Porque el nombre de esta tierra es el infierno", dice el narrador de Bajo el volcán, cuando todavía no sabía el infierno burocrático que le esperaba en esa segunda estancia en México. Antes de regresar a la delegación de policía en Acapulco, me gustaría dejar establecido que probablemente sea Malcolm Lowry el primer apólogo del mezcal, que en esos años era una bebida más bien vulgar en la que nadie reparaba.

Lowry recordaba, porque había visto los documentos, que el abogado que le había enviado su padre a México, para protegerlo de sí mismo, había pagado todas sus multas, antes de que abandonara el país en 1938; sin embargo, en la delegación de Acapulco no constaba el pago. Lowry y su mujer fueron retenidos en la ciudad hasta que llegaran instrucciones de la oficina central, mientras el cónsul inglés trataba, en el DF, de averiguar cuál era el motivo de la retención, con un funcionario de apellido "Corunna" (así lo escribe Lowry). Una semana más tarde les dijeron que, además de la multa, sus expedientes tenían otras irregularidades; aquel viaje a Acapulco que iba a durar dos o tres días se convirtió en una estancia de un mes, con visitas obligatorias cada día a la delegación donde los tenían cuatro o cinco horas esperando para al final decirles que todavía no recibían instrucciones de México.

Todos los gastos corrían, desde luego, a cargo de los Lowry; la habitación de hotel, las comidas y las llamadas de larga distancia a la oficina del cónsul en México. Cuando llevaban 15 días retenidos en Acapulco, un funcionario le dio permiso a Margerie para que fuera a Cuernavaca, donde habían establecido su base, por dinero y sus documentos, con la idea de cotejarlos con los datos que tenían y, en caso de que se pudiera, aligerar el trámite. Lowry se negaba a pagar los 50 pesos que ya había pagado en 1938 su abogado, pero un día apareció en el hotel uno de los funcionarios para decirle que si no pagaba inmediatamente iban a meterlo a la cárcel. Lowry aprovechó el dinero con el que regresó su mujer para pagar, otra vez, la multa, y cuando preguntó que si ya se podían ir, le dijeron que no, porque habían detectado que el nombre de su mujer no coincidía con el del documento de 1938 (era el de Jane, su ex mujer, con la que había viajado por primera vez a México) y además él, en la foto de su pasaporte, aparecía con barba y eso enturbiaba la investigación.

Lowry y su mujer habían pagado el alquiler de la casa en Cuernavaca hasta junio y pasaron un mes retenidos en Acapulco, pagando las correspondientes noches de hotel. El 8 de abril, finalmente, el señor Corunna les dio una cita en México para atender personalmente su caso. Los Lowry viajaron de Acapulco a Cuernavaca y, a la mañana siguiente, se presentaron puntualmente en la oficina del licenciado Corunna, que en realidad debe haber sido "Corona". El licenciado los tuvo esperando cuatro o cinco horas en la antesala de su oficina, hasta que salió una secretaria y les dijo que volvieran al día siguiente. Ellos alegaron, en su precario español, que vivían en Cuernavaca, que en esa época estaba a dos horas y media en autobús. Durante los siguientes días, los Lowry viajaron diariamente de Cuernavaca al DF, solo para sentarse a esperar durante horas a que les dijeran que volvieran al día siguiente.

Cuando finalmente los recibió, Corunna les pidió sus documentos y los envió a una oficina, con el pretexto de revisarlos de manera exhaustiva. Los documentos estuvieron retenidos varias semanas, los cónsules de Inglaterra y de Estados Unidos no podían hacer nada y más de una vez les hicieron ver que si hubieran pagado los 50 pesos sin rechistar en Acapulco, nada de eso les hubiera sucedido. Lowry no entendía por qué debía pagar una multa que ya había pagado, y el cónsul inglés tuvo que explicarle el código de la mordida, y además sugirió que si le daba una buena mordida a Corunna sus documentos aparecerían en el acto. A esas alturas los Lowry ya no deseaban quedarse en Cuernavaca, querían salir cuanto antes del país porque empezaban a asustarse, y ya no les importaba tener pagado el alquiler hasta junio. Cuando el escritor aquilataba la posibilidad de pagar la mordida, el licenciado Corunna le pidió su permiso para trabajar en México. Lowry, muy desconcertado, le dijo que su mujer y él eran escritores, y como prueba enseñó un libro de su mujer y el contrato de su novela Bajo el volcán, y añadió que no estaban trabajando, que si acaso habían tomado algunas notas. Eso bastó para que le impusieran una multa de 500 pesos a cada uno.

Milagrosamente, el contrato que había enseñado el escritor era del editor número 13 que finalmente le publicaría Bajo el volcán, y que le había girado a Cuernavaca el dinero del adelanto de regalías. Una vez pagada la multa, Lowry y su mujer fueron citados en "Bucarelli" 113 y ahí, a causa de la cantidad de irregularidades que arrastraban, los encerraron en la cárcel. Unos días más tarde fueron escoltados por un funcionario armado que lo subió en un tren y los acompañó hasta Nuevo Laredo. Ahí los Lowry vivirían otro episodio de retención de documentos, de hospedaje forzoso en un hotel, que pagaban ellos, hasta que, un buen día, los dejaron cruzar al otro lado.

Todo esto lo cuenta el escritor en una larguísima carta dirigida a A. Ronald Button, un abogado de Los Ángeles que pretendía hacer una reclamación al gobierno mexicano. Después de ese viaje infernal, Lowry y su mujer regresaron a su cabaña en Canadá, a continuar cada uno con sus libros. Entre los proyectos de Lowry había una novela titulada La mordida, en la que el autor iba a continuar la historia de Bajo el volcán, y además iba a añadir un tercer volumen titulado Oscuro como la tumba en la que yace mi amigo. La mordida sería una novela sobre su experiencia con la oscura burocracia mexicana. En una carta fechada el 9 de septiembre de 1952, le cuenta a Albert Erskine: "Margerie, que está pasando a máquina La mordida, anda por la página 100 (tendrá en total unas 800)". Por desgracia, Lowry murió antes de completar su ambiciosa trilogía, de explicarnos por qué "el nombre de esta tierra es el infierno".