“Me gusta contar historias con la música”: Solomon

El repertorio de la pianista francesa incluye lo mismo a autores como Chopin, Debussy y Ravel, que a Piazzolla, Lecuona y Ginastera.
Estará hoy en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
Estará hoy en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. (Especial)

México

Las presiones en un artista suelen ser muy intensas, al grado de casi impedirle respirar. Así le ocurrió a la pianista francesa Lydie Solomon: con una brillante carrera en la música clásica, decidió retirarse un tiempo para tomar distancia, renacer como cantante de jazz, dedicarse a la actuación y retornar a la música de concierto en la que considera “una segunda vida”.

Ganadora de numerosos reconocimientos, la pianista de 32 años cuenta con un repertorio sin fronteras. Incluye a compositores europeos como Frédéric Chopin, Claude Debussy, Maurice Ravel e Isaac Albéniz, pero también a autores latinoamericanos como Astor Piazzolla, Ernesto Lecuona, Alberto Ginastera y Manuel Saumell, así como sus propias composiciones.

“Un prodigio como se dan pocos”, escribió Thierry Hillériteau en Le Figaro sobre la pianista, que el miércoles ofreció una clase magistral en la Escuela Superior de Música y un concierto en la Sala Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes. Ayer tocó en el Museo Nacional de Arte y hoy se presentará en la Sala Manuel Ponce del Palacio de Bellas Artes a las seis de la tarde.

Solomon tiene una predilección especial por obras que muestran alguna influencia hispánica. Cuando le ofrecieron grabar el disco que tituló Eldorado, con música que va del padre Antonio Soler a Astor Piazzolla, pasando por Debussy, Ravel, Lecuona y otros, decidió contar una historia que va de España a otros países y une diversas épocas. “Me gusta contar historias con la música —dice en entrevista con MILENIO—. Empezamos a buscar autores de América Latina cuyo punto de unión fuera el idioma español y encontramos música de Cuba, México y Perú (yo no conocía a Carlos Chávez ni a Manuel M. Ponce). Todas las obras que toco en el disco fueron golpes de corazón. Tocar a estos compositores fue un acto de justicia artística. Quienes escucharon el disco con el corazón les gustó mucho, incluso tuve críticas excelentes en Radio Télévision Luxembourg y en Le Figaro, así como de críticos de jazz”.

La pianista dice que su retiro de la música de concierto duró tres años, pues “quería tomar distancia respecto a mi carrera, que era muy demandante. Cuando la gente elige algo por ti, se vuelve muy complicado. Escogí el piano a los dos años, pero de repente todo el mundo, los profesores, la familia, fueron muy demandantes. Tenía que participar en concursos y hacer conciertos en grandes salas, lo que me deprimía. No entendía por qué no me parecían artísticos todos los cursos del Conservatorio, muy técnicos, pero no me gustaban desde el punto de vista artístico. Cuando volví a la escena clásica con Eldorado había limpiado todos los aspectos que no tenían que ver conmigo”.

Cuando se alejó de la música de concierto probó cantar jazz, otra forma de crear. “El pianista Thierry Lier y yo compusimos canciones con letras en francés, español, inglés y coreano y ofrecimos conciertos en clubes de jazz de París y otras ciudades de Francia. Fue una experiencia muy linda, y cuando volví a la escena clásica decidí dar todo mi corazón al piano. La experiencia en el jazz fue muy importante para entender aquello que decía Chopin: para entender el piano hay que saber cantar, no como un profesional, sino que sentir la voz es muy importante para entender la expresión en el piano. Cantar fue para mí muy liberador”.