La literatura, un espacio para destacar valores: Luis Sepúlveda

El escritor chileno dice a MILENIO que se enfrenta a la escritura “con un rigor estético muy fuerte, pero al mismo tiempo con una carga ética que para mí es un asunto sustancial”.

Ciudad de México

La historia comenzó a gestarse mientras ayudaba en la reconstrucción de una escuela, en la lejana región mapuche, afectada por los sismos de 2010: mientras cargaba ladrillos y bultos de cemento, recuerda el escritor Luis Sepúlveda, se encontró con un niño que lloraba por la ausencia de su perro.

Un día antes se lo habían quitado los carabineros luego de hacer un ejercicio muy común: "Indio más perro fino, perro robado. Y simplemente se lo quitaron", recuerda. De ese pasaje real surgió Historia de un perro llamado Leal (Tusquets, 2016), una fábula que le permite reflexionar no solo acerca de la amistad sino también sobre el poder y las injusticias.

"Le dije que lo que sentía por su perro es algo muy hermoso llamado lealtad. No sé si se lo habrán devuelto, pero salí de ahí pensando en que se trataba de una historia que debía contar. Al mismo tiempo quería atreverme a contar qué ocurre en ese mundo tan desconocido como el de los mapuches".

Tal fue el detonante para contar esta historia, que también es su regreso a la fábula. Es la cuarta obra que escribe en el género, en la cual simplemente quería hacer lo que siempre busca: compartir valores con sus lectores.

"Creo que la literatura es esencialmente un espacio para destacar valores que nos dignifican a todos como seres humanos: trato de comportarme de la manera más rigurosamente ética posible e intento que en mi literatura siempre esté presente una fuerte carga ética, porque creo que se compone de valores que no podemos olvidar, porque es esa suma de valores la que nos hace ser humanos", cuenta Sepúlveda.

Es una labor que no es nada sencilla, asegura el escritor, porque vivimos un tiempo en el que se tiende a despreciar la ética, se impone un individualismo exacerbado por sobre la necesidad de estar con los otros, de entender al colectivo, al grupo social: "Se impone el egoísmo por sobre la necesidad del bienestar de las grandes mayorías".

"Esas son preocupaciones que en mí están siempre muy latentes, es mi manera de acercarme a la literatura y dar a conocer mi punto de vista, lo que a mí me preocupa.

"Sé que soy un creador de belleza y me enfrento a la literatura con un rigor estético muy fuerte, pero al mismo tiempo con una carga ética que para mí es un asunto sustancial".

Regreso a sus raíces

En Historia de un perro llamado Leal hay una especie de retorno a lo que son sus raíces, porque entre las identidades de sus abuelos —una vasca, una italiana— había un abuelo mapuche, lo que le permitió crecer muy cercano a la oralidad que se refleja en su literatura, aun cuando no sean fábulas.

"Me conmovía cuando visitaba a mis parientes mapuches, porque era reunirse todas las tardes con alguien que contaba historias, la de su propia vida, lo que había ocurrido y, al mismo tiempo, había un transportar recuerdos y, en especial, memorias: no olvidar qué somos y por qué estamos aquí. En esta historia lo que quise usar es una técnica muy cercana al relato oral: quería que las palabras fluyeran desde el papel con una cierta sonoridad", a decir de Sepúlveda, autor de la célebre novela Un viejo que leía novelas de amor.

Se trata de una apuesta por revalorar ese crisol de diversidades culturales que debemos apreciar, exactamente con el mismo aprecio hacia nuestra forma de vida "occidental", bajo la certeza de que las otras formas de vida son muy respetables "y, evidentemente, nuestro destino es convivir, preservar esa maravillosa diversidad que, lejos de dividir, une mucho más: es la suma de dos culturas diferentes que hacen una cultura mejor".

Historia de un perro llamado Leal representa el retorno de Sepúlveda a Tusquets, donde publicará otra fábula: Historia de un caracol que descubrió la importancia de la lentitud.