Libertad y animación en la cultura

Son libros de crítica cultural, indispensable en un país donde lo más común es la celebración; la autocelebración incluso de las nulidades e ineptitudes gubernamentales.

Ciudad de México

Con alguna frecuencia, Gabriel Zaid reúne, organiza y pone a dialogar los incisivos textos que publica en revistas, periódicos y suplementos y conforma libros espléndidos de reflexión y propuesta sobre temas de gran importancia en los ámbitos de la educación y la cultura.

Son libros de crítica cultural, indispensable en un país donde lo más común (y redituable) es la celebración; la autocelebración incluso de las nulidades e ineptitudes gubernamentales.

Son libros que tienen que ver con las letras, pero también con la economía, con la política y, muy especialmente, con los estropicios, incapacidades e inacciones de la administración pública.

Es el caso, reciente, de Dinero para la cultura (Debate, México, 2013), cuyo antecedente inmediato es El secreto de la fama (Lumen, 2009), y que tienen sus antecedentes más lejanos en Leer poesía (1972), Cómo leer en bicicleta (1975) y La poesía en la práctica (1985).

Todos ellos están hechos de artículos y ensayos que Gabriel Zaid fue publicando, con constancia crítica, para luego recopilar y facilitarle la tarea al lector que, en otras circunstancias, tenía que recortar el texto y conservarlo en un fólder o bien confiarse cándidamente a las hemerotecas (¿cuáles hemerotecas?). Es cierto que ahora, con internet, esto se ha facilitado pero, de todos modos, lo importante de un libro de textos periodísticos es su articulación que se convierte en propuesta.

Dinero para la cultura es, exactamente, una propuesta de discusión sobre los medios y los fines, los recursos y sus aplicaciones para conseguir que la cultura sea dinámica, congruente, útil y liberadora, entre otras muchas cosas más que debe ser la cultura o que decimos que debe ser sin que con frecuencia lo sea.

Gabriel Zaid ha organizado su libro en cuatro capítulos temáticos: “Cultura, libertad y animación”, “Libros y cultura libre”, “Medios y cultura libre” y “Fisco y cultura libre”. Es decir, todo el propósito de la cultura confluye en dos elementos esenciales: la libertad y la animación, indisociables uno del otro. La cultura que dialoga es una cultura animada (dotada de alma); la cultura libre es una cultura transformadora. Nada más lejos de la cultura (animada y libre) que las burocracias que, sin embargo, existen en la cultura (como extensiones de la política) para supuestamente contribuir a esa animación y a esa libertad, tendientes a un bien social.

Dinero para la cultura es un libro propositivo porque es, también, un libro discutidor. No se puede ser propositivo sin pisar callos; no se puede ser discutidor sin ser socrático. Y para ser socrático, hay que tener argumentos.

Gabriel Zaid ha enriquecido el debate cultural en México con propuestas sensatas ante la insensatez y la ineptitud de las burocracias culturales, el fisco, el sistema educativo y el aparato gubernamental en su conjunto que, permanentemente, está conspirando contra la cultura libre y animada.

¿Ejemplos? Una escuela que no lee, pero que obliga a leer. Un fisco que confisca los apoyos a la edición y a la creación. Un aparato gubernamental que compra lujosos tapetes y sillones europeos de diseño para ciertas bibliotecas, pero que se olvida de comprar libros. Una burocracia hacendaria que inhibe la producción y competitividad del libro mexicano. Un gobierno discursero que hace todo lo contrario de lo que dice porque todo lo apuesta a la desmemoria.

De esto y de otras muchas cosas trata Dinero para la cultura, con un énfasis especial en la acción ciudadana. Es obvio: la cultura animada y libre es ciudadana. Si por el gobierno fuera, la cultura no existiría.