Legislar cultura y espacios ciudadanos / y II

Los teatros, mientras sigan bajo el paraguas de la Ley de establecimientos mercantiles del DF, seguirán siendo botín de inspectores.
Amparo para foros independientes.
Amparo para foros independientes. (Mónica González)

México

Decía la semana pasada que, a partir de mi columna del pasado 3 de marzo, “Hostilidad hacia los espacios independientes”, se acercó personal del diputado Vidal Llerenas Morales para hacerme llegar su “Iniciativa con Proyecto de Decreto por el cual se expide la Ley para el Fomento de las Industrias Creativas del Distrito Federal”. Agradezco la deferencia nuevamente y explico al lector que hablaba yo sobre el acoso infinito que sufren los espacios independientes, en específico los teatros, a manos de los inspectores delegacionales. Los teatros no solo no cuentan con estímulos fiscales o apoyos suficientes (a veces ni existen) sino que los reglamentos y quienes los vigilan entierran su posible desarrollo.

Una de las conclusiones a las que llega el documento del diputado Llerenas en su “exposición de motivos” es que “la clave para lograr esa transformación consiste en crear una nueva arquitectura económica capaz de entender los comportamientos atípicos de las industrias culturales y creativas. Esta reconversión, entre otras exigencias, requiere modificar tanto los perfiles empresariales como los marcos fiscales, de inversión y de comercio internacional de productos y servicios culturales. En resumen, depende de la capacidad de concebir, diseñar y aplicar desde el Estado una política de desarrollo de las industrias culturales y creativas”.

La iniciativa es difícil de medir sin las reglas de operación que la regirán. Esperemos que se consulte a los distintos gremios involucrados en las “industrias creativas”. Lo cierto es que los teatros, mientras sigan bajo el paraguas de la Ley de establecimientos mercantiles del DF, seguirán siendo botín de inspectores que, voraz y rabiosamente, pasan por su mochada para dejarlos operar aun cuando se cuente con todos los permisos en regla.

Es decir: si la de “industrias creativas” no se vuelve la ley que ampare a pequeños centros culturales y foros independientes de artes escénicas con aforos inferiores a 300 espectadores, la posibilidad de conceptos como “teatro de barrio” que tanta falta le hacen a la ciudadanía para hacer efectiva la fracción sexta del artículo 123 y el 4 de nuestra Constitución, será imposible. Los pequeños espacios escénicos autogestivos requieren de todas las facilidades y protección porque, amen de ofrecer bienes culturales que el propio gobierno local (y también el federal) no logra distribuir de manera suficiente, son plataformas laborales para los creadores y para los muchos proveedores involucrados en las cadenas productivas del arte.