ENTREVISTA | POR MIRIAM CANALES

"El humor no tiene que ser delirante": Luis Pescetti

El cantante y escritor Luis Pescetti.
El cantante y escritor Luis Pescetti. (Tomada de Facebook)

México

Inocencia o malicia. Los adultos, y hasta los niños, se rigen por dos polos emocionales extremos. Luis Pescetti (Argentina, 1958) les canta, tanto a ellos como a sus padres, bajo la influencia del candor y la irreverencia. Cantante y escritor, es mediante sus historias musicales y escritas como conduce a los infantes a un mundo en el cual también juegan la picardía y el humor en una inteligente combinación y para ambos públicos. Prueba de ello son sus libros El pulpo está crudo, Biduí, biduín Natacha y su propia versión de Caperucita Roja, así como sus discos Bocasucia, El vampiro negro y Qué público de porquería.

Converso con el cantautor vía telefónica. Al llamarle hasta Buenos Aires, Argentina, donde reside, suena de manera inesperada —o pertinente según se le quiera ver— el llanto de un niño pequeño al otro lado de la línea:

—Me parece que marqué en un momento inoportuno…

Pescetti se disculpa: —Este que está llorando es mi hijo…

—¿Es muy chiquito? —inquiero.

—Bueno, en realidad tiene 15 años —bromea.

Le pregunto sobre lo que significan para él sus recitales.

—Los recitales de música son como las comidas de la mamá o de la abuelita.

—Sobre todo en México, donde la comida es un asunto tan particular ¿no?

—No, en ninguna parte (ríe). Créeme que cuando vas a comer comida de tu infancia lo primero que quieres es que no sepa tan diferente.

En estos tiempos aciagos en que el humor personal es algo secundario, la pregunta se enfoca en un aspecto autocrítico:

—¿Qué crees tú que nos haga falta para tener más humor y saber reírnos más de nosotros mismos?

—No siempre se tiene que hacer humor de uno mismo. Digamos que tomarnos más ligeramente, más livianamente nuestras cosas. ¿Qué hace falta? Te tiene que ir un mínimo de bien y hay que tomarlo con más ligereza. En términos generales, pues con todo y nacionalidad todos podemos reírnos más de nosotros mismos cuando tenemos un poco de esperanza y vitalidad.

—Justo hablando del tema de la infancia, ¿piensas que la paternidad puede ser un regalo de la vida, y por qué?

—Sí lo es, ¿eh? Un regalo de Dios si crees o de la vida si no crees, pero es algo maravilloso. Si uno lo desea y puede no perdérselo es maravilloso.

—No dije “un regalo de Dios” porque no todos creen en él…

—Primero porque no es una cosa que tú dices “Ay, quiero ser papá” y ya está dado. Puede que pases mucho trabajo para encontrar pareja, para que la mujer quede embarazada, encontrar la posibilidad. Ya que todo se da, es una bendición.

Se le pregunta sobre su paternidad, de la que se niega entrar en detalles excepto para revelar que tiene un par de hijos, pero “hasta ahí voy a hablar”, dice y ríe de nuevo con sutileza.

En 2010 se suscitó en Argentina una polémica sobre el caso de un niño de seis años sometido sexualmente. Mientras que su abuela aportó pruebas, los jueces redujeron la condena al victimario porque el menor “Ya era gay y tenía su sexualidad definida”. Pescetti divulgó en 2015 una carta dirigida al pequeño para reconfortarlo diciéndole, entre otras cosas: “El mundo es mucho, mucho más grande que ellos (los jueces) y vos tenés derecho a vivir una vida libre de miedo y enojo”.

—¿Qué otras cosas le dirías a otros niños víctimas de la violencia?

—Lo que pasa es que los jueces liberaron al culpable y ahí le escribí la carta. Es que es difícil hablar genéricamente. En mi página de Facebook hay varias cartas destinadas a casos así…

—En tu libro El pulpo está crudo hay un cuento tuyo que me gusta mucho, llamado “La perra y la señorita” (donde los perros sacan a pasear a sus amos). En este cuento manejas un humor muy delirante. Me recordó a Monty Python ¿Te gusta?

—Parece que los perros sacan a pasar a sus dueños y no al revés. Por definición se me ocurrió eso. Tú de repente ves a alguien en tu barrio y dices: “este señor no estaría caminando a esta hora de la noche si no fuera por su mascota”. Andar con un perro es una moda en todas partes por los grandes centros urbanos, no solo en la Ciudad de México. Hay personas que tienen una relación muy especial con sus mascotas. En cuanto a Monty Python me gusta muchísimo. Ellos para mí son un gran referente. En general creo que el humor no tiene que ser delirante necesariamente. Algunas veces lo amerita la situación y en otras el humor tiene que ser más dulce, más cándido y depende de las circunstancias, de dónde y con quién estás, pero a mí me gusta el humor sin sentido, el non sense inglés. Me gusta jugar con eso, ensayarlo, practicarlo.

—El humor que tú manejas, aunque sea para niños, también tiene irreverencia.

—Sí, pero los niños siempre son bastante irreverentes en relación a la autoridad.

—Se tiene la idea tiene de que para hacerlos reír se debe ser muy, muy inocente, casi rayando en lo ingenuo.

—Las dos cosas, ni que sea algo “muy acá” ni lo otro.

—¿Qué consejo le darías a los adultos como nosotros que ya no nos conectamos con el niño interior?

—Soy muy malo para los consejos y estoy más cerca de preguntar. En todo caso, creo que los adultos estamos cerca de nuestro niño interior cuando nos mostramos caprichosos o inseguros por tonterías o por cosas pequeñas que nos parecen demasiado grandes. Siendo ingenuos, cándidos y siendo menos suspicaces, todo eso ayuda a acercarse más al niño, pero solo con personas seguras.

—Parece que nos conectamos más con lo negativo…

—Ser más ingenuo y cándido funciona, con tu pareja, tus hijos…

—¿Sabes que la palabra “ingenuo” no es bien vista en estos días?

—Sí, porque queremos parecer muy “chidos”.

—La sociedad es ahora muy de que “nadie me ve la cara.

—Bueno, si vas a pedir aumento de sueldo no seas ingenuo con tu jefe, pero mientras estés con tus hijos o tu pareja sí sé más inocente.

Pescetti finaliza la charla cuando el llanto de su hijo también cesa; no es extraño, cuando él sabe transformar con sus palabras el llanto en risas en todos los sitios donde se presenta.