Libros militarizados

Nadie estaba preparado para lo que ofreció este año el stand colectivo mexicano, patrocinado por la Biblioteca Mexicana del Conocimiento, una dependencia de la SEP.
Feria del Libro de Fráncfort.
Feria del Libro de Fráncfort. (Ralph Orlowski/Reuters)

México

La Feria del Libro de Fráncfort es la más importante del mundo, pues año con año congrega a cientos de editores internacionales que acuden a exhibir sus libros, comprar y vender derechos de traducción, en una especie de rito en el que, en el fondo, se le rinde homenaje al objeto que nos vincula.

Cuando se acude de manera periódica puede llegar a tener un aspecto monótono, como si cada vez sucediera un poco lo mismo. Sin embargo, se puede asegurar con plena certeza que nadie estaba preparado para lo que ofreció este año el stand colectivo mexicano, patrocinado por la Biblioteca Mexicana del Conocimiento, una dependencia de la SEP.

Lo primero que llamaba la atención era la presencia permanente de dos miembros del Ejército mexicano, ataviados elegantemente con su uniforme militar, atendiendo la porción del stand dedicada a exhibir los libros Memoria gráfica de los festejos del Ejército mexicano y Cien años de lealtad y vida institucional. La reacción de todos los editores al ver a dos militares en una feria del libro oscilaba entre la incredulidad y la risa de desesperanza. Nos preguntamos si habrán tenido éxito en vender los derechos de traducción de dichas obras. Como me dijo una amiga española, seguramente podrían entablar tratos con Irán (cuyos editores boicotearon la feria en protesta porque el discurso inaugural corrió a cargo de Salman Rushdie) o con representantes de los talibanes.

Varios muebles del stand estaban dedicados a exhibir las obras de las secretarías del Trabajo y Previsión Social, de Medio Ambiente y Recursos Naturales, de Economía, de Salud, de Comunicaciones y Transportes, la Conagua, etc. Y es que, si se piensa bien, ¿qué sentido tendría exponer frente al mundo los libros de editoriales que prácticamente no tuvieron presencia en la feria, como Ediciones Era, Almadía, Tumbona, la Caja de Cerillos, Surplus, MaNgOs de HaChA, El Naranjo, por nombrar solo algunas de las muchas que están editando libros magníficos desde México, cuando podemos aprovechar la oportunidad para promover libros como Infraestructura de comunicaciones y transportes? Como dijo el cónsul mexicano cuando tomó la palabra después de que se leyera un mensaje del gobierno de Durango dirigido al pueblo alemán, este stand representa una opción inmejorable para conocer lo mejor de nuestra producción editorial.

Y en un coctel de bienvenida, como aparentemente el folclore tiene que estar presente en toda actividad relacionada con México, unos pobres niños y niñas fueron expuestos, literalmente, a la risa de varios de los editores ahí presentes, en particular cuando uno de los muchos bailes regionales que desempeñaron era realizado con unas piñas que sostenían sobre la cabeza. No cabe duda de que, en efecto, el stand mexicano ofreció una inmejorable muestra de muchas de las cosas que ocurren actualmente en el país, y de la postura gubernamental ante los libros y la cultura. ¡Viva México, cabrones!