[Multimedia] Cosas de familia

Muy popular entre la aristocracia europea, Hans Rausing fue juzgado por su negligencia y condenado a 10 meses de prisión.
Hans Rausing y su fallecida esposa Eva.
Hans Rausing y su fallecida esposa Eva. (AFP)

Ciudad de México

Vivir entre algodones mientras se come caviar con cuchara de oro tiene sus bemoles. Se vive bajo la mirada curiosa de los demás, huyendo de los periodistas, los paparazzi, los pedigüeños. Prácticamente la misma vida de los pobres eternamente perseguidos por los cobradores, solo que se huye a bordo de un Rolls-Royce. Así ha transcurrido desde siempre la existencia de los Rausing. De origen sueco y afincados en Londres, amasaron una fortuna enorme a partir de sus negocios con los empaques de cartón Tetra Pak que acabaron en su momento con los envases de vidrio. Su apellido está asociado con las más grandes fortunas de Europa, y han llegado a estar sobre la corona británica en materia de bienes y billetes. Sin embargo, una de las joyas más preciadas de la familia es Hans. Aficionado a las drogas de manera extrema, nunca echó de menos a su mujer, Eva, desaparecida en mayo de 2012. Cuando la halló la policía en su mansión londinense llevaba dos meses entre montones de ropa y basura. Había muerto de un pasón de coca antes de cumplir los 50. Conviviendo durante semanas con el cadáver en estado de descomposición, Hans ni se enteró de su ausencia. Muy popular entre la aristocracia europea, el multimillonario fue juzgado por su negligencia y condenado a 10 meses de prisión, pero consiguió su libertad a cambio de someterse a un tratamiento para superar sus adicciones.

Dos años más tarde, en 2014, organizó en Londres, a sus 50, una fiesta muy concurrida por todo tipo de glamorosas celebridades para festejar su matrimonio reciente con Julia Delves Broughton, una funcionaria del más alto nivel en la casa de subastas Christie’s. Para entonces Eva ya era un esqueleto en el armario de Hans. Sin embargo, alguien en la familia la mantiene viva en su memoria. Sigrid, la hermana mayor de Hans, participó hace unos días en un programa radial británico. Pidió que le tocaran una canción que lleva por título “El último adiós” porque le recordaba a su difunta cuñada.

Sigrid aprovechó la ocasión para relatar todas las desgracias que ha llevado Hans a la muy acaudalada familia con sus adicciones. Ella misma ha sufrido depresiones graves que la han llevado a tasajearse los brazos, mientras intentaba ayudar sin éxito a su hermano. Pero sorprendió a los escuchas con una confesión aún más dramática: había probado muchas clínicas de rehabilitación para sacar de las drogas a los ricachones, conocía a los más reputados especialistas, pero nada servía. Lo que quiso decir en realidad es que Hans sigue en las mismas.

Pero hay que ver cómo Dios los hace y ellos se juntan. Julia, la flamante nueva esposa de Hans, también tiene un armario lleno de esqueletos. A los dos años su hermano John murió ahogado en la piscina familiar, su abuelo se suicidó al cabo de un juicio por asesinato y su hermana bebió insecticida hasta morir, frente a sus invitados, en el curso de una fiesta que organizó en su casa de campo.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa