Luis Herrera de la Fuente (1916-2014)

Vibraciones.
Vibraciones.
(Especial)

Ciudad de México

I

“En cierta ocasión en que entrevisté a Luis Herrera de la Fuente en su oficina de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, de la que fue titular, le mencioné que con la Sinfónica Nacional había estrenado Carmina Burana, una obra de la que Alejo Carpentier había escrito en El Nacional de Caracas, en 1958: ‘Nos había agarrado por sorpresa con sus ingeniosas ocurrencias de estilo arcaico–moderno’. La repuesta del maestro fue sencilla y contundente: ‘Qué buen ojo tuve, ¿verdad?’ ” (José Alfredo Páramo, escritor melómano).

 

II

Luis Herrera de la Fuente compuso de joven obras dodecafónicas (las primeras en México) con la certeza de que inventar música era su camino. Al poco tiempo hizo arder esas obras precoces en una pira y cambió el rumbo. Celibidache fue el culpable; le mostró otra dimensión musical: comandar la expresión de una partitura. Herrera de la Fuente lo entendió como una misión esotérica. Nunca interpretar; algo mucho más sagrado: “hacer que el músico hable para que nos diga qué es su música”. Se le hacía intolerablemente grosero que un director encabalgara sus opiniones a las de, por ejemplo, Beethoven. Y a eso dedicó sus años de mayor vigor: a dirigir sin intromisiones.

 

III

“Difícilmente podría entenderse la vitalidad de la música en México durante el siglo XX sin la presencia y excelencia artística de Luis Herrera de la Fuente. Sus intereses fueron varios: la dirección y la composición, la reflexión inteligente y la difusión. Pertenece a una generación de intérpretes orientados a la búsqueda de la esencia de la música y no a una perfección de orden meramente técnico. A lo largo de su vida se interesó por la obra de los jóvenes compositores mexicanos estrenando sus trabajos en las principales salas del país. A él le debemos también el estreno en México de autores ya clásicos hoy día: Lutoslawski, Penderecki, Xenakis y Ligeti” (Mario Lavista, compositor).

 

IV

Desde dentro de la música, Luis Herrera de la Fuente hizo funcionar, sin ser obvio, todos los elementos (estructura, precisión, matemática, etcétera) para que pudiera expresarse a sí misma. Hacia fuera construyó (como la Filarmónica de las Américas) atmósferas incluyentes y de puertas abiertas en las cuales la música pudiera manifestar su importancia social y educativa.

En nombre de la música (“la más pura y elevada manifestación del alma humana”) libró feroces batallas con el poder y el dinero. Cuando un ministro de Hacienda le preguntó “¿Para qué queremos una sinfónica?”, él respondió: “Ese es el encargo que me hace el Estado; si me encargara la cría de pollos, querría que los más sabrosos pollos del mundo fueran los  pollos mexicanos”. Y argumentando así siempre consiguió, con hombres de política y negocios, lo que buscaba.

 

V

“Un pensador musical profundo que siempre incitó a jóvenes compositores a escribir, durante muchas generaciones” (Tomás Barreiro, compositor).

 

VI

Quienes lo odiaron buscaron herirlo, a falta de argumentos artísticos, burlándose de su rostro y apellido (“Errado de la Frente”) o con el apodo “Señor Chambritas”, en alusión a que su estilo de dirigir parecía, dijo una culebra, el de una mujer tejiendo.

 

VII

“Su manera de dirigir era directa, muy enérgica, sin adornos. Lo mismo pienso de sus composiciones, que me parecen gozosas y dignas representantes de una tradición. Fue un músico completo y honesto” (José Miguel Delgado, compositor).


VIII

“Así como otras actividades cancelaron para mí la composición, no sé si pueda llegar el fenómeno inverso: que el volver a componer música me haga cancelar todo lo demás, que es lo que más me gustaría y lo mejor que me podría pasar”. Y ocurrió. El fenómeno se invirtió: Luis Herrera de la Fuente dedicó a la composición los últimos años de su vida. Destacan el Concierto para piano y orquesta y la Segunda Sinfonía. Son obras “plenas de imaginación y fantasía”, en palabras de Mario Lavista.

 

IX

“Recuerdo una Séptima Sinfonía de Shostakovich en la que el tempo había sido velocísimo, más de lo acostumbrado en grabaciones no rusas y en otras interpretaciones en concierto que había escuchado. Y cuando le expresé mi extrañeza hacia sus tempi, me respondió (en un camerino de la Sala Nezahualcóyotl): ‘Pura partitura, solo hice todo lo que está en la partitura’ ” (Luis Pérez Santoja, cronista y crítico musical).