Presentarán libro sobre Luis Herrera de la Fuente

Fernando Díez de Urdanivia recuerda que el músico "siempre dijo que su verdadera vocación fue la de compositor, no la de director".
Uno de los principales conductores de la Orquesta Sinfónica Nacional.
Uno de los principales conductores de la Orquesta Sinfónica Nacional. (Luis Jorge Gallegos)

México

Los estudiantes de música en México no tendrían que recordar a Luis Herrera de la Fuente: deberían conocerlo, pues en la actualidad si se les pregunta quién fue el ex director de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) no saben responder, dice Fernando Díez de Urdanivia, autor del libro Luis Herrera de la Fuente, su entorno, su vida, su legado (Luzam), que será presentado hoy a las 12:00 horas en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Este no es el único caso de un músico mexicano importante que es desconocido por la gente: "Pregunte usted por cualquiera de los considerados de primera línea y nadie sabe quiénes son. He dicho siempre que los mexicanos somos los mejores enterradores del mundo. Hemos enterrado a muchos artistas. Tenemos una falta de cultura general terrible", menciona el autor.

Juan Rulfo, por ejemplo, tuvo buena suerte porque hizo una obra pequeña. Pero al preguntar por otros artistas es doloroso saber que la gente los desconoce: "Quiero saber cuántas personas de la que se dicen muy cultas saben de los hermanos Revueltas: Rosaura, José, Silvestre y Fermín", explica el autor.

En entrevista con MILENIO, dice que el legado del músico no solo es musical: "Era un ser humano fuera de serie. Para el medio musical mexicano y la OSN fue una especie de descanso positivo. Le dio la vuelta al repertorio musical del país. Fue reconocido como director, pianista, promotor musical y funcionario del INBA".

En la presentación del libro participarán Emilio Cárdenas Elorduy, María Teresa Castrillón, Luis Javier Herrera Andrade y el propio autor. El cuarteto Clifton, integrado por Serguei Gorbenko, Adrienne Galdi, Angel Medina y Gregory Daniels, interpretará su Cuarteto para instrumentos de arco "A Leonardo Nierman".

La publicación, que se presentará el mismo día que Herrera de la Fuente cumpliría 99 años, está dividida en tres partes. La primera, "Índice de semblanzas", contiene textos escritos por diversos autores; en la segunda, "Así lo recuerdan", hay materiales de Hugo Hiriart, Fernando Lozano y Carlos Prieto; de sus hijos Luis Javier, Magdalena y Víctor Herrera, y funcionarios públicos como Rafael Tovar y de Teresa, Sergio Vela e Ignacio Toscano, entre otras personalidades.

La tercera, "Hablemos de su vida", hay una cronología, una biografía y dos entrevistas. Tiene una subsección, "Pasos por el orbe", en la que se revisan los lugares por los que pasó Herrera de la Fuente con su batuta.

"En la publicación se descubre algo importante: Herrera de la Fuente siempre dijo que su verdadera vocación fue la de compositor, no la de director. A lo largo de su carrera tuvo la duda de ser director o compositor. Tiene una obra respetable como compositor, pero se toca poco, porque la música mexicana se interpreta poco en el país".

Recordando al amigo

Herrera de la Fuente y Díez de Urdanivia se conocieron en la Academia Johann Sebastian Bach: "Solía ofrecerle a Luis, y a quien después sería su mujer, Victoria Andrade, llevarlos a sus respectivas casas en mi coche; pero alguien, no recuerdo quién, pasaba por ellos", recuerda el periodista.

A partir de esa época comenzó una amistad que se prolongo hasta la muerte del director: "Él fue un gran conversador. Cuando trabajé en el INBA como encargado de los espectáculos de provincia, viajaba mucho con la OSN, y no necesito decir quién era mi compañero de viaje en el coche".

Cuando llegaban al destino en el que tendrían que actuar, explica, le daba mucho coraje porque ya no tenía más temas de conversación. Sin embargo, asegura, fueron grandes amigos: "Le tuve una enorme estimación por su categoría musical. Sus valores musicales eran muchos. Era un hombre que hablaba tres o cuatro idiomas: inglés, francés y alemán", puntualiza.

Lo más importante, destaca el escritor, era su simpatía. Nunca estaba enojado y apagado: "La única vez que lo vi triste fue cuando murió su esposa. Fue la única vez que lo vi apagado".

"Lo que más recuerdo de él era su conversación. Hablaba de lo que fuera. Era un hombre muy culto. Te platicaba de lo que fuera. No tenía una agenda preestablecida. Solía relatar hechos que la mayoría de los que estábamos a su alrededor no sabíamos. A lo largo de la vida le hice dos o tres entrevistas, que en realidad eran pláticas de automóvil", puntualiza Díez de Urdanivia.