Leonora

La puerta estrecha.
Presentación de la Compañía Nacional de Teatro.
Presentación de la Compañía Nacional de Teatro. (Especial)

Ciudad de México

Una historia verdadera basada en mentiras, de Jennifer Clement, publicada por Anagrama en 2003 y reeditada este año por Penguin Random House, es el retrato de la joven Leonora a dos voces.

Una de estas voces, en una especie de coro griego, de conciencia, nos da la poesía del dolor. La otra, de tono realista, nos presenta las crueldades de una familia empoderada que ha contratado a una adolescente educada como criada; y que ahora es maltratada por la señora O’Conner y seducida por el señor de la casa.

Clement, en cada trabajo narrativo, nos habla desde la poesía, es decir, desde esa naturalidad de sorprenderse ante la felicidad, la inocencia y la desgracia: en La viuda Basquiat, Suzanne, después de sufrir la violencia, de vivir con la heroína, con engaños, con aspiraciones, con las luchas raciales y la pobreza, intenta cambiar su vida como el último escalón antes de la muerte.

Ladydi (Lumen, 2014) es el retrato de las mujeres–niñas mexicanas que pese a ser víctimas de trata, de ser explotadas sexualmente, aún tienen la capacidad de soñar.

En cada una de sus historias, Clement nos presenta esa mirada compasiva y desgarradora, que brilla, en parte, porque cada personaje es visto desde sus universos primigenios: el amor, la casa, los deseos.

Leonora, de Una historia basada en mentiras, es hija de madre soltera. Vive de juntar ramas para fabricar las escobas que usan jardineros y barrenderos, hasta que su madre la envía a un convento donde la preparan para ser criada. Leonora es elegida por una familia, y a los dieciséis es seducida por el señor de la casa. Años más tarde, la voz que nos habla en Una historia basada en mentiras es Aura, una niña nacida de aquella seducción.

Es justamente la oscuridad que vive Leonora lo que Ximena Escalante exploró en la pieza teatral Una mentira —basada en la novela de Clement—, estrenada en días pasados por la Compañía Nacional de Teatro.

Escalante reconstruyó la historia linealmente, mientras que la novela goza de un ritmo muy particular, al jugar con los saltos de tiempo. El montaje, a cargo de uno de los directores mexicanos más importantes, Mauricio García Lozano, hace del complejo género del melodrama un cuadro realista e intimista de las mujeres latinoamericanas.

García Lozano decidió darle un toque atractivo a la obra, al ubicar la historia entre las décadas de 1950 y 1970; aunque, la verdad sea dicha, la obra no necesita de una temporalidad, no necesita justificarse en un tiempo gracias al tratamiento poético del drama de Leonora.

Sin duda, es un gusto y un acierto que este año la Compañía Nacional de Teatro esté presentando un mosaico de autores contemporáneos y clásicos; y que no se quede en el naturalismo alemán. Estas muestras de teatro contemporáneo dan mucha vida a la cartelera de la Compañía.

La puerta estrecha se ha cerrado.