[El Santo Oficio] La mirada de Lauren Bacall

Dirigida por Hawks, Tener o no tener se realizó bajo los augurios más halagüeños: Bogart estaba en su mejor momento, el guión se basaba en una historia de Ernest Hemingway y había sido escrito por ...
Lauren Bacall, aquí con Humprey Bogart, murió el pasado martes 12.
Lauren Bacall, aquí con Humprey Bogart, murió el pasado martes 12. (Archivo)

Ciudad de México

La escena, en impecable blanco y negro, se repite una y otra vez en la desvencijada pantalla del refectorio. El cartujo no se cansa de verla: en una pequeña habitación, Slim le ofrece a Steve unos cuantos dólares, él los rechaza; se sienta en una silla y enciende un cigarro. Ella, vestida con una bata de seda a rayas, se acerca a él, se acomoda en sus piernas y lo besa. Después se para y aleja, abre la puerta y le comenta: “Sabes que no tienes por qué actuar conmigo, Steve. No tienes que decir nada y no tienes que hacer nada. Nada. O quizá, solo silbar. ¿Sabes silbar no, Steve? Solo tienes que juntar los labios y soplar”. Ella abandona la habitación y cierra la puerta. Cuando la cámara lo enfoca, Steve sonríe, luego junta los labios y lanza un silbido.

Esa es la escena más conocida de Tener o no tener (1944), la primera película de Lauren Bacall y Humprey Bogart. Él tenía 44 años y era el actor más cotizado de Hollywood; ella 19 y era un debutante hermosa impulsada por el magnate Howard Hawks, quien le puso Lauren —su verdadero nombre era Betty Joan Weinstein Perske—, el apellido lo había elegido ella cuando firmó su primer contrato en Broadway para trabajar como comparsa en la obra de teatro Johnny 2 x 4.

Dirigida por Hawks, Tener o no tener se realizó bajo los augurios más halagüeños: Bogart estaba en su mejor momento, el guión se basaba en una historia de Ernest Hemingway y había sido escrito por Jules Furthman y William Faulkner.

Al principio de la filmación ella temblaba, literalmente, de pies a cabeza. Nada la calmaba, ni las bromas de Bogart ni las palabras cariñosas de Hawks. En el libro Lauren Bacall por mí misma (Ultramar, 1987), recuerda: “Hacia el final de la tercera o cuarta tomas me di cuenta de que una manera de tener mi temblorosa cabeza quieta era mantenerla baja, con la barbilla inclinada, casi sobre el pecho, y levantar los ojos hacia Bogart. Esto funcionó bien, y resultó ser el comienzo de la mirada”. La célebre mirada —desafiante, misteriosa, seductora— de una artista excepcional.

Durante el rodaje ella y Bogart se enamoraron. Él estaba casado con Mayo, una actriz beligerante y borracha; era su tercera esposa y su vida juntos era un desastre. Con frecuencia, cuando peleaba con su mujer, Bogart llamaba por teléfono a Lauren, a veces muy noche o incluso en la madrugada. Ella siempre acudía a verlo pese a los reclamos de su mamá. No le hacía caso. “Estaba enamorada. Iba a encontrarme con mi hombre y eso era lo que me importaba”, dice en su autobiografía.

El 10 de mayo de 1945, Bogart, después de un difícil proceso, firmó su divorcio y 11 días después se casó con Lauren. El suyo fue un matrimonio ejemplar, tuvieron dos hijos —Stephen y Leslie— y solo la muerte de él, ocurrida el 14 de enero de 1957 luego de una larga postración debido al cáncer, pudo separarlos.

Queridos cinco lectores, con el recuerdo de Columba Domínguez en el corazón, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.