Malala en sus palabras

La lucha de la joven le ha permitido convertirse en una de las voces más reconocidas en pro de los derechos de los niños a la educación.
Rodeada de sus padres y sus hermanos.
Rodeada de sus padres y sus hermanos. (Cortesía Alianza Editorial)

México

Decían que las mujeres no debían ir al mercado. Decían que las niñas no debían ir al colegio. Malala creció en una pacífica región de Pakistán transformada por el terrorismo. Y se convirtió en un emblema de la lucha de miles, millones de personas por el derecho a la educación, pero en especial, por la búsqueda de la libertad, sobre todo ante los autoritarismos de todo tipo.

Cuando en 2012, Malala Yousafzai recibió un balazo de parte de los talibanes no sabía cuánto habría de cambiar su vida, porque se convirtió en el símbolo de una lucha que no parece tener fin: hace unos días, ante el ataque de milicianos talibanes a una escuela en Pakistán, en el cual murieron más de 100 niños, Malala debió tomar de nueva cuenta el micrófono para calificar el acto de “atroz y cobarde”. “

“Tengo el corazón destrozado por este ataque sin sentido y a sangre fría cometido en Peshawar”, señaló la joven activista, quien cuando apenas contaba con 15 años de edad estuvo al borde de la muerte tras el ataque de un talibán que le disparó en la cabeza a causa de su defensa de la educación femenina.

Su lucha, además de merecerle el Premio Nobel de la Paz en 2014, que compartió con el activista indio Kailash Satyarthi, le ha permitido convertirse en una de las voces más reconocidas en pro de los derechos de los niños a la educación y, en especial, de la libertad de pensamiento de los seres humanos.

Todo, luego de que el 9 de octubre de 2012 en Mingora, fuera víctima de un tentado por un miliciano del TTP, grupo terrorista vinculado a los talibanes, quien después de abordar el vehículo que servía como autobús escolar, le disparó en repetidas ocasiones con una pistola impactándole en el cráneo y cuello, por lo cual debió ser intervenida quirúrgicamente.

Defensora

Malala. Mi historia (Alianza Editorial, 2014), una autobiografía de Malala Yousafzai, escrita en colaboración con Patricia McCormick, se convierte en un acercamiento a la vida y el pensamiento de la joven activista, quien con sus 17 años de edad se convirtió en una de la más jóvenes en recibir el galardón.

Luego de que nadie creía que fuera a sobrevivir, tras los disparos a quemarropa en el autobús, cuando volvía a casa del colegio, Malala describe en el volumen cómo aprendió a defender sus convicciones y luchó por su derecho a la educación, pero en especial habla de la vida de todos los días, de lo cotidiano, de su mejor amiga y de las peleas con sus hermanos menores.

Malala Yousafzai comenzó su campaña por la educación de las niñas a los diez años, cuando el valle de Swat fue atacado por terroristas y peligraba el derecho a la educación. En 2009 escribió sobre la vida bajo los talibanes para el servicio de la BBC en urdu y apareció en un documental de The New York Times sobre la educación en Pakistán.

El libro se ha convertido en una de las mejores herramientas para aproximarse a la vida y la obra de la joven activista pakistaní, quien ha sido recibida por los principales líderes en todo el mundo, y que en el volumen cuenta todos los avatares que ha debido superar en su lucha por la educación para todos, más allá de que en la actualidad viva en Birmingham, Inglaterra, desde donde aboga por el acceso universal a la educación a través de Malala Fund, una organización sin ánimo de lucro que apuesta por programas de gestión comunitaria y apoya a los defensores de la educación en todo el mundo.

En una nueva edición de Malala Mi historia, se incluyen numerosas fotos y otros materiales inéditos, sin hacer a un lado que en la obra se escucha de primera mano la historia de una niña que, desde muy pequeña, sabía que quería cambiar el mundo... y lo hizo.

De alguna manera, la historia de Malala impulsa a creer en la esperanza, la verdad, los milagros y la posibilidad de que una persona, además una persona muy joven, contribuya a desarrollar distintos cambios no tanto en su comunidad, donde las amenazas aún persisten, sino más allá, hasta convertirse en un emblema mundial.

Su pensamiento

“Por la forma en que el mundo me ve, no soy realmente libre para ser como otras jóvenes de mi edad. Cuando tienen un rol público como éste y tantas personas cuentan contigo, creo que siempre debes actuar de la forma que los demás esperan de ti”.

“Para el mundo puede que sea Malala, la niña que luchó por los derechos humanos. Para mis hermanos, soy la misma Malala con la que han vivido y se han peleados todos estos años. Soy simplemente su hermana mayor.”

“Me parece que el mundo entero es como una familia. Cuando uno de nosotros sufre, todos debemos acudir y ayudar. Porque cuando la gente dice que me apoya, en realidad está diciendo que apoya la educación de las niñas.”

“Así que sí, los talibanes me han disparado. Pero solo pueden disparar al cuerpo.
No pueden disparar a mis sueños, no pueden matar a mis convicciones y no pueden detener mi campaña por la escolarización de cada niña y cada niño.”