[Guía visual] Cecilia Vázquez: pasión por lo orgánico

El interés que suscita su reciente libro radica en la perspectiva de una pintora que pertenece a la academia y da clases a universitarios,
Magalí
(Cortesía)

Ciudad de México

Este verano apareció un libro para leerse como agua: Fondo, figura y fondo otra vez de la artista Cecilia Vázquez (Ciudad de México, 1967), acompañado por un texto de Dana Saulnier, artista y profesora, como ella, en Miami University, y por una entrevista realizada por el venezolano Carlos E. Palacios, curador en jefe del Museo de Arte Carrillo Gil. El volumen incluye 50 obras de diversos periodos que hacen lamentar a esta cronista no haber visto, en 2012, su última muestra en el museo de la ciudad de Querétaro. El interés que suscita este libro radica en la perspectiva de una pintora que pertenece a la academia y da clases a universitarios, aunque Vázquez ha incursionado también en la instalación, y tiene la capacidad de pronunciarse sobre su propia obra.

¿Emociones en el arte?

Vázquez no cree que necesariamente deba pintarse sobre las emociones, tema que ocasionó una apasionada polémica el pasado 17 de julio en Bellas Artes, en el marco del Primer Coloquio Iberoamericano de Crítica de Arte: “Veo a mi pintura en esta última etapa como una ofrenda. Creo que pintamos, o deberíamos pintar, sobre cosas que nos importan de manera profunda; no necesariamente sobre nuestras emociones, pero en este caso sí conlleva esa parte. Para mí, sobre todo en esta última exposición, las rosas negras que se alzan en el espacio de la instalación y en los cuadros también, son ofrendas, testamentos. No busco hacer esta imagen literal, pero me interesa que esa idea quede suspendida en el ánimo del espectador”.

Urdimbres y tramas

“Terminé la licenciatura en Artes en 1994. Había hecho varias exposiciones pero en esos años la pintura empezó a perder visibilidad frente a las nuevas corrientes del arte conceptual y postconceptual. […] No podía estar muerta como parecía anunciarse [y] me fui a Boston con una beca Fullbright a estudiar una maestría en el Massachusetts College of Art. Me interesaba mucho integrarme a un programa enfocado en la pintura, […] en un lugar en donde la pintura era una práctica muy vital, como de hecho lo es. En las pinturas de esos años exploré cómo podía conseguirse un registro especial por medio de dispositivos pictóricos, desde una estrategia abstracta, […] lo que hacía investigar el espacio como un asunto cuya esencia se constituye desde su capacidad de ser definido en el tiempo, como una suspensión en el plano. Fue un cuerpo de trabajo sobre la línea, que en su apariencia se manifiesta como urdimbres y tramas”.

Intestinos e hígados

Boston representó para la artista una experiencia crucial porque fue cuando sintió, “de alguna manera, que entraba finalmente a las entrañas de la pintura”, como responde cuando Palacios señala la relación que Vázquez tiene con lo orgánico (intestinos, hígados, etcétera). Por otra parte, Boston fue importante porque conoció a artistas como Pat Adams, Richard Tuttle, Jonathan Lasker y Thomas Nozkowski, entre otros. “Me llamó poderosamente la atención cómo estos pintores podían hacer una obra tan contemporánea, renovando la pintura, desplazándose desde los presupuestos de la abstracción de una manera tan vertiginosa, pero conscientes de formar parte de una tradición”, comenta a Palacios. Pero también porque en esa época el cambio de geografía, como lo llama, le dio la oportunidad de “replantearse la pintura y hacerse preguntas difíciles y tomar riesgos”. No hay arte sin riesgo, y Cecilia Vázquez demuestra esta voluntad de explorar en su libro Fondo, figura y…, en el que nos cuenta el proceso creativo de piezas como “La muerte chiquita”, una instalación en la que el binomio amor-muerte aparece no solo visualmente sino como resultado de una danza de equilibrios visibles en la exploración de las palabras: “ir al amor; ira + morir, ir a morar, a morir…”.


Flores como seducción y como ofrenda

Esa fue la primera vez que la artista colocó flores en una obra: “No lo había hecho y pasó mucho tiempo antes de que volviera a ellas, pero ahora han regresado como protagonistas, […] flores como seducción pero también como ofrenda”. Flores, intestinos e hígados forman parte, finalmente, del vocabulario plástico de Cecilia Vázquez: una combinación arriesgada y real para ir más allá del lenguaje. No dejen de acercarse a este libro en el que figuran, sobre todo, obras realizadas entre 2003 y 2005 y entre 2010 y 2012: “Display”, “Vanity mirror”, “Kiss me”, “Naturaleza muerta en paisaje”, “Geometría blanda” (véase arriba) y “Rosa doble” (amarillo, negro).