Luis Reyes de la Maza (1932-2014)

Luis Reyes de la Maza murió hace unos días, noticia no recogida más que por Álvaro Cueva en una página de espectáculos y por algunos de sus amigos en redes sociales.
Crítico e Investigador de artes escénicas.
Crítico e Investigador de artes escénicas. (Especial)

México

En el nombre de Dios hablo de teatros, y Él ponga tiento en mi pluma, pues si no lo remienda Su Divina Majestad, diré disparates a roso y velloso, que es materia resbaladiza de suyo y para escritores noveles rasgosa como caminar en mi tierra por diligencia”. Con tal cita de Guillermo Prieto comenzó su labor crítica en diarios Luis Reyes de la Maza, uno de los investigadores teatrales más importantes de la segunda mitad del siglo XX, enamorado a su vez del decimonono: “Y yo hago mías esas palabras ahora que, con audacia, me lanzo de lleno a estos difíciles menesteres, convencido de que ni siquiera la Divina Majestad en la que confiaba Prieto me salvará de decir ‘disparates a roso y velloso’”. Y confesaba que el papel del cronista teatral era igual al del “cuetero” y no quedaba bien con nadie.

Luis Reyes de la Maza murió hace unos días, noticia no recogida más que por Álvaro Cueva en una página de espectáculos y por algunos de sus amigos en redes sociales. Como en tales ámbitos ya se destacó la extensa trayectoria de don Luis en las telenovelas mexicanas (Rina, Mundo de juguete, etcétera), yo me apresuro a ponderar al investigador teatral que historiografió con pasión desbordada el acontecer teatral y espectacular del siglo XIX mexicano. La importancia de Reyes de la Maza es igual a la de Enrique de Olavarría y Ferrari, a la de Antonio Magaña Esquivel o a la de Armando de Maria y Campos. Recuperó con minuciosidad un siglo de crónicas teatrales y nos permitió no solo la lectura de la vida escénica decimonónica sino también la de la construcción de la nación. En las páginas de sus 14 volúmenes dedicados a ese periodo se demuestra que la política y el devenir histórico pueden leerse desde lo teatral en un momento en el que ese arte era el gran generador de opinión. Este país no podría pensarse como es sin la intervención del teatro en las tareas evangelizadoras desde el siglo XVI, y en la construcción de una identidad nacional al estallar la guerra de Independencia. No en balde Miguel Hidalgo y Costilla fue un teatrero aficionado, como consignó el historiador Luis Castillo Ledón.

Clementina Díaz y de Ovando escribía en el prólogo de Circo, maroma y teatro: El teatro en México 18010-1910 (UNAM, 1985): “Otra de las virtudes […] es la amenidad y gracia en el estilo…”. Las cerca de tres mil páginas de sus libros, aderezando las crónicas con un finísimo humor, hacen de Reyes de la Maza un investigador imprescindible que seguirá dialogando con las generaciones futuras. Descanse en paz.