Los Herrera Cano contra Pancho Villa

'La sangre al río. La pugna ignorada entre Maclovio Herrera y Francisco Villa' (Tusquets, 2015), un sorprendente relato de Raúl Herrera Márquez.

México

En cuatro años, entre 1916 y 1919, la familia Herrera Cano perdió a cinco de sus seis integrantes varones durante la Revolución mexicana, pero esa revolución tenía un nombre para ellos: Francisco Villa, quien había prometido acabar con toda la familia, y por poco lo logra, recuerda el escritor Raúl Herrera Márquez, autor del libro La sangre al río. La pugna ignorada entre Maclovio Herrera y Francisco Villa, aparecido bajo el sello de Tusquets.

Una historia que se contaba de formas muy diferentes, incluso una parte muy significativa de las viudas y los huérfanos que quedaron de ese enfrentamiento optó por nunca contarla "y cuando se les hacían preguntas, por ejemplo a mi tía María Galindo, la esposa de Maclovio Herrera, simplemente respondía 'de esas cosas no se hablan, son cosas muy tristes'".

Villa había condenado a los seis hermanos Herrera y a su padre: José de la Luz Herrera y Jesús, Luis, Concepción, Maclovio, Zeferino y Melchor por haberse pasado al bando carrancista; solo Jesús quedó con vida y fue uno de los encargados de tramar la muerte del llamado Centauro del Norte.

"En mi casa, mi abuela y mi padre tomaron la decisión de contarla como una catarsis; ellos la contaban y la contaban y la volvían a contar, porque inconscientemente se estaban limpiando de aquella tragedia que habían vivido en sus juventudes; mi tía Celia Herrera fue más allá y en los años 30 hizo una investigación por todas las poblaciones por las que había andado Francisco Villa causando desmanes y publicó un libro, en 1939, con testimonios de las víctimas, de los deudos".

¿Cuáles eran sus objetivos al contar esta historia, sobre todo en una época en la que se ha buscado ofrecer una imagen distinta de la figura de Villa?

El proceso de exoneración de Villa lleva ya muchas décadas, empezó desde antes de la mitad del siglo pasado. Ahí se dieron muchas cuestiones que tenían que ver con intereses personales o de grupo. Había quienes al estar defendiendo a Villa, defendían lo que ellos mismos había hecho como sus seguidores; había quien al exaltar su figura se beneficiaba. He escuchado a quienes dicen que a Villa se le calumnió cuando se contó que quemaba mujeres vivas y, curiosamente, a raíz de la publicación de mi libro, han aparecido algunos descendientes de mujeres quemadas vivas. En el libro de Katz, por ejemplo, se le dedica mucho más espacio al relato del argumento de una película sobre Villa, que al relato del asesinato de todos los varones de San Pedro de la Cueva o de las 90 soldaderas en Santa Rosalía, que vienen en párrafos muy pequeños.

"Sin embargo, entiendo que públicamente se vea el libro como uno sobre Villa, pero para mí es una historia sobre lo que sufrió mi familia en la Revolución y lo que muchas otras familias sufrieron".

Una familia anónima

En La sangre al río, Raúl Herrera rescata la memoria de la familia, a través de un enfoque que fusiona la microhistoria y una suerte de ficción real, de ahí que el mismo autor la definiera como "una novela verdadera". Descendiente de los generales revolucionarios Maclovio y Luis Herrera, escuchó la trágica historia de la relación de Villa con su familia y siempre tuvo interés en preservarla, pero no se decidió sino hasta 1999, cuando apareció un artículo con motivo de la publicación del libro Villa, de Friedrich Katz, y se habló de que "se irían al cesto de las cosas inútiles los libros que habían propagado la leyenda negra de Villa, como el de Celia Herrera, mi tía, 'integrante de una familia ultimada por Villa'".

"Ahí sí pensé: no era una familia anónima, genérica; habían sido hombres que dejaron viudas, que tenían a su familia, a sus hijos, y que dejaron detrás una terrible estela de dolor y de pobreza, pero no fue sino hasta el proceso de escritura que me di cuenta que lo que le había tocado vivir a mi familia representaba lo que habían sufrido muchas otras familias en la Revolución, en particular a manos de Francisco Villa."

Es un conflicto político, pero también pareciera económico: ¿cuál fue el centro del problema entre Maclovio Herrera y Villa?

Ellos habían suscrito el Plan de Guadalupe, lo que proponía crear un ejército constitucionalista que luchara hasta derrotar a Victoriano Huerta, y que después, ya en la paz convocara a elecciones y se restableciera la vida social. Ocurrió que Villa y Carranza tuvieron sus posiciones y Villa tomó la decisión de seguir por su propio camino, separándose de los preceptos del Plan de Guadalupe. Ellos insistían que se habían comprometido a derrotar a Huerta y procedía resolver las diferencias en la paz.

"Ese diálogo telegráfico que tuvo mi tío Maclovio con Villa ya fue inútil, Villa había desconocido a Carranza, de modo que era un esfuerzo inútil, y no tenía tanto que ver con lo otro. El que estaba luchando que no se diera la división era mi bisabuelo, pero no era por la hacienda, sino porque venían de una condición de mucha pobreza y les había costado mucho esfuerzo levantarse. Ya para 1905-1910 había logrado convertirse en una clase media y sabían que si en ese momento se daba la pérdida... todas sus fuentes de ingreso se iban a perder; eso fue lo que indujo a mi bisabuelo a tratar de evitar la separación. Pero era una separación que no tenía remedio, porque no se iban a prestar a esa rebelión armada y Villa no iba a dar marcha atrás.

En ese pleito telegráfico con mi tío Maclovio, en el que se llenaron de insultos, Villa prometió exterminar a la familia y prácticamente lo consiguió: de los seis hijos varones murieron cinco y a los últimos tres los asesinó personalmente, a mi bisabuelo, y a mis tíos Zeferino y Melchor, quienes eran civiles, no tenían nada que ver".

Héctor Aguilar Camín destacó el hecho de que La sangre al río es una "saga a ras de tierra"...

El libro me ha rebasado en mucho. De pronto lo veo y digo 'caray, sí dice esto'. Lo que deseaba contar era lo que a ellos les tocó vivir y cómo fue mi contacto con ellos; ahora que me he distanciado del libro debo decir que le doy otra dimensión, porque para mí, la abuela sólo era 'mi abue', pero ya cuando veo el cuadro completo, sí que me quedo perplejo y lo que me deja admirado de lo que logró es cómo salió adelante, cómo se sanó a sí misma y cómo reconstruyó su vida completa.

Lo que más admiro de mi abuela es que, después de haber descolgado a los 32 años el cadáver de su marido, de haberse quedado a cargo de siete niños en la pobreza total, haya logrado salir adelante como salió.

La revelación de una conjura

Héctor Aguilar Camín ha destacado en su columna Día con Día, publicada en MILENIO, que la revelación del encuentro entre Jesús Herrera Cano y Álvaro Obregón, con la que abre el libro La sangre al río, "vale como prueba final de que Obregón fue el artífice remoto de la muerte de Villa".

Raúl Herrera Cano está convencido de que la historiografía villista va a decir que no hay ninguna sorpresa, porque ya se había hablado mucho al respecto, siendo lo más importante el recuperar las historias que se compartieron de generación en generación entre sus descendientes.

"Alguien me podría decir que no tengo una prueba concreta de que mi tío Jesús se reunió con Obregón: tengo las fotos que se tomó mi tío Jesús con los hijos de mi abuelo, con los de mi tío Maclovio, que formaron parte de su estrategia para acercarse a Obregón, pero fuera de eso, lo demás está en la tradición oral. Lo que para mí resulta convincente es el enlace de los hechos: a la hora de ver cómo ocurrieron las cosas, la conclusión es que inevitablemente mi tío Jesús era el que mataría a Villa."

¿Qué tanto hay de tradición oral, de documentación, de ficción en el libro?

La ficción realmente es poca y tiene como función la de conectar la historia. Por ejemplo, sé que mi bisabuelo recibió la noticia de la muerte de mi tío Maclovio estando en Salina Cruz, sin alguien de la familia; sé que se la dio Ignacio L. Bonilla, de parte de Carranza. Sé lo que le contestó a Carranza, lo que no sé es que lloró en el cuarto de hotel. Y eso lo pongo en el libro como parte del flujo, una interpretación adecuada de la situación que vivió el viejo. Todo lo demás es cierto: en el libro, cada vez que hay un hecho históricamente relevante hay un documento que lo sustenta.

Lo que de mi tío Jesús se haya entrevistado con Obregón, hay una cita de Adolfo de la Huerta, pero aquí se trataba más de la tradición oral de la familia: mi tío Jesús se lo platicó a mi padre. Mi padre y mi tío Maclovio segundo supieron que se había entrevistado con Obregón, aunque no hay papeles de eso.

Concluido el libro, ¿qué lectura le da ahora a esa historia familiar?

Que es una tragedia enorme que se haya atravesado alguien así en su vida y la pagaron: mi abuela contaba que en una entrevista que tuvo con Carranza, había en el escritorio unas monedas de oro y que pensaba "cómo no se viene rodando una de esas monedas y me cae en el zapato", porque no tenían para comer. Llevaban 300 años en la región de Parral y de repente se les vino abajo todo el mundo, se quedaron sin todo lo que había construido por culpa de Villa.