[La puerta estrecha] Dos comedias a la carta

Bien decía Arthur Miller que el realismo es la exploración poética que los escritores hacen de la mente trastocada de los personajes que habitan sus historias.
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(Cortesía)

Ciudad de México

Alejandro Ricaño es uno de los escritores más interesantes del teatro mexicano contemporáneo. Su forma de asimilar el mundo y sus desgracias es realista. A sus “pequeñas tragedias” les da un tono de comedia. Bien decía Arthur Miller que el realismo es la exploración poética que los escritores hacen de la mente trastocada de los personajes que habitan sus historias. El realismo, como lo plantea Ricaño en sus piezas, acepta la vida como es, pero su interpretación (fresca, dinámica y a ratos hiriente) es lo que nos conmueve en la escena. Alejandro Ricaño ha sabido encontrar en sus historias un punto medio entre la crueldad y la felicidad.

En días pasados, se estrenó en el Teatro Helénico El amor de las luciérnagas (publicada en 2013 por Libros de Godot). Esta excelente comedia nos presenta a María, Lola y Rómulo. Es la historia de un viaje, de un amor que se rompe en cada emisión de los Oscar. Es la historia de María, una mujer que se arriesga y toma la aventura de su vida: viajar a Noruega y hacer algo, quizás escribir, huir de Rómulo. Lola: la amiga que descubre el mundo a través de María. “Hay algo que define a una luciérnaga: es una luz intermitente —dice Ricaño— que a ratos anda a tientas en la oscuridad, así es María”.

Noruega: Todo está en paz, ella, María, escribe cartas, habla, descubre, se emborracha. Los noruegos le parecen raros, dice. Una buena mañana, María sube al funicular. Desea mirar la belleza de las pequeñas ciudades europeas.

Lola: ¿Un qué?

María: Un funicular, Lola. Es como un trenecito. Te sube al monte Floyen para ver la ciudad.

Lola: ¿A pesar de que es fea?

María: Les gusta ver su fealdad en plenitud.

Lola: ¿Y tú a qué subiste?

María: Bueno, Lola, algo tenía que hacer. Entonces, imagínate que me encuentro a mí misma, ¿me entiendes? A mí misma, no metafóricamente, no estoy tratando de decirte que tuve una revelación, detesto la metafísica, lo sabes. No, Lola, descubro a esta tipa, al final del vagón del Metro, que me resulta encabronadamente familiar, ¿me sigues…?

María se encuentra a sí misma en Noruega. Y aquí comienza la aventura de los deseos de una mujer que intenta huir de sus pesadillas.

El amor de las luciérnagas trata de los viajantes que huyen de su mundo, de cómo los viajantes crean espejos.


El misántropo

También en el Teatro Helénico se presenta El misántropo o el violento enamorado, una comedia escrita en el siglo XVII por Molière. Si usted se anima a ir, seguramente se divertirá, y a ratos el montaje se le hará pesado, un poco lento. Y si de pronto piensa que la historia se parece a una telenovela, no sienta culpa: es normal.

El misántropo fue adaptada por Carmina Narro y es protagonizada por David Hevia y Silvia Navarro. Quiero pensar que el error de esta propuesta escénica está en la adaptación: Narro no logró establecer una medida justa entre la historia, el lenguaje y esa supuesta “modernización” de los clásicos de la que tanto se habla en el teatro mexicano.

La puerta estrecha se ha cerrado.