Muestran en el MAZ una visión conceptual del maíz

La muestra se enmarca en la edición 5 de Estudio Abierto y en ella confluyen la instalación sonora, bioplástico y siembra agrícola y otros elementos.
Gabriel Rico participa en la exhibición que se inaugura hoy a las 20:00 horas en el MA Z
Gabriel Rico participa en la exhibición que se inaugura hoy a las 20:00 horas en el MA Z (Arllete Solano)

Guadalajara

El Museo de Arte de Zapopan (MAZ) presenta una visión conceptual en torno al maíz, una gramínea originaria de América que está en boca del mundo en sus distintas variedades. En Zea Mays, los artistas Gabriel Rico y Luis Alfonso Villalobos construyeron un jardín de cultivo dentro del museo con tres variedades de la planta que al final del proyecto crecerá a manera del símbolo precolombino de una pirámide.

Esa es la última parte de la exposición a la que el visitante llegará después de haber recorrido dos salas museográficas y un túnel de conceptos. Una de las salas contiene piezas pertenecientes a las colecciones del Instituto Cultural Cabañas, al Museo Regional de Guadalajara y a la Fundación Manuel Álvarez Bravo. En otra el espectador descubre la actividad productiva en México de maíz desde 1900 con 80 millones de toneladas hasta el 2000 con 650 millones de toneladas en una gráfica viviente de enormes dimensiones hecha con bioplástico, un derivado natural que se utiliza para hacer empaques biodegradables.

“Es una instalación específica con elementos que hay en Zapopan, en relación a la historia que había antes de que el museo existiera y tiene que ver con el futuro en relación a esta planta que, aunque la tengas enfrente, es muy incierto porque está desapareciendo, esa es la verdad. Hay intereses mundiales con fuerzas poderosas que quieren que la variedad teozintle y la criolla no funcionen más porque no dan dinero”, explica Gabriel Rico.

La intención de los artistas, como la del museo, es proveer de un amplio sentido informativo y artístico temas a través de lo conceptual. Viviana Kuri, directora del museo ubicado en 20 de Noviembre 166, ha vigilado desde diciembre la construcción del huerto que fue colocado en la segunda planta del edificio. Ahí entre chips de madera y plantas endémicas hay macetas en forma de cajete donde ahora se aprecian plantas de 60, 30 y 10 días de crecimiento, según la variedad.

“Zapopan era la villa maicera del cacique de Tonalá. Recorriendo la historia nos dimos cuenta que el museo está fincado donde hubo siembra y que el desarrollo de la ciudad fue el causante de que el maíz dejara de existir aquí. Nosotros no queremos postular opinión ni a favor ni en contra, eso es lo que sucedió”, dice Rico y puntualiza que el Zea Mays no había crecido en 300 o 400 años en donde fue la villa maicera.

Viviana Kuri advierte que el museo prepara actividades paralelas como parte del espacio para artistas emergentes Estudio Abierto 5. “Vamos a tener un debate al que lo nombramos Round, que es a favor y en contra del maíz transgénico.

Para niños vamos a tener un taller en el que su propio medio es comestible, podrán crear esculturas con masa que se pueden comer.

Y tenemos un taller de gofrados con Joao Rodríguez para que los inscritos conozcan la técnica que usaron los artistas”.

La exposición engloba tecnología, historia y filosofía y utiliza un elemento intermedio que conecta la sección de cultivo con el área museográfica. Se trata de un túnel cuyas paredes son madera reciclada y en el suelo de madera lucen textos tallados, relacionados con conceptos como: Simbiosis, escala, desplazamiento que ofrece una lectura de todo el proyecto.

El cultivo cuenta con un estímulo sonoro diseñado para estimular el crecimiento de las mazorcas con cinco mil hertzios para que el protoplasma se genere. Este sonido es molesto para el humano y hasta le provoca malestares físicos y será usado por Edgar Cobián y Ana Paula Santana, quienes darán un concierto utilizando esta frecuencia. Con la cosecha se realizará una comida y papel, comenta Kuri sobre las acciones alternas.

 

El campo artístico de la tierra

Estudio Abierto se caracteriza porque muestra el trabajo en proceso de los artistas emergentes y por otro lado hace un apéndice a manera exposición colectiva que aportan a la reflexión del tema. Alan Sierra, encargado de esta parte, expone que en esta ocasión “se habla del campo mexicano que es algo que permea nuestra identidad y es visible desde la literatura en Juan Rulfo hasta en la fotografía de Manuel Álvarez Bravo”. Agrega que tomaron el maíz como un factor cultural, así el apéndice se compone con obras del Dr. Atl, Ignacio Aguirre, Ana Luisa Rébora, Francisco Ugarte, Pedro Reyes, entre otros. Subraya piezas como la de Maruch Sántiz Gómez, una mujer indígena de origen tzotzil que en San Juan Chamela, Chiapas en una ocasión pidió prestada una cámara fotográfica y se muestra su obra titulada No tomar agua de donde se lavan las manos al tortear. En el caso de Fritzia Irizar hace una cápsula con el código genético del maíz en una figura forrada en chapa de oro, la cual deja abandonada en una ciudad austriaca, aludiendo al coleccionismo europeo que se esfuerza por conservar piezas valiosas de la cultura mexicana más que en su territorio nacional.