Luis H. Álvarez a través de sus libros

Pilar de la derecha en México, plasmó en papel sus historias, ideas y reflexiones en torno a la política mexicana de su tiempo
Luis H. Álvarez
Luis H. Álvarez

México

En un pasaje de Medio siglo. Andanzas de un político a favor de la democracia (Plaza y Janes, 2006), Luis H. Álvarez narra la tensión que se palpaba en los días previos a las elecciones estatales de 1956 en Chihuahua. Prócer del Partido Acción Nacional, el político denunció en ese libro de memorias un “derroche insultante de dinero en una propaganda oficial desmesurada y ostentosa”.

Esas líneas resumen el temperamento del hombre que, como Gandhi, alguna vez cifró sus inconformidades políticas a través del castigo contra sí mismo. En 1986, después de las elecciones estatales en Chihuahua, el panista asumió una huelga de hambre de 40 días a manera de protesta contra el fraude electoral. Un año después sería electo presidente nacional del PAN. Medio siglo reúne sus memorias sobre el contexto político mexicano durante la segunda mitad del siglo XX y los episodios que forjaron la trayectoria del hombre que fue candidato presidencial en 1958.

Si Medio siglo es el más personal de sus textos, La política: júbilo y esperanza —publicado en 2014 por el FCE— pertenece a una lógica más bien fraternal. El libro concentra la correspondencia que don Luis —como lo llamaban los simpatizantes de Acción Nacional—sostuvo, por 14 años, con Manuel Gómez Morin, fundador y primer presidente del PAN. Ese diálogo epistolar muestra la profunda admiración que Álvarez sentía por Gómez Morin, a quien describe no sólo como uno de sus mejores amigos, sino como un segundo padre.

Un preámbulo a las conversaciones entre ambos políticos describe su primer encuentro: narra Álvarez que, en abril de 1956, durante una reunión panista en la que se elegiría al candidato que disputaría el gobierno de Chihuahua, Gómez Morin, dotado de un “bien ganado prestigio y apuntalado por su brillante trayectoria intelectual”, se acercó a él  para ofrecerle formar parte de la lista de precandidatos. Aunque nunca antes se habían visto en persona, la buena reputación de Luis H. Álvarez despertó en el fundador del partido una forma de la confianza: el buen presentimiento. Aquel momento representa el inicio de su trayectoria política.

Reformador de la derecha mexicana, Álvarez moldeó buena parte de su perfil político a través de sus discursos. En 1988, cinco años después de que se convirtiera en el primer alcalde de oposición de Chihuahua tras un periodo de asueto político, se publicó el libro Memoria y esperanza, donde se compilan, a manera de homenaje, los discursos e intervenciones que pronunció entre febrero de 1987 y agosto de 1988.

Cuando Vicente Fox asumió la presidencia en el naciente siglo XXI, Luis H. Álvarez fue nombrado Comisionado para la paz en Chiapas. Ya en 1994, en los albores del levantamiento armado, había mostrado su interés en apoyar la causa zapatista. Ernesto Zedillo sugirió la creación de una comisión legislativa —la Comisión de Concordia y Pacificación— que interviniera en las negociaciones entre el gobierno federal y el EZLN.  Álvarez asumió la presidencia de esta comisión durante seis años y durante el sexenio de Felipe Calderón fue director de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Esos antecedentes revelan su interés en los asuntos indígenas, particularmente los chiapanecos.

En 2012, el FCE editó y publicó Corazón indígena. Lucha y esperanza de los pueblos, un libro en el que Álvarez expone sus reflexiones sobre la lucha contra la desigualdad y el quehacer político que se ocupa de ello. Además narra su versión de las negociaciones entre el gobierno y el Ejército Zapatista. Resulta revelador que en este texto el panista se exprese con cariño de algunos políticos de izquierda —Heberto Castillo, por ejemplo— y que defina un tono más bien formal hacia el resto de sus colegas.