Llevan el rebozo a la altura del arte

El Museo Nacional de Culturas Populares organiza una expo-venta, en la que participan artesanos de 26 comunidades de 12 estados de la República.
Mujeres exponen su trabajo en el recinto de la delegación Coyoacán, en el DF.
Mujeres exponen su trabajo en el recinto de la delegación Coyoacán, en el DF. (Jesús Alejo)

México

Hoy los rebozos se pueden hallar en los aparadores de diseñadores famosos, no solo de México, lo que de alguna manera les ha permitido superar una etapa de crisis en la que se les consideraba prendas para ciertos sectores marginados de la sociedad, aun cuando no dejaban de producirse.

“Como van cambiando las modas, la gente se enfoca más en eso”, cuenta doña Teresa Lino Bello, quien dice que en la actualidad hay muchos jóvenes que prefieren las prendas de marca, sobre todo extranjera, “y lo que hacemos nosotros lo ven como algo anticuado.”

Lo más importante es demostrar que, más allá de que el rebozo provenga de la vestimenta indígena antigua, ha adquirido nuevas
formas, cuya intención es acercarse al mayor número de personas, sin perder su sentido original.

“En mi comunidad (Hueyapan, Puebla) hace mucho frío, y solíamos hacer rebozos muy grandes y gruesos para que nos taparan; pero ahora hacemos unas prendas tipo chalinas, que lo mismo se pueden utilizar como bufanda que para taparse la espalda, y eso es algo más utilitario para la gente actual”, dijo la artesana.

Una manera de valorar esas prendas es la expo-venta Tápame con tu rebozo, albergada por el Museo Nacional de Culturas Populares (MNCP), en la cual se encuentran representadas 26 comunidades, la mayoría indígenas, de 12 estados de la República Mexicana, con la que se pretende también ofrecer un panorama lo suficientemente amplio de la creatividad de los pueblos en la materia, explica Irene Gómez, coordinadora de la muestra, organizada por la Dirección General de Culturas Populares (DGCP) del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

“Crear la comunicación directa con los portadores es uno de los objetivos, porque ellos son quienes nos pueden platicar de viva voz su trabajo, cómo lo hacen, cuánto les cuesta su materia prima. Muchos todavía son trabajos de tintas naturales que deben recoger
en el campo, muchos aún recolectan el algodón y lo procesan, desde limpiarlo, hilarlo y teñirlo. Qué mejor que esa información la den ellos al público en general”.

Diversidad cultural

En la expo-venta están representadas algunas de las formas que tiene esa prenda: lo mismo piezas que son un tanto delgadas, producidas en Morelos, que mucho más gruesas, hechas de lana, porque se realizan para las comunidades indígenas de los Altos de Chiapas.

Lo mismo sucede con los costos, pues hay algunas prendas que se realizan en dos meses de trabajo, como las que produce el artesano Carlos González, de Tenancingo, Estado de México, uno de los pocos hombres que se dedica a hacer rebozos en telar de cintura, algunos de cuyos trabajos llegan a venderse hasta en 25 mil pesos.

“Los rebozos que hago las mujeres casi no los producen por la cantidad de hilo. Nosotros manejamos de cinco mil a seis mil hilos, y estar parados todo el día es muy cansado; nos llevamos hasta dos meses de trabajo, de nueve de la mañana a seis de la tarde. Mi especialidad son los rebozos reservistas, llamados así porque llevan un brocado en el que hacemos figuras o nombres, según nuestra imaginación o lo que el cliente pida”.

Suelen ser prendas que las acompañan en su vida cotidiana, pero al mismo tiempo son piezas que les permiten vivir, a través de su venta, y expresar su creatividad, porque los rebozos reflejan mucho de su cultura, de su entorno geográfico, de su manera de entender al mundo.

Tápame con tu rebozo permanecerá hasta el próximo domingo en el MNCP, Hidalgo 289, colonia Del Carmen, Coyoacán (DF).

Diálogo de artesanos y consumidores

Una de las búsquedas de la expo-venta Tápame con tu rebozo es la del diálogo entre sus hacedoras y quienes usan las prendas; de ahí que en el museo se hayan propuesto impulsar su realización como una de las actividades fundamentales para el recinto, porque con ello se ha logrado que la gente se apropie de un rebozo como lo que es: una prenda para cubrirse.

“Uno de los problemas que en general ellos tienen y mencionan son los mercados, los espacios de venta. Este es un espacio vinculado con el conocimiento, los procesos de la elaboración de un objeto de arte popular: mientras la gente no conozca qué es lo que hay detrás de eso, no lo valora”, explica Irene Gómez, también coordinadora de Capacitación del Programa de Arte Popular de la DGCP.

Y si bien la comercialización es uno de los principales obstáculos que deben enfrentar, espacios como la muestra sirven para que los mismos artesanos puedan platicar con la gente y hacerles entender los procesos de creación de los rebozos, “pues muchas veces se quejan de los precios sin conocer todo lo que hay detrás de las piezas”.