Llega el cabaret infantil al Cervantino

La compañía Cabaret Misterio presenta la obra 'En duende está el misterio', en el marco del FIC.

Guanajuato

Desde hace nueve años, el músico Tareke Ortiz y el director escénico Andrés Carreño han creado un concepto novedoso que impactó a chicos y grandes: el cabaret infantil. Su obra, [i]En duende está el misterio[/i], se ha convertido en un referente de su trabajo creativo.

El espectáculo, que se presentará esta tarde en el Auditorio de Minas de Guanajuato, como parte de las actividades del 41 Festival Internacional Cervantino, surgió después de que Tareque hiciera una residencia artística en la compañía La MaMa de Nueva York.

La MaMa es una agrupación artística estadunidense que se dedica a realizar espectáculos más allá del lenguaje; al regresar a México, Tareke y Andrés Carreño pusieron en práctica esta idea de trabajo, y crearon un proyecto en el que lo mismo se mezclan lenguas como el sánscrito, persa, checo, portugués y alemán, entre otros.

La idea, cuenta Ortiz, es que los niños comprendan y generen empatía con alguien que no hable el mismo idioma: “Queremos cambiar esta premisa que afirma que para entender a alguien tienes que hablar igual que él, porque esa es la única manera de generar empatía”, dijo.

Al no entender el lenguaje, comenta el músico en entrevista con MILENIO, se genera una intriga alrededor de la obra y lo que sucede en ella. Incluso, hay algunas partes del montaje, en la que los propios actores han inventado su lenguaje, y han adaptado el idioma duende al castellano, para que se entienda un poco más.

La anécdota de la obra es simple: “son seis duendes que viajan por el mundo, por eso hablan distintos idiomas. Para sobrevivir hacen un espectáculo llamado el cabaret de los misterios. En éste se abordan varios misterios: qué es la realidad, qué es la risa, qué es el amor y qué es la magia, entre otros. Temáticamente anuncian misterio por misterio y muestran las peripecias que debe pasar una persona cuando trabaja arriba de un escenario”, menciona el pianista.

Para el director musical de la obra, mantener la atención del público al ver y escuchar un montaje que no tiene lengua castellana, trabaja a su favor, pues a lo largo de nueve años han presentado esta misma puesta en escena a niños de kínder, autistas, de secundaria y preparatoria, así como a adultos en general, y lo único que han tenido que hacer es modular su nivel de energía.

“Con los estudiantes preparatorianos, por ejemplo, no hemos tenido los problemas que se suelen presentar con los adolescentes. Esto no se ha dado porque los duendes son más trasgresores que el público. Rebasan el sentido del humor negro que la gente común tiene. Con los niños autistas fue diferente, sus padres y tutores les dijeron que nos estábamos comunicando en un idioma parecido al de ellos metafóricamente hablando”, dijo.

Andrés Carreño recuerda que el espectáculo evidencia algunos de los problemas a los que se enfrentan los actores porque tanto él como Tareke han vivido del teatro desde hace mucho tiempo. Además, porque en muchos sentidos así es el cabaret: “no sólo se hace crítica de la política, sino de lo que hacemos nosotros como artistas”, dijo.

La puesta en escena comienza en oscuridad total provocando miedo. Al pasar los minutos, la gente empieza a bailar con ellos: “pasar del miedo a la otredad para divertirse es importante. Esto lo logramos gracias al humor, porque el humor rompe con lo establecido, es lo que le da la vuelta de tuerca a las cosas”, argumentó.

Hace tiempo una niña quería subir bailar al escenario, y le preguntó a una de las actrices si la iban a comer. Al responderle que no, ella subió. Esta anécdota llamó la atención, porque la chica a pesar del miedo que tenía decidió arriesgarse, recuerda Carreño.