La crítica: La magia de lo cotidiano

Lolita Bosch (Barcelona, 1970) se ocupa de una prosa intimista que se enfoca en examinar la esencia de las vivencias.
"Dioses inmutables, amores, piedras". Lolita Bosh. Océano. México, 2016.
"Dioses inmutables, amores, piedras". Lolita Bosh. Océano. México, 2016. (Especial)

Este libro se parece a una colección de muñecas rusas, matrioskas: hay una historia detrás de otra, y así sucesivamente. En apariencia estos relatos tienen autonomía, pero en realidad el hilo conductor de ellas es la fisura, la autobiografía, la confesión, la exploración de los sentidos y el cuerpo.

Lolita Bosch (Barcelona, 1970) se ocupa de una prosa intimista que se enfoca en examinar la esencia de las vivencias. Lo suyo es crear una narrativa de introspección que trasciende lo psicológico y deriva en el acto de fluir. Precisamente en ese flujo y reflujo de las emociones es el punto desde donde prefiere elaborar intensos retratos.

La minucia, la imperfección, las obsesiones y la alegría de vivir varios momentos de anarquía, son algunas constantes que se desarrollan en este libro de corte misceláneo. Aquí se convoca al ensayo en sus orígenes (Montaigne y los ensayistas ingleses), y se encuentran bifurcaciones hacia el relato breve, la sentencia, el monólogo, la bitácora, el fragmento. La autora se apoya en un tono confesional, con aires de flaneur, ágil, ameno, irónico, reflexivo y lúcido. La magia de lo cotidiano se hace presente con hechos supuestamente banales; no obstante, produce situaciones catárticas en los personajes como es el caso de las relaciones amorosas, el desamor, la vida con un amante, los caprichos de la soledad, entre otras variantes.

Si Montaigne presumía que él era la materia de sus ensayos, el objeto de estudio de Lolita Bosch también lo es con sus divagaciones, círculos concéntricos en torno a obsesiones y periplos: camina y desanda sobre sus huellas; trota, mas no se desboca ni tropieza en la ocurrencia o la risa fácil, sino que evita caer en convencionalismos o actitudes moralinas.

Las piedras son elementos detonadores de varias situaciones: pueden ser marcas para señalar el lugar donde pasó, puntos para que la historia comience a rodar con una avalancha de recuerdos o pretextos para que el lector tome en cuenta que la narradora llegará a un punto en de forma sólida: "Recojo todas las piedras del mundo y siembro un volcán en mi vientre".

En este conjunto de relatos, frescos, caprichosos, instantáneos, la narradora rememora que uno de sus personajes es capaz de volar con los espíritus que no existen, que nadie ve, y hace una mueca de placer en el centro de la tierra. Llora desde el cielo y dios le llama nube; pero es infierno.

Hay una frase de Clarice Lispector que define la manera en que Bosch se acerca a la literatura: "Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida".