ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ

"La democracia se ha vaciado de significado": Luigi Amara

El escritor Luigi Amara.
El escritor Luigi Amara. (Omar Meneses)

México

Luigi Amara se ufana de no obedecer horarios laborales desde hace 10 años. "Eso no quiere decir que no trabaje mucho", matiza. Poeta y ensayista, ha hecho del ocio y la divagación dos de sus laboratorios creativos. Gracias a su disciplinado ejercicio, ha publicado más de una decena de títulos, siendo el poemario Nu)n(ca (Sexto Piso), el más reciente.

En sus libros presume de ser un buen divagador...

Todo escritor y artista tiene la disposición a entender y ocupar el tiempo de diferente manera. En mi caso es algo que proviene de la infancia, periodo donde el tiempo no está ceñido por la obligación o el deber. Incluso hay una nostalgia de esa época por la distensión.

Aunque siempre está la escuela para acotar el tiempo...

Sí, pero en general me gustaba. Era más o menos aplicado.

¿En todo?

Sí, salvo en historia y geografía.

¿Deportes?

Bien, me gustan.

¿Qué practica?

Juego squash, hago natación.

¿El futbol?

Me gusta pero tiene mucho que no juego. Ya estamos rucos y es difícil juntarse. Cuando hay una liga de por medio se vuelve como un trabajo más o una obligación.

¿A qué equipo le va?

A los Pumas, desde siempre. No sé bien por qué. Creo que por las melenas y una idea un tanto estrafalaria de los futbolistas.

Tiene un libro llamado "Historia descabellada de la peluca". ¿Alguna obsesión con el cabello?

Me atrae la idea de modificar la identidad a través de la autotransformación y el pelo es una vía para lograrlo.

¿No le interesaron los tatuajes?

Me interesaron pero no tanto porque creo que son demasiado tajantes. Uno puede arrepentirse, cambiar, cambiar de disfraz. El tatuaje te ata a una decisión.

¿La escritura transforma?

Esa es una de las razones para escribir. Sin esa posibilidad no llamaría tanto la atención la escritura o la actividad artística. Como dice Montaigne: "Yo he hecho mi libro tanto como mi libro me ha hecho a mí". Es una ida y vuelta. En general los escritores que me atraen han tenido esa apertura, esa disposición. El ensayo ha tenido siempre ese horizonte. Es difícil encontrar un ensayista que no entiende la escritura como un proceso de autotransformación.

¿Y la transformación es para bien?

O para mal. Eso no se sabe. Del mismo modo que salir a vagabundear o divagar mentalmente no sabes a dónde te va a llevar. Tienes que estar alerta a lo que suceda.

En su caso, ¿a dónde le lleva?

Habría muchas maneras de responder eso, pero una de ellas es este camino antilaboral, de intentar vivir al margen de horarios establecidos. Hay un sueño que viene de los románticos del siglo XIX: si la sociedad no se puede cambiar en su conjunto, cambia al menos tu propia vida. Esa es una aspiración difícil pero creo que muchas de las búsquedas artísticas y literarias del siglo XX apuestan por una revolución en la vida cotidiana. Lo grave es que muchas veces terminan siendo proyectos muy individuales y aislados.

¿Es anarquista?

El anarquismo ha tenido ideas parecidas pero hay distintas maneras de entenderlo. Me seduce el anarquismo de John Cage, pero más bien creo que es situacionista.

¿Sistemas como la democracia no lo seducen?

La democracia tal como subsiste en la actualidad promueve la desigualdad, la injusticia, los abismos económicos. Se ha vaciado su significado y ya no sabemos muy bien qué significa.

¿Vota?

He votado y he anulado. Tengo credencial de elector y a veces voy a las urnas con un sentimiento de decepción antes, durante y después de todo el numerito.