Yo confieso

El libro de viajes es un género abierto, un cuaderno arbitrario que no tiene reglas internas ni convenciones que transgredir.
"Las canciones pop hacen pop en mí". Brenda Ríos. Instituto Veracruzano de la Cultura/Conaculta. México, 2013.
"Las canciones pop hacen pop en mí". Brenda Ríos. Instituto Veracruzano de la Cultura/Conaculta. México, 2013. (Especial)

Ciudad de México

La minucia, la imperfección, las obsesiones y la alegría de vivir varios momentos de anarquía, son algunas constantes que se desarrollan en este libro de corte misceláneo. Aquí se convoca al ensayo en sus orígenes (Montaigne y los ensayistas ingleses), y se encuentran bifurcaciones hacia el relato breve, la sentencia, el monólogo, la bitácora y el fragmento. Se trata de un tomo confesional, con aires de flaneur, ágil, ameno, irónico, reflexivo y lúcido. También puede apreciarse como un cuaderno de viajes en donde se practica, acaso como deporte, el paseo interior.

El libro de viajes es un género abierto, un cuaderno arbitrario que no tiene reglas internas ni convenciones que transgredir. Es frecuentado por una extraña y diversa gama de ejecutores: periodistas en busca de una historia; aventureros; novelistas —de primera división y amateurs—; antropólogos; observadores de la Naturaleza; amantes del riesgo que cruzan el Atlántico en una pequeña embarcación; místicos que esperan hallarse a sí mismos en ashrams o en la cima de alguna montaña sagrada.

Aparentemente se abordan temas sin importancia, incluso la autora califica este ejercicio como “Ensayos sobre lo cotidiano, lo superfluo y lo ridículo”. Brenda Ríos (Acapulco, Guerrero, 1975) no hace alarde de lo que en realidad muestra su libro: la complejidad de las relaciones amorosas, el desamor, la vida con un amante, los caprichos de la soledad, entre otras variantes.

De entre tantas revelaciones que hace la ensayista, llama la atención que en cierta ocasión rechazaran un texto suyo por considerarlo un soliloquio y como si se tratara de una competencia endémica de ver quién anota tantas o más referencias bibliográficas; tal vez buscaban una aguja en un pajar y solo encontraron el desarrollo de un contexto, ideas, una postura crítica: una visión aparentemente banal cuando en realidad se abordan otros asuntos más profundos y cambiantes, como es el comportamiento mismo del ser humano.

¿Quiénes son los autores que acaso influyeron en esta carta de navegación sin rumbo fijo? Van desde Monterroso hasta Torri, pasando por Arreola, Elizondo y José Agustín. De Joyce Carol Oates a Margo Glantz, Paul Auster y John Fante, por mencionar algunos.

Si Montaigne presumía que él era la materia de sus ensayos, “el objeto de estudio”, Brenda Ríos también lo es con sus divagaciones, círculos concéntricos en torno de obsesiones y periplos. Camina y desanda sobre sus huellas; trota, mas no se desboca ni tropieza en la ocurrencia o la risa fácil, sino que evita caer en convencionalismos y actitudes moralinas.