[La puerta estrecha] Tú sobornas policías, yo a jueces estatales

Ramón mira al techo y negocia con Dios. Ramón es un narcotraficante católico —ha construido cinco iglesias para limpiar sus culpas— y tiene la mala suerte de encararse con un profesor y columnista ...
El narco
(Cortesía)

Ciudad de México

Ramón mira al techo y negocia con Dios. Ramón es un narcotraficante católico —ha construido cinco iglesias para limpiar sus culpas— y tiene la mala suerte de encararse con un profesor y columnista de la revista Proceso: Alberto.

“—¿Qué culpa tengo de que mis negocios sean grandes y los tuyos cositas? Tú sobornas policías de tránsito, yo a jueces estatales. A la hormiga que se va a meter a tu postre tú la aplastas; yo al buey que me chinga un bisnes.”

Los personajes principales —y entrañables— son Alberto y Ramón. Están en Cuernavaca, en una casa de lujo situada en medio de un bosque. Los une Patricia, amante del narco, esposa del profe. Ramón les regala coches, viajes, todo lo que puede, con tal de que “Beto” le permita seguir viendo a su mujer.

El narco negocia con Dios (Ediciones El Milagro, 2014) fue escrita en 1994, cuando aún no teníamos noticias de los Beltrán Leyva. Es triste, como lo dijo Sabina Berman, su autora, que la sátira se haya vuelto realismo.

Esta obra propone una discusión sobre el bien y el mal, y sobre todo, cuestiona: ¿quién está preparado para volverse un criminal?, ¿en qué circunstancias tendría que encontrarse una persona “común” para matar a su pareja?

En estos tiempos en que la violencia es un tema cotidiano, piezas como la de Berman nos permiten reírnos del narcotraficante católico al que solo le importa el poder, y de un intelectualoide que no busca la fama sino sus pastillas antidepresivas, con las que se cura la cruda del fracaso. Es una comedia distinta y sobresale de la vastísima —y muchas veces sin sentido— cartelera invadida por adaptaciones shakespeareanas versión narco.

En la trayectoria dramatúrgica de Berman, el debate sobre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto son una constante.

Testosterona, también incluida en la edición de El Milagro, nos habla de los deseos, del poder, del sexo, del amor. Todo comienza la noche de Navidad. Antonio, el director de un periódico exitoso, se ve obligado a quedarse en su oficina con Miki, la subdirectora de contenidos, con quien lleva veinte años trabajando. El clima le impide tomar el avión para llegar a la cena con su familia.

Testosterona es viva, conmovedora, y aborda los dilemas propios del amor y del trabajo; del sexo y la fidelidad: un debate entre lo incorrecto y el deseo. Tiene detalles singulares, como poner a Miki a embarrarse un poco de gel de testosterona, pues su jefe necesita que sea menos mujer, menos sentimental. ¿Es la femineidad una contraindicación para obtener poder?, se cuestiona Berman. Afortunadamente, la metáfora de la testosterona va más allá de un simple gel o de una posición de dominio y amor…

La puerta estrecha se ha cerrado.