Celebran el legado jazzístico de Louis Armstrong

Su casa, convertida en museo, incluye la trompeta que le regaló Jorge V, rey de Inglaterra, portadas de discos, documentos y fotografías de varias épocas.
Louis Armstrong y su esposa Lucille.
Louis Armstrong y su esposa Lucille. (Especial)

Nueva York

En una tarde calurosa, entrar en la casa de tres pisos que habitaran Louis Armstrong y su mujer Lucille en el barrio de Corona, en Queens, Nueva York, es reconfortante. Aparte de la frescura que aporta el aire acondicionado, lo que invita a serenarse es la atmósfera de paz, especialmente cuando se esparcen, en su propia voz, los recuerdos de uno de los músicos más queridos en el mundo.

A esta casa, especialmente al porche y a la escalera de la entrada, además de sus amigos músicos, asistieron muchas generaciones de visitantes que convivían con el ser humano cálido, no con la estrella del jazz. “Somos como una gran familia —dice en una grabación la voz tierna y cavernosa de Armstrong—. Los abuelos, los padres, los hijos y los nietos, todos vienen a ver al tío Satchmo y a la tía Lucille. Por eso canto: Escucho el llanto de los bebés, los veo crecer/ Aprenderán mucho más de lo que yo sé/ Y pienso para mí mismo: qué mundo tan maravilloso”.

Los visitantes a la Casa Museo —alrededor de 10 mil por año—, sin importar edad, sexo, condición social o país del que provengan, invariablemente responden con una sonrisa ante ese y otros estímulos que la casa ofrece desde que abrió sus puertas en 2003. Después de todo, Armstrong nos legó un mundo maravilloso.

Enid Ford, guía voluntaria, dice que la visita al museo “es para los músicos como una peregrinación; para los trompetistas lo es. Ningún recorrido es igual, todo depende de quién venga y qué le interese. Hoy el Canal 7 grabó a John Douglas Thompson, actor que hace el papel de Armstrong en la obra de teatro Satchmo at the Waldorf, y otro día vino uno de los Neville Brothers. Nunca sabes quién va a venir”.

En la planta baja se puede ver la muestra 20 años del Archivo Louis Armstrong, que incluye la trompeta que le regaló en 1933 Jorge V, rey de Inglaterra, portadas de discos y libros, documentos y fotografías de varias épocas, estuches de los instrumentos de su banda, cajas con las cintas de grabación que adornaba con collages realizados por él mismo y hasta una muestra del famoso laxante herbal Swiss Kriss, que consumió gran parte de su vida.

El archivo que Lucille Armstrong legó a la Fundación Educativa Louis Armstrong, que es administrada por la Universidad de Queens, se abrió oficialmente en 1994. Los objetos y documentos que poseía la viuda están ahí, pero han sido enriquecidos con nueve colecciones. Entre ellas destacan la de Jack Bradley, fotógrafo y amigo de Satchmo, la colección más grande sobre el músico en el mundo, y la Gösta Hägglöf, la más importante en Europa en lo que a objetos se refiere.

Ford, quien se dedicó cuatro décadas a la enseñanza de niños ciegos, cuenta que muchas veces vio a Armstrong en televisión. “De hecho se presentó en mi universidad en 1960. Fue a tocar con sus All Stars y para mí fue un gran impacto. Era un hombre muy amigable que se relacionaba bien con gente de todas las edades”.

Un espíritu humilde

Admiradora del trompetista, Enid afirma que Satchmo —como se le conocía al músico— “desarrolló la música de jazz y la llevó a un nuevo nivel. No creo que haya nadie como él”. Y a pesar de ser popular en todo el mundo, conservaba un espíritu de humildad que le acompañó toda la vida. Refiere la guía que cuando su esposa le mandó la dirección de la casa que ella había elegido, llegó en taxi, pero no podía creer que fuera el dueño de un lugar así. Entonces le dijo al taxista: “Deja que corra el taxímetro, voy a tocar, creo que mi esposa me dio una dirección equivocada”. Pero Lucille abrió la puerta y allí vivieron el resto de sus días.

La cuarta esposa de Armstrong, bailarina del Cotton Club que se había criado en Queens, buscó una casa en el que había sido su barrio para mantener el contacto con el ambiente en el que se había criado, explica la guía. “Sabía que iba a estar mucho tiempo sola, mientras su esposo andaba de gira, así que eligió un lugar donde se sintiera a gusto”.

El visitante no se siente un intruso, pues prácticamente la casa está como cuando vivía el matrimonio Armstrong, con los retratos de Louis y Lucille en la pared, así como un retrato del saxofonista Gerry Mulligan, adquirido por el trompetista. Está también la cocina de color azul que tanto revuelo causa hasta nuestros días, el estudio de Satchmo, con su equipo de audio y las grabadoras en las que realizaba sus antologías de la música que más le gustaba, así como el jardín donde solía reunirse con sus amigos cuando no andaba de viaje.

En uno de los folletos se nos recuerda que “a través de los años, Louis entretuvo a millones de personas, desde jefes de Estado y la realeza hasta a los niños que se sentaban en la escalera de su casa en Corona. A pesar de su fama, se mantuvo un hombre humilde y tuvo una vida sencilla en un barrio de la clase trabajadora. Hasta el día de hoy todos aman a Louis Armstrong: de solo mencionar su nombre la gente sonríe”.

Los materiales que resguarda la Casa Museo Louis Armstrong se pueden revisar en un catálogo en línea en la página www.louisarmstronghouse.org. Allí, por ejemplo, se advierte que existe un álbum que contiene, entre muchas cosas, fotografías de su viaje a México en 1968, donde se le ve cenando con su esposa y otras tres personas. “Noche maravillosa”, escribió el músico sobre esta velada.